El coleccionista de Satsuma

Especialista en restauración de cuadros e imágenes sacras, Juan José Schmeda es reconocido por sus colecciones de pesebres. Y ahora se halla abocado a otra pasión: la porcelana Satsuma.

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Aquí él presenta sus objetos y habla de las características de este arte oriental con antigua tradición.
Hace seis o siete años que Juan José Schmeda empezó a descubrir su pasión por la porcelana Satsuma. ¿Cómo le surgió? "Por la delicadeza de las piezas, aparte que tienen un contenido muy profundo. No son meras escenas pintadas, sino que captan todo un misticismo que habla de la naturaleza. Enseñan que a través de una relación armónica se pueden dar cambios positivos a fin de alcanzar el perfeccionamiento en la vida. Es todo un mensaje". ¿Es difícil conseguir las piezas? "Bastante, no se consiguen todas juntas. Algunas encontré acá en Asunción, otras en Buenos Aires, en Montevideo, de gente de antes. Primeramente uno va juntando y después empieza a seleccionar las que les resultan más atractivas por los trazos, por el tipo de pintura y también por la época que le corresponde. ¿Tienen valor económico? "Todas las cosas tienen su valor monetario. Pero también las piezas de Satsuma son muy especiales, no es un gusto para todas las personas".

Revela Juan José Schmeda que la porcelana Satsuma data del siglo XVII en Japón, tomando su nombre de la provincia sureña de la isla Kyushu. "Curiosamente, este tipo de cerámica fue realmente desarrollada por ceramistas coreanos. Se habla de Satsuma alternativamente como cerámica y porcelana, pero en realidad se trata de algo en medio de ambas. La porcelana Satsuma es producida a temperaturas menores que la porcelana pero a más altas temperaturas que las usadas para cerámica".

Siguiendo a la invasión japonesa en Corea en el siglo XVII —explica el entendido— el príncipe de Satsuma trajo consigo a ceramistas coreanos para establecer el ahora famoso Kiln, horno para fabricar cerámica.

"Satsuma fue y sigue siendo hecha de arcilla café, y la cerámica hoy en día tiene el cuerpo color crema y la apariencia craquelada; por ejemplo, el Satsuma hecho en Kyoto tiene el color de cerámica más claro, que era cercano al color crema, mientras que el fabricado en Kyushu es de tonos más oscuros. Toda pieza Satsuma tiene aquello que se denomina craquelado, que son finas líneas zigzagueantes atravesando la cerámica en un patrón matriz alternado, resultado del barnizado y las técnicas del quemado".

La familia Shimzu –hace saber Juan José— fue la que introdujo al mundo las hermosas piezas de loza en la Exposición Internacional de París en 1867. "Por su fino trabajo artesanal y preciosos diseños, la porcelana Satsuma fue un éxito instantáneo y creó gran demanda en Europa. Y la producción se extendió a varias ciudades como Kyoto, Tokio, Nagoya, Yokohama, y otros lugares de todo el Japón desde el periodo Meiji. 1868-1912, hasta la actualidad".

La porcelana Satsuma de hoy en día muestra fuertes y gruesos colores superpuestos. Los patrones populares incluían originalmente diseños florales, geométricos, como el popular fénix o dragones. "Con la llegada del siglo XIX los paisajes y las figuras vivas se hicieron más comunes. Lo que viene a nosotros es el producto de finales del siglo XIX e inicios del XX, que formaban parte de las exportaciones realizadas a partir de 1860 con la apertura de las puertas de Japón al comercio exterior. El gusto japonés no estaba sujeto a la exportación por no apelar a los gustos occidentales. El tipo de porcelanas que nos son más familiares comenzaron a ser producidas bien entrado el siglo XVIII y decoradas con esmalte y oro".

Juan José indica que hacia 1800 la producción de Satsuma llegó a ser popular a través de piezas con decoración de Buda y sus discípulos y las mujeres disfrutando entre los cerezos en flor, así como las imágenes de los samuráis. "Las decoraciones de los jarrones, koros, cajas, etc., se han diseñado en mitad del siglo XIX y XX con personajes Arhats, sacerdotes budistas, seres espirituales, motivos florales, aves, animales que tienen siempre que aportarnos algo positivo y nos dan muestra de las infinitas posibilidades y ejemplos de cómo superarnos y superar los obstáculos en la vida, y que para ello es imprescindible el equilibrio con el medio y los seres que lo habitan. Las decoraciones de las piezas con grullas, cerezos, aves, lotos, etc., integrados con los paisajes nos están dando siempre un mensaje. Los dragones, por ejemplo, seres mitológicos que juegan un papel importante como dios guardián y en algunos casos como demonio. Comparando la idea del dragón, en el Oriente Lejano, para los chinos, japoneses o coreanos, es visto como benévolo y en Occidente es generalmente maléfico para los europeos", concluye Schmeda.  

Muy personal

Juan José Schmeda Hirschmann nació en Asunción el 2 de mayo de 1958. Estudió en la Escuela de Bellas Artes y en 1977 terminó un curso sobre técnicas de restauración de objetos de arte y documentos. En São Paulo (Brasil) y Montevideo (Uruguay), participó de talleres especializados en Conservación de Bienes Culturales. Trabajó para anticuarios, museos, galerías e iglesias locales. En 1984 viajó a Miami (EE.UU.) para restaurar una colección privada de cuadros cuzqueños.

Sutil occidentalización

Un ejemplo de la occidentalización de la porcelana Satsuma con el comercio son los juegos para té y café que incluyen piezas inexistentes en Oriente, como las cremeras, azucareras, platos para tortas o masas. Aquí en Asunción, entrado el siglo XX, era prácticamente un regalo que no dejaba de estar presente en bodas y grandes acontecimientos caseros. "Desgraciadamente, con la demanda, también llega la simplificación de las obras y se pierden los detalles. Las piezas antiguas fueron meticulosamente decoradas a mano, con diferentes colores de esmaltes, los hay también con relieves. Es un placer tomarse tiempo y disfrutar observando detenidamente estas imágenes e historias y, sobre todo, tratar de compenetrarse con la espiritualidad que encierran", dice Juan José Schmeda.
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