Tres voces inconfundibles

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Son tres generaciones que se dedican a la misma profesión y con la misma pasión. Sus voces son inconfundibles y viven con fuerza interminable el palpitante mundo de conectarse con la audiencia a través de sus programas.

“Es un gran tipo mi viejo”, tatarea Palo Rubin, emulando la canción que Piero de Benedictis le compuso a su padre y se ajusta hoy, domingo 19 de junio, Día del Padre, en muchos hogares. “Es todo un ejemplo papá”, añade al referirse a su padre, Humberto Rubin. “De él heredé esa locura de levantarme temprano y ganarle al sol”.

Rubencito, hijo de Palo, resalta el respeto a la mujer inculcado por su padre. “Es lo que aprendí y es un legado muy importante”, expresa al aire, durante el programa de Humberto Rubin, acercando a la audiencia un pedazo del hogar de esta familia que se dedica a los medios de comunicación.

Humberto es palabra mayor en la radio. Palo siguió sus pasos y es conductor de tevé, del programa de entretenimiento El Conejo; Rubencito igualmente es conductor de tevé, del espacio El Resumen. Humberto también está en la pantalla chica con El Saber va contigo.

Hoy, con seguridad, estarán todos reunidos en la casa de Humberto, celebrando esta fecha especial, rodeados de todos los afectos, hijos, nietos. La visita a la casa del patriarca es habitual. Rubencito cuenta que se deja mimar por la abuela, Gloria Rubin, con unas ricas pastas, su plato preferido.

En el clan Rubin, en su mayoría, abrazaron la profesión de medios de comunicación... Mariana, Pelusa, Armando, Arturo, Hugo. Ahora, el entusiasmo continúa y ya van tres generaciones de interactuar con la gente, sentir al público, ser ellos mismos.

“Papá es excepcional. Tengo recuerdos muy lindos de mi niñez. Siempre fue muy cuidadoso con nosotros. Recuerdo que nos preparaba, al llegar del colegio, un sándwich que se llamaba Interplanetario... De grandes ya nos dimos cuenta de que era un sándwich de huevo pisado con tomate, pero en el recuerdo de nuestra niñez era lo máximo. También tenía una historia que nos contaba a la noche y en el mejor momento del relato nos mandaba a dormir; era para mantener el suspenso, y lograba su objetivo”, expresa Palo.

“También atesoro los días en los que iba al Cimefor. Él no estaba de acuerdo con mi decisión, pero se levantaba, inclusive, antes que yo para prepararme unos bifes con huevo espectaculares, pero muy salados y, cuando le reclamaba, me contestaba: ‘Papito, necesitás mucha sal’... Igual pasaba con el café con leche; siempre con demasiada azúcar, y bueno... ‘Papito, necesitás mucha azúcar’. Esos actos de estar ahí, cuidándonos, son invalorables”.

La tenacidad y el amor son rasgos que rescata de Humberto. “Disfruto de su presencia; trato de pelear solamente viendo lo bueno. Trato de estar para él. Me encanta cómo mis hijos le miman; la conexión que tienen con él, aun sin verse todos los días”.

Rubencito guarda en su memoria la presencia de su padre en los intercolegiales, las idas a la cancha. “Hasta hoy vamos juntos... De chico sentía todo el cariño que la gente le demostraba y su buen trato a los demás; quería ser como él. Siempre fue un padre muy presente y seguimos siendo cercanos”.

Definitivamente, la saga Rubin es una familia unida por el micrófono. Humberto supo transmitir el amor a la profesión a sus hijos y estos, a su vez, a sus descendientes. Cada uno está orgulloso del camino trazado; padre, hijo y nieto, compartiendo la misma pasión.

ndure@abc.com.py

Fotos ABC Color/Gustavo Báez.