LA CANASTA MECÁNICA

POLÍTICA ESPIRITUALIZADA.- Necesitamos políticos que tengan entereza de espíritu, más allá de las cualidades profesionales, intelectuales y emocionales. No votemos más a gente famosa. Exijamos personas que sean ejemplo de honestidad, integridad y credibilidad. Seres empáticos, de conducta regida por valores éticos; que amen la libertad, la justicia, el sentido social y obren con responsabilidad. Hombres y mujeres que actúen con humildad y se dediquen a la administración pública con altruismo. Basta ya de políticos oportunistas que buscan su beneficio personal y caen en la corrupción. Hacen falta gobernantes espirituales.

Durante mucho tiempo se insistió en la separación entre espiritualidad y política. Tiene sentido la conveniencia de que exista independencia entre Iglesia y Estado. En este caso, el enfoque es religioso, de culto. La espiritualidad política secular es otra cosa. Esto se resume en la expresión de Ken Wilber: “En el ámbito de lo interpersonal, en el reino de cómo tú y yo nos relacionamos con el otro como seres sociales, no hay áreas más importantes que las de la espiritualidad y la política”.

La espiritualidad humana es una parte de nuestra conciencia que no se manifiesta materialmente y está ligada a algo superior a todos los seres vivos. En tanto que la política es una experiencia humana concerniente a la toma de decisiones que conducirán el accionar de la sociedad toda. El término guarda relación con “polis”, que aludía a las ciudades griegas que constituían Estados. Confucio vinculó el buen desempeño como gobernante con la aptitud ética, considerando que solo un ser virtuoso debe tener autoridad.

Si se considera que espiritualidad y política podrían fusionarse, conseguiríamos un accionar de personas solidarias y no violentas. No se puede negar que el paradigma que hasta ahora ha regido nuestra convivencia llegó a su agotamiento. También, se han impuesto nuevas religiones. Jordi Pigem dice que la economía contemporánea es la primera religión verdaderamente universal. El ora et labora dio paso a otra forma de ganarse el paraíso: producir y consumir.

La espiritualidad no necesita de jerarquías eclesiásticas, sino de maestros del espíritu. La espiritualidad puede ofrecer cualidad humana profunda, más allá de las creencias de fe.

La política formal perdió el timón de mano de lo público. Dice Joan Melé que la visión materialista del ser humano y la vida casi se constituyó en un dogma que se impone desde una supuesta clase inteligente, que ante cualquier tipo de planteamiento espiritual exige demostraciones científicas. Como si fuera posible reducir al ámbito de lo material algo que no lo es. Lo espiritual no se puede demostrar, solo se puede mostrar y, luego, si se quiere, experimentar.

Importantes pensadores proponen una actitud espiritual cuando abogan por la condición de ciudadanía universal y, con ella, la condición también universal de la dignidad humana.

Mentes sabias afirman que la colectividad planetaria está dando importantes pasos en su evolución hacia la instauración del ideal supremo de la fraternidad humana. Surge una nueva conciencia marcada por el inagotable capital espiritual, que logrará que la economía sirva a la vida.

-Inspirado en la lectura de Espiritualidad y Política, de Cristóbal Cervantes, Editorial Kairos.

carlafabri@abc.com.py

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