Entrevista realizada al periodista Hector Rodríguez Boccia

Esta entrevista se realizó el 10 de julio de 2000. Quiero asegurar que fue la única concedida, gracias a mi reiterada insistencia. Héctor falleció el pasado día 11.

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–¿Cómo surge la columna Ñe’embeguépe?

–La situación política que se vivía con la dictadura de Stroessner no daba pie a que proliferen informaciones políticas de todo rango, principalmente sobre manejo de la cosa pública, los milagros económicos para la gente cercana al poder, que acumulaban riqueza de la noche a la mañana. Entonces, se buscó una forma de canalizar hacia la opinión pública un montón de cosas que manejaba la ciudadanía y el establishment de ese entonces. De ahí surge la necesidad de crear una columna para ampliar el panorama informativo y enriquecer más la información que contenía el diario.

Había, por ejemplo, sectores políticos vedados para la prensa, principalmente el Mopoco, por ejemplo. Decir Mopoco en aquella época tenía la misma connotación que tiene ahora el oviedismo. Entonces, Ñe’embeguépe era una columna en la que se podía dar cabida a esos sectores vedados.

–¿Cuáles son las fuentes de los materiales que se publican en la columna?

–Las informaciones proveen: el interesado, que puede ser el político mismo; la ciudadanía, gente común que se comunica anónimamente; la víctima de un hecho injusto, los resentidos en todos los casos, y los periodistas de la Redacción. Esto es porque la gente no encuentra respuesta y con la publicación busca, por lo menos, una sanción moral de la ciudadanía, por la impunidad y porque no funcionan las instituciones.

–¿Cuáles son los mecanismos o medios por los que llegan las informaciones?

–Llegan personalmente, por supuesto, con el ruego de no ser identificado en la publicación. A veces por fax, en un sobre anónimo, una carta. Ahora con las comunicaciones llegan hasta por correo electrónico. Pero más siguen llegando por teléfono. Siempre comienzan con la pregunta: “Señor, ¿cómo hacen para publicar en Ñe’embeguépe?”.

Antes, en tiempo de la dictadura, llegaban más por teléfono y de parte de políticos muy cercanos al poder.

–¿Tiene alguna forma de comprobación de la veracidad de las informaciones?

–Siempre se evalúa el impacto que pueda tener. No es lo mismo que me digan el presidente del Congreso estuvo robando galletas que el chofer del ministro, un Juan Pérez, desconocido, estuvo dando algunas vueltas en el auto del ministro; sin desconocer, por supuesto, que las dos cosas son irregulares. Principalmente, se tiene en cuenta la trascendencia del personaje.

Se hace una rigurosa selección de los materiales que se reciben y se descarta aquellos que, por lo que relatan, no tienen mucha credibilidad y porque muchas veces son difíciles de comprobar. Se reciben muchas llamadas sobre cuestiones de la vida íntima de las autoridades. Muchos temas privados no se suelen tocar porque no es un tema que hacen a los problemas del país. El país afronta problemas más graves, de mayor trascendencia y de mayor impacto en la ciudadanía.

Se hace una miniinvestigación dentro del marco de posibilidades y se trata de contrastar lo que se informa. Hay casos en que aun sin contrastarse se publica.

Es una columna informal, razón por la cual se puede salir de algunos patrones. Te da cierto margen para salir de ciertos márgenes y de la rigidez que impone el estilo formal del periodismo.

Además, la columna no necesariamente contiene informaciones, sino son opiniones y, a veces, hipótesis, presunciones.

–¿Existe alguna diferencia entre el estilo y el lenguaje de Ñe’embeguépe de ahora y lo que se hacía antes de la clausura de ABC Color?

–El lenguaje, en época de la dictadura, era mucho más encorsetado. Tenía que ajustarse al corset que te daba el dictador. Con la libertad no solo se liberó el lenguaje –y eso se da en todo el periodismo nacional–, sino se bastardeó; se puede ver que en una redacción periodística se utilizan términos que antes era impensable utilizarlos.

En la primera etapa, se cuidaba bastante el lenguaje para no motivar que, por culpa de una palabra, se destruyera toda la estructura. Era mucho más difícil de hacer y había que prestar muchísima atención. Antes no se necesitaba ser inteligente, sino audaz.

Hasta ahora se sigue cuidando el lenguaje. Antes y ahora, hay cosas que están por publicarse y después se dejan de hacerlo. Se hace una evaluación posterior y se llega a la conclusión de que va a ser más sano no publicar. Una palabra utilizada en tiempo de la dictadura significaba probablemente ir preso; ahora puede significar una querella.

En cuanto al estilo, ahora es más punzante; antes era más light. Ahora puedo decir ladrón; antes era más difícil que la misma dirección apruebe una terminología de ese tipo.

Hay que tener en cuenta que constantemente tanto el que está en el poder como la prensa están tratando de ganar espacio, y el establishment está buscando apretar contra la labor de la prensa. Entonces, eso hace que muchas veces se tenga que disfrazar, más todavía en nuestro país, lo que se quiere decir. Tal vez por los intereses creados es que hay muchos condicionamientos para tener que disfrazar lo que uno quiere decir. Es más bien un esfuerzo por la supervivencia.

Desde su aparición, el contenido de la columna fue subiendo de tono progresivamente. Con la presencia del Mopoco en el país y el triunfo de Alfonsín en la Argentina, que consiguió que los mopoquitas volvieran, el respaldo a la actividad opositora que brindaba el nuevo régimen en la Argentina era como una suave honda hacia la prensa. Eso ayudó a que suba más el nivel del contenido, afectando un margen de personas de más nivel de la nomenclatura del poder de ese entonces.

Era como una cuña que iba horadando la estricta censura que imponía el régimen.

–¿Hay temas tabú?

–No. Temas tabú sería, en nuestro país, la vida íntima. Sin embargo, hay algunos como Noticias que hablan de homosexualidad, utilizan un lenguaje más grosero y llega a la chabacanería.

En Ñe’embeguépe se trata de utilizar un lenguaje gracioso y elegante, porque hay formas y formas de decir las cosas.

–¿Qué objetivo tiene la columna dentro del diario?

–Ahí va la información que no amerita sumarse a la seriedad de los otros espacios. Es un anecdotario de la vida ciudadana, que también tiene que tener las irregularidades. Un espacio para publicar anécdotas que no merecen una crónica y, por supuesto, hay algunas cómica, otras que nos hacen llorar y otras tragicómicas.

–¿Cómo es el proceso de producción de la columna Ñe’embeguépe?

–Se tiene siempre una reserva de materiales, que se van acumulando y fueron llegando a través de los diversos medios, llamadas, cartas, anónimos y las colaboraciones de los mismos periodistas. El contenido se rige mucho también por los acontecimientos que van sucediendo.

Hay una persona encargada que es el responsable de retocar el material de la columna, porque esta ya tiene una característica. Aun los materiales que se reciben de periodistas, colaboradores del diario, se retocan, porque hay algunos que utilizan un lenguaje muy agresivo.

Es una especie de cuchillo de papel, que te clava pero no te daña. Como dirían los yanquis: el periodista es el único que puede matar a una persona con un teclado, sin necesidad de tirarle a la cabeza.

Cada uno tiene su estilo, pero la columna tiene su propio estilo, por lo que se trata de darle un sesgo. Hay una persona que recibe los materiales, se encarga de retocar y poner en página.

Durante la clausura del diario ABC Color, Héctor Rodríguez trabajó para el diario Última Hora, donde creó también la columna Cuarto Oscuro, del mismo tenor de Ñe’embeguépe. Al terminar la entrevista, Héctor hizo el siguiente comentario:

–Cuando estaba en Última Hora, la columna Cuarto Oscuro llegó a adquirir tanta trascendencia que el mismo director Demetrio Rojas comentó que una autoridad importante le había dicho que el diario debía llamarse Cuarto Oscuro y la columna, Última Hora, porque allí se publican cosas más interesantes que en el resto del diario.

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