“Me dejé guiar por el corazón”

Con solo 11 años, Franco Cabañas Fernández tiene una prometedora carrera en el mundo del espectáculo musical. Su fuerte vocación se agudizó cuando fue elegido para el papel protagónico de la obra Oliver, en la ciudad de Washington D. C., donde vive con su familia.

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Franco no tenía experiencia alguna en musicales, actuaciones ni canto. Más bien, se dedicaba al deporte, el fútbol, específicamente. Pero cuando surgió la posibilidad de presentarse a un casting convocado por un teatro comunitario del área de Washington, con directores y coreógrafos profesionales, no dudó en probar suerte.

En una primera ocasión, la buenaventura no le sonrió, aun así no decayó. Una segunda oportunidad le abrió las puertas para participar del musical Oliver Twist, del británico Charles Dickens, que narra la vida de un pobre huérfano que parece estar destinado a una vida de necesidades, pero con un final feliz. Es una obra muy sentida que permite aflorar las emociones de cada uno de los personajes, con risas, llanto y suspenso.

Franco dice que únicamente quería formar parte del elenco. “No pensé en ningún papel en especial, solo en ser seleccionado”, cuenta, sentado en el comedor de la casa de sus abuelos paternos, en la que se hospeda cuando viene de visita con su familia al Paraguay. Vive en Washington D. C., EE. UU., donde desarrolla sus aptitudes artísticas. Su español no es fluido, pero entiende y se deja entender. Con la presencia de su madre, para alguna eventual traducción, se muestra sonriente y amable durante la amena charla.

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Con entusiasmo cuenta que fue una gran sorpresa ser “el elegido” para el papel protagónico. ¡Él era Oliver! Tenía nueve años cuando sucedió lo inesperado. “Fue muy emocionante, porque nunca antes había hecho teatro. No tenía experiencia, solo ganas y deseos de participar”, añade.

Desde un principio se sintió identificado con la obra en algunos aspectos, por ejemplo, Oliver tuvo el coraje de conquistar su libertad; Franco, la valentía de dominar sus sueños. “Fue inspirador”, dice sonriendo tímidamente.

Después de la alegría llega la tranquilidad de haber hecho un buen trabajo. “Me dijeron que estuve muy bien”, expresa. Tanto que en la primavera del 2017 ya tiene otro protagónico en el musical Billy Elliot, con música de Elton John, y libreto y letras de Lee Hall. La trama central se desarrolla en torno a Billy, un niño de 11 años, de un pequeño pueblo inglés, que descubre su pasión por la danza en contra de los deseos de su padre. “Ya estoy ensayando porque es una historia muy intensa”, revela.

Otro proyecto mediato es su actuación como cantante en el torneo de tenis US Open 2016, con la canción patriótica America the beautiful. El escenario será el estadio Arthur Ashe, en Nueva York, el 3 de setiembre.

Franco también ya concedió una entrevista al Washington Post sobre la nominación de los Premios Helen Hayes, en los que son galardonados los mejores del teatro. Fue nominado a mejor actor principal por el rol de Oliver.

Sin duda, un chico con un futuro promisorio. “Antes de hacer teatro, yo solo jugaba al fútbol; estaba en el equipo. Después de la obra, mi corazón me dijo para dedicarme a esto, que dejara la pelota y me guiara por lo que sentía”, revela con una sonrisa.

Está feliz, contento; todo es positivismo en él. “Me gustaría viajar por todo el mundo haciendo teatro”, exclama. Para cumplir ese sueño, pone todo su esfuerzo y dedicación en sus clases de canto, ópera, danza, jazz y actuación. Después del colegio no hay descanso, pues vienen los ensayos. “A veces tengo sueño, pero debo cumplir con mis tareas; eso es lo primero y, después, las clases de teatro. A la noche leo libros, porque no duermo temprano. Ahora estoy con el texto El regreso a la isla perdida”, confiesa.

Admira al actor de teatro Rick Hammerly, a la cantante y actriz de teatro Felicia Curry, y a la solista y profesora de canto Kelly McHugh.

Está muy feliz de hacer lo que le gusta y estar en el Paraguay junto con su familia. “Vinimos por un mes para aprovechar las vacaciones. Fui al teatro a ver Rapunzel y me gustó mucho. Las actuaciones fueron muy buenas, pero creo que los teatros deben mejorar su infraestructura. En Washington D. C. son más grandes. Solo eso noté diferente, después me gustó todo”, dice pausadamente, cuidando no equivocarse en sus respuestas.

El éxito se cruza muy temprano en el camino de Franco. Con apenas 11 años, se abre paso en el mundo artístico. Él ni siquiera tenía idea de que quería ser actor. Recién cuando las puertas se abrieron y fue atravesando se dio cuenta de que actuar, cantar y bailar le hacen muy feliz.

ndure@abc.com.py

• Fotos ABC Color/Silvio Rojas/Gentileza.

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