Las debilidades no corregidas se convirtieron en amenazas

Habiendo logrado en su momento una alentadora estabilidad monetaria y sostenibilidad fiscal, nuestro país sigue emitiendo señales de riesgo para la creación del ahorro interno y la radicación de inversiones. No hicimos lo que debimos haber hecho en su momento al punto que muchas transformaciones hoy tan necesarias y útiles tienen un rezago de por lo menos treinta años.

Los inversionistas se percatan de ello pues saben lo que les conviene, dónde y cuándo radicar sus capitales.

El ansiado sostenible crecimiento económico se viene a constituir en una ocasión y no en una sólida base permanente. Esta y no otra es la situación del Paraguay porque permanecen intactas ideas y prácticas que conspiran contra la modernidad. Pero ocurrió algo que nadie lo tenía en vista. La pandemia del coronavirus hizo que las debilidades se conviertan ahora en amenazas.

El hecho, por ejemplo, que en los países desarrollados se lleven a cabo políticas de fuertes endeudamientos y déficit fiscales, no significa en modo alguno que se las tenga que replicar en los países subdesarrollados. De ninguna manera. La explicación es también económica y política.

El ahorro y la inversión per cápita de los países que hoy lograron importantes avances en las condiciones de vida de su gente, se fueron logrando luego de un arduo proceso de trabajo, disciplina, ahorro e inversión en un ambiente de respeto a la propiedad privada, seguridad y competencia, tanto nacional como internacional.

Aquí en Paraguay nosotros no podemos hacer lo que ahora realizan esos países más avanzados porque para ellos la recuperación sigue siendo una cuestión supeditada a sus vigorosas y pujantes economías privadas, situación que nosotros no contamos.

Cuanto más sigamos endeudándonos y cuanto más tardemos en retornar a la senda de la responsabilidad fiscal, pues también más demoraremos en lograr una genuina recuperación y reactivación de la economía. Se podrá conseguir el consabido “rebote” el año que viene, pero será insuficiente y hasta una mera circunstancia.

Del Ejecutivo y el Congreso

Por tanto, si hay una forma para ingresar a un camino equivocado de mayores males como el desempleo, la inseguridad y la pobreza, así como otros, pues solo hay que seguir insistiendo en la descomposición económica en la que ahora se ha embarcado no solo el Ejecutivo sino el mismo Congreso.

El Ejecutivo porque insiste en seguir endeudando al país sin iniciar reforma de fondo alguna o al menos de iniciar un programa para terminar con el mal gasto público. Y el Congreso porque siendo el órgano de control del poder administrador no hace más que dar respuesta a lo que viene del Ejecutivo, esto es, sin iniciativa legislativa alguna para no solo controlar e impedir el endeudamiento y el mal gasto, sino también poner en la agenda legislativa un plan de reactivación moderno de ideas renovadoras basadas en abrir más espacios de libertad económica.

El Ejecutivo y el Congreso están más interesados en lo que se viene el próximo año. Las elecciones internas y nacionales asoman el horizonte y los intereses en resguardar los privilegios se incrementan al punto que se pretende ciertamente hacer algunos retoques, pero que en nada hacen a los temas de fondo. Además y para colmo están enceguecidos por las vetustas ideas del neokeynesianismo que alienta un estatismo empobrecedor donde quedan menos márgenes para la iniciativa empresarial.

Este es el motivo por el cual, por ejemplo, el endeudamiento proseguirá sin límite alguno así como también se viene cada vez más difícil la corrección del déficit fiscal. El endeudamiento pronto subirá al 40% del producto interno bruto (PIB) y el déficit del 7.5% se quedará ahí porque para su corrección se tiene que hacer lo que no quieren: limitar el poder del Estado haciendo que el dinero de los recursos de los contribuyentes se utilice en base a rendición de cuentas y transparencia.

De este modo, ambos poderes se han fusionado en contra de los intereses de la gente, al punto que hoy día nadie representa el clamor de los trabajadores, de los empresarios, en suma, de la ciudadanía honesta que se desvela por al menos tratar de llegar a fin de mes con sus escasos ingresos. Sucede lo mismo con inversionistas que pudiendo incluso apostar y radicarse en el país en mayor cuantía, se empiezan a quedar como en el molde, esperando algunas señales más positivas y firmes de seguridad y certidumbre en el mediano y largo plazo.

Desaprovechamos oportunidades

Paraguay tiene ventajas que nosotros mismos las estamos destruyendo; ventajas competitivas y comparativas que visto desde lo que pasa en otros países en verdad deberían ser la causa para nuestro despegue. Pero no. Aún sabiendo que la caída de las economías mundiales y concretamente en nuestra región será bien fuerte, en el orden del 8% y más del PIB, y aquí no será tan estrepitosa al punto que nos permitiría un interesante efecto “rebote” para el año que viene.

Pues aun así seguimos en la modorra, la pasividad, la falta de convicciones y de un sentido aspiracional de mirar firmes y seguros hacia adelante. Aun sabiendo que podemos nuevamente ser admirados por nuestra sostenibilidad fiscal y monetaria, lo dejamos como si no fuera sustancial, como algo intrascendente, cuando que cualquier otra nación del mundo tiene envidia por lo que hemos hecho en cuanto a aquellos dos logros antes citados.

Y desde luego que la pasividad y la ausencia de una mirada puesta hacia el futuro con ideas y prácticas superadoras son difíciles de encontrar. En tal sentido, considero que el motivo por el cual es difícil y hasta imposible casi de encontrar algo diferente en el Ejecutivo como en el Congreso está en –además de la ceguera estatista que todavía impera– en la creencia de que tanto las finanzas sanas, el control del déficit, terminar con el mal gasto y el orden monetario, no tienen relación con los temas llamados “sociales”, término que tanto les agrada decir a muchos.

La mejor política social

No se dan cuenta al parecer que una baja inflación juntamente con un déficit controlado que incluso no sobrepase el 1%, son algunas de las mejores políticas públicas para lo que se dice lo “social” para la gente. Y lo son debido a que teniendo esos valores en el mínimo y controlados (inflación y déficit) es la mejor manera de atraer inversiones, crear empleos e iniciar otras medidas que por cierto no las hicimos porque nos quedamos en la tonta idea de creer que así podíamos continuar.

Y no es cierto e inadmisible desde el vamos que así no más podíamos quedarnos porque precisamente ahora se demuestra que fue y es una equivocación. Ahora estamos ante un problema mayúsculo. Como no se hizo lo que irremediablemente se tenia que hacer, esto es, las reformas en: el Presupuesto, la previsional en el Instituto de Previsión Social (IPS), la caja fiscal, la legislación laboral, la informalidad, el sector eléctrico e impositivo y otras transformaciones (que en otra ocasión fueron publicadas por mi parte en este espacio) pues ahora hay que remangarse la camisa no sin antes despojarse de las vetustas ideas erróneas en las que demasiados siguen creyendo

En suma, las debilidades que veníamos sorteando y se pretenden corregir o mal corregir con recetas equivocadas se convirtieron en este momento en verdaderas amenazas.

(*) Decano de Currículum UniNorte. Autor de los libros “Gobierno, justicia y libre mercado”; “Cartas sobre el liberalismo”; “La acreditación universitaria en Paraguay, sus defectos y virtudes” y otros como el recientemente publicado “Ensayos sobre la Libertad y la República”.

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