LA CANASTA MECÁNICA

CYBERBULLYING.- Últimamente, las redes sociales se convirtieron en un espacio donde parece que está permitido burlarse de cualquier persona, escarnecerla y desacreditarla. Ocurre con personas famosas o no, que hacen comentarios o acciones que podrían parecer desafortunadas dentro o fuera de las redes. No debe ser nada agradable recibir una catarata de ásperas críticas e insultos de diverso calibre. Muchos de quienes agreden son trolls y haters, tienen vidas vacías, quieren llamar la atención y se desesperan por conseguir seguidores. Molestan y ofenden sin titubeos y crean un contagio casi epidémico. Una especie de horda se les une y compite por quien lanza el peor improperio.

El cyberbullying o acoso virtual no tiene límites. Es la agresión repetitiva e inmisericorde en contra de una persona, orquestada por un/una o más usuarios/as, utilizando servicios o dispositivos de tecnología. Mirian Celeste Rojas fue víctima de cyberbullying al viralizarse su imagen en bikini. La insultaron, amenazaron, hasta le desearon la muerte solo por exponer su buen cuerpo. Se sintió muy afectada y renunció a su promoción en un cargo en la función pública, pese a que ella dice poseer dos títulos universitarios. Se sabe de casos de víctimas del cyberbullying que llegaron al suicidio.

¿Ser mujer profesional, inteligente, capacitada y bella es un delito? ¿Está mal exponer en las redes un buen cuerpo trabajado con esfuerzo? Está visto que todavía somos una sociedad muy pacata y machista. Si hubiese sido un varón quien hubiera accedido a un ascenso en el trabajo, y posado en moto mostrando el cuerpo musculoso de gimnasio, no lo habrían insultado, al contrario, lo estarían felicitando.

Las redes sociales permiten que personas que hace un par de décadas disponían de pocas opciones de comunicar de forma masiva sus ideas y puntos de vista ahora puedan hacerlo fácilmente.

Se pueden observar elementos comunes en los que son llamados trolls o haters de internet: personalidad adictiva, exceso de tiempo libre, necesidad de protagonismo, necesidad de confrontación, vacío vital, poca empatía.

El anonimato en las redes sociales generó un montón de valientes que evidencian que en el mundo cibernético somos proclives a ser menos amables y a inclinarnos por la ofensa. Según el psicólogo John Suler, esta tendencia se llama: efecto de desinhibición online y hace referencia al comportamiento menos restrictivo que tienen las personas en internet, gracias a la sensación de desconexión que existe entre uno mismo y lo que se escribe en la red.

El ciberespacio confiere a gente desconocida la oportunidad de acercarse a personas famosas, que cuentan con cierto poder por su reconocimiento social o el cargo que ocupan. Eso da lugar a que desconocidos/as expresen su bronca en una especie de ajuste de cuentas y dicen lo que no se animarían a decir cara a cara, porque causa odio. Una dinámica perversa se genera, que hace que un usuario al ver que muchas personas están atacando a alguien se anime a sumarse con un disparate insulto aún mayor buscando destacarse con eso y, a lo mejor, conseguir el apoyo de la mayoría-jauría. Expertos aconsejan ignorar a trolls y haters, que al no obtener respuesta, chillan, patalean y luego se borran.

carlafabri@abc.com.py

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