Debe dejar enseñanza

El tragicómico caso del actor baleado por un policía, durante la grabación de un comercial que justamente evocaba un asalto, ya que no resultó fatal, al menos debe servir para dejar una profunda enseñanza.

Iván Enrique Marcet Báez, baleado por un policía.
Iván Enrique Marcet Báez, baleado por un policía.Archivo, ABC Color

El insólito suceso ocurrió el miércoles de tarde en Fernando de la Mora, cuando el actor Iván Enrique Marcet Báez (33 años) acusó un tiro en la pierna al ser atacado por el policía Jorge Luis González Pintos (32).

El agente, quien estaba libre de servicio, reaccionó al ver a dos hombres con cascos y armados saliendo de un negocio. Lógicamente, aplicó sus conocimientos y repelió una acción de peligro.

Lo único que el efectivo no sabía es que el asalto que presenció era ficticio y que formaba parte de la grabación de una publicidad.

Para suerte de todos, es decir, del policía, del actor, de los compañeros de este y hasta del Ministerio Público, fue solo una herida superficial.

El hecho de ser algo “leve” colaboró para que la fiscala Ruth Benítez prácticamente liquidara el caso aplicando simplemente el sentido común, al invocar el artículo 25 del Código Penal, que habla de la inexigibilidad de otra conducta.

Este artículo detalla que el que realizara un hecho antijurídico para rechazar o desviar de sí mismo, de un pariente o de otra persona allegada a él, un peligro presente para su vida, su integridad física o su libertad, será eximido de pena cuando, atendidas todas las circunstancias, no le haya sido exigible otra conducta.

Sin embargo, qué distinto hubiese sido el panorama si el actor moría a manos del policía. Pero en ese hipotético desenlace fatal, ¿a quién culparíamos?, ¿quién sería el responsable de lo sucedido?

Por un lado, está el policía que disparó. Como dijimos, él actuó como tenía que actuar, en cumplimiento de su rol constitucional. No tenía por qué saber que era un simulacro, si nadie le avisó.

Por otra parte, están el actor herido y sus compañeros de la productora encargada de la grabación. Los entusiastas jóvenes también cumplieron el protocolo al comunicar de la filmación a la comisaría jurisdiccional y asegurarse de tener carteles indicadores en el perímetro del rodaje.

Entonces, ¿quién falló? Pues a falta de una resolución de la investigación, todo apuntaría a la comisaría de Fernando de la Mora, que no estaba resguardando la escena en el momento del tiroteo. Sin embargo, la citada unidad también tiene su excusa perfecta, ya que hubo un personal acompañando a los actores durante toda la mañana, aunque después se retiró la cobertura policial al extenderse la filmación.

Ya que no terminó en tragedia, este tragicómico suceso tendría que servir para que las comisarías presten más atención a este tipo de actividades y para que las productoras comerciales cuiden más los detalles de los rodajes.

ileguizamon@abc.com.py