Los desafíos de la economía paraguaya en la coyuntura actual

Actualmente las perspectivas de crecimiento para el 2019 no cumplen con las expectativas iniciales. Este cambio es el resultado de los retos que enfrentan algunos países de la región, particularmente en América del Sur.

Las razones principales detrás de este crecimiento más lento en la región se deben a las turbulencias de mercado que comenzaron en Argentina en abril, la desaceleración en el crecimiento de Brasil, el deterioro continuo de la situación en Venezuela y un cambio negativo en el entorno externo.

La actividad económica del país no es ajena al cambio del contexto regional y global. En las últimas semanas, las noticias han puntualizado un comportamiento debilitado en la actividad económica paraguaya. Ante un vacío de comunicación de la agenda económica por parte del gobierno, las noticias juegan un rol fundamental al moldear las expectativas de los distintos agentes económicos y las decisiones asociadas al consumo e inversión. Cabe notar que Paraguay ha crecido rápidamente en la última década y media, lo cual contribuyó a un notable descenso de la pobreza.

Las políticas macroeconómicas prudentes, con baja inflación y reducido déficit del gobierno, tuvieron papeles fundamentales en establecer parámetros económicos estables. Las vulnerabilidades han disminuido, con una reducción significativa de la deuda, tanto externa como interna. Actualmente, el desafío clave en adelante será sostener este crecimiento rápido, debido a que los factores impulsores del pasado –que incluyen el auge de los precios de productos básicos agrícolas– quizás proporcionen menos sustento.

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La menor actividad económica se observa desde el año pasado, reflejada en una desaceleración del crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) al cierre de 2018.

Según datos del Fondo Monetario Internacional (FMI), el PIB creció alrededor del 3,75% el año anterior, motorizado por una demanda interna fuerte impulsada a su vez por un repunte en el crecimiento del crédito, al mismo tiempo que la contribución de las exportaciones netas fue negativa.

Asimismo, se observó que el crecimiento fue desigual, ya que en la primera mitad del año la actividad económica mostró un fuerte ritmo de expansión, que fue seguido por un segundo semestre más débil, a medida que el Paraguay sentía las repercusiones de la turbulencia financiera regional.

La crisis en Argentina llevó a una mayor aversión al riesgo hacia la región, lo cual contribuyó a la depreciación del guaraní contra el dólar, aunque menos que la depreciación experimentada por los países vecinos. Como resultado, el guaraní se apreció fuertemente con relación al peso argentino y el real de Brasil. Esto generó un impacto que se manifestó en un descenso brusco del turismo y del comercio transfronterizo. Los shocks relacionados al clima afectaron la agricultura, que también contribuyeron a la desaceleración del crecimiento. Actualmente, la sequía que tuvo lugar en el comienzo de la campaña agrícola, reducirá la cosecha de la soja. No obstante, se espera que esto será compensado parcialmente por un repunte en el turismo y el comercio transfronterizo, que se beneficiarán de la corrección esperada en el tipo de cambio.

Considerando todos los elementos expuestos anteriormente, la economía paraguaya enfrenta un proceso de desaceleración, por tanto requiere de medidas políticas y económicas oportunas.

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