Unidos por la misma profesión

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Tres generaciones de familias que forjaron un camino, de abuelo a hijos e hijos a nietos, todos juntos compartiendo la misma profesión u oficio. Supieron trasladar a sus descendientes la pasión, interés, compromiso y responsabilidad por la labor que realizan.

Con su dedicación y entrega, Pico Angulo Gastón supo transmitir sus valores a la generación de Carlitos Angulo y los hijos de este: Renato y Bruno Angulo. La fortaleza de esta familia se sustenta en las relaciones de afecto, unidad y responsabilidad.

En su momento, don Pico Angulo dio comienzo a la profesión de rematador. Con el tiempo se fue afianzando, pasando sus conocimientos de una generación a otra.

En el Día del Padre solo tienen agradecimientos y elogios para quien fue el inspirador y motivador de seguir los pasos de rematador. “Mi padre es un gran amigo. Nuestro trato siempre fue cordial y de amistad, tanto que le llamamos Pico, nombre con el que es conocido en el ámbito ganadero... Yo desde los siete años ya andaba detrás de él por los lugares de remate”, es lo primero que expresa Carlitos, sentado en la sala de la casa paterna.

Los nietos también tienen la misma actitud. “Quizás porque el trato profesional así lo requería, pero en la intimidad de nuestro hogar le llamamos papá, claro”, confiesa.

“El humor de mi padre es lo más resaltante de su personalidad... Siempre estaba con un chiste, una humorada. Era y sigue siendo un gran conocedor de su trabajo y supo transmitirnos todos sus conocimientos. El gran legado profesional que heredé es la defensa de los intereses de los ganaderos, siempre justo... Eso me marcó. También, su disciplina. Ese rigor de buscar un objetivo y llegar a él siempre en forma respetuosa, sin causar daño a nadie ni pisotear. La verdad es que no necesitaba; su mejor carta de presentación siempre fue su dedicación al trabajo, sus conocimientos, y esa sabiduría hace que continuemos en esta senda del remate de ganado”.

Efectivamente, los nietos Renato y Bruno también se dedican a este oficio. Si bien ambos tienen otras profesiones —Renato es abogado e historiador y Bruno se dedica al arte—, igualmente están en el mundo de remate de ganado.

En esta fecha tan especial, Renato también se refiere a su padre y resalta los rasgos que calaron hondo en su persona. “Una figura de autoridad y de amigo”, es lo primero que expresa Renato al hablar sobre su padre, Carlitos. “Durante los remates me era difícil llamarle papá, así que también le llamaba por su nombre. Tengo recuerdos, como el amor a la familia, al fútbol, al club Cerro Porteño, al colegio, al campo, a la profesión. Mi niñez se ve marcada por las idas al colegio con papá, tomando café hirviendo, sus exigencias; esos mandatos que me producían miedo, pero que ahora me llevan a superar conflictos”.

“Mi papá es mi mejor consejero, todo le consulto. Su sabiduría me lleva a tomar las mejores decisiones. Su paciencia, determinación, humor y respeto, sin duda, son herencias que voy a transmitir cuando me toque la oportunidad. A mi abuelo también le tengo una enorme gratitud, porque me enseñó a amar la historia”.

La profesión de rematador les llevó a coincidir a los tres trabajando para empresas diferentes, pero en ningún momento perdieron el profesionalismo. “Recién cuando terminamos el trabajo somos padre, hijo y nieto, y ese espíritu nos legó Pico”.

Hoy, domingo 19, será un encuentro de familia, seguramente. “No hay un día específico para celebrar esta fecha; todos los días son el Día del Padre”, dice Carlitos, y Bruno asiente. Muy cerca, don Pico Angulo escucha emocionado las palabras manifestadas por su hijo y, a su vez, este, emocionado por las palabras de su hijo Renato.

Tres generaciones que supieron traspasar a sus descendientes la pasión, interés y compromiso por la labor que realizan.

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Foto ABC Color/Claudio Ocampo.