Criminales enlutan familias ante inoperancia policial

Cada tanto los miembros de la Policía Nacional efectúan rimbombantes operativos en el interior del país, que concluyen con la masacre de miembros de clanes dedicados a la producción y tráfico de marihuana hacia el Brasil. No decimos que aquello esté mal, pero mientras gastan millones de guaraníes en estos procedimientos, los motochorros, peajeros, marginales adictos al crack y pistoleros a sueldo siguen matando impunemente a jóvenes en las calles de las principales ciudades del país.

Inseguridad fatal
Inseguridad fatalCaló, ABC Color

Al mismo tiempo, criminales envalentonados por la ineficiencia y nula presencia de los organismos de seguridad se atreven a tomar ciudades enteras para saquear bancos y financieras, dejando en ridículo a la Policía y a sus principales autoridades, que ni siquiera se inmutan ante estos hechos porque saben que sus cargos están asegurados por los padrinos políticos. Estos sostendrán en sus cargos a los comisarios amigos, pese a que ello represente la pérdida de más vidas en las calles porque estos son incapaces de elaborar y llevar a cabo proyectos de prevención de los principales crímenes que aquejan a la ciudadanía.

Actualmente, existen sectores de la capital y otras ciudades aledañas donde las personas ya no pueden disfrutar de un paseo en las plazas o sentarse tranquilamente en la vereda de sus casas para contemplar el crepúsculo por miedo a ser víctimas de los motochorros.

Para muestra un botón, dice el dicho; en la noche del miércoles 10 de julio último, el joven veterinario Carlos Emmanuel Ortiz Haceitel (27) fue emboscado y asesinado cobardemente por dos motochorros, que lo emboscaron sobre una calle del barrio Calle’i de San Lorenzo, cuando regresaba caminando a su casa tras una larga jornada laboral. Una cámara de seguridad instalada en las inmediaciones filmó el alevoso crimen registrado en la desolada calle. Como buitres los criminales se abalanzaron sobre la víctima, que al intentar defenderse fue baleado a quemarropa por uno de los motochorros con un revólver 32. El herido corrió unos metros pidiendo socorro y cayó muerto sobre la vereda, en tanto los delincuentes escaparon con las manos vacías dejando enlutada a toda una comunidad.

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Dos días después, policías encabezados por el propio viceministro de Seguridad, Hugo Sosa Pasmor, desplegaron un aparatoso operativo con apoyo de helicópteros en la zona de Capitán Bado, frontera con el Brasil, donde capturaron al productor marihuanero Fredy Ariel Irala Fernández, alias Lico’i, y abatieron a dos de sus capangas.

En simultáneo, vecinos del barrio Calle’i de la ciudad universitaria se vieron obligados a salir a las calles y manifestarse para pedir justicia y la captura de los responsables de la muerte del joven veterinario, una de las tantas víctimas de la ineficiencia de la seguridad pública en nuestro país. Mientras, la práctica del sicariato se ha extendido desde la frontera con el Brasil hacia la capital sin control. Pistoleros a sueldo atacan a tiros a sus víctimas y luego huyen sin ser molestados ni siquiera por los uniformados que deberían estar custodiando en las calles.

brlopez@abc.com.py

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