A un año de la muerte de los dos primeros militares

Hoy se recuerda el primer aniversario de la muerte del sargento 1° Técnico de la Fuerza Aérea César Antonio Fernández Carballo (29) y del teniente 1° de Ingeniería del Ejército Mario Francisco Ávalos Cañete (34), los dos primeros militares de los cinco caídos hasta ahora en el combate a los grupos terroristas Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) y Agrupación Campesina Armada (ACA), en la zona Norte del país. Aquel fallido operativo, llevado a cabo en el asentamiento Núcleo 5 de la localidad horqueteña de Arroyito, significó el primero de la serie de fatales errores que cometieron los efectivos castrenses que lideran la Fuerza de Tarea Conjunta (FTC).

https://cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com/abccolor/ONOQN746FBGP7HELEJUISLEH3E.jpg

Corrían los primeros minutos de la madrugada del domingo 8 de diciembre de 2013 y mientras miles de devotos de todos los puntos del país peregrinaban hacia el Santuario de la Virgen de Caacupé, un grupo de 25 militares de la Fuerza de Tarea Conjunta (FTC) rodeaba en medio de la oscuridad el campamento del grupo criminal entonces conocido como “Segundo Cuerpo” del EPP.

El comando de la FTC monitoreaba la operación en curso, a través de una frecuencia de radio abierta, desde la comisaría 13ª de Arroyito, en el kilómetro 75 de la Ruta V “Gral. Bernardino Caballero”, a 15 kilómetros del objetivo.

El comandante del grupo de combate era el teniente 1° Mario Francisco Ávalos, quien estaba en la primera fila de la columna junto al sargento 1° César Antonio Fernández Carballo.

Las coordenadas de la posición exacta de los criminales se había anclado en un sector boscoso del asentamiento Núcleo 5 de la localidad de Arroyito, a 250 metros del camino rural interno.

La cúpula de la FTC iba guiando por radio a la patrulla militar hasta que, repentinamente, los delincuentes y los uniformados aparecían en el monitor exactamente en el mismo punto geográfico.
Aparentemente, lo que ocurrió en ese momento fue que, casi sin sospecharlo, los militares ya habían llegado al campamento de los terroristas, pero ni con los visores nocturnos lo habían notado.

“¡Pejuka pe jagua!”

Según los datos, ni siquiera los precoces delincuentes del “Segundo Cuerpo” del EPP habían pillado inicialmente que los militares ya estaban sobre ellos, aunque el único que sí percibió a los efectivos fue un perro negro que hacía “guardia” en la entrada de la guarida y del cual posteriormente se encontraron hasta fotografías.

El can automáticamente empezó a ladrar insistentemente y delató a los militares, lo que a su vez también alertó a los criminales que se prepararon para un inminente enfrentamiento.

“¡Pejuka pe jagua, pejuka pe jagua!” (“¡maten a ese perro!”), era la orden impartida desde el centro de operaciones al comando que ejecutaba la misión.

Entonces, en cuestión de segundos, se desató un tiroteo que no duró más de dos minutos.

Militares, policías y funcionarios de la Fiscalía que estaban atentos al transmisor se preguntaban unos a otros qué había pasado, ya que la comunicación se interrumpió abruptamente.

La noticia menos esperada

Luego de varios intentos fallidos por restablecer la comunicación, finalmente un sargento se animó a modular por la radio, pero sus primeras palabras no eran las esperadas.

“¡Mi general, tenemos dos caídos. Repito, tenemos dos caídos!”, fue el devastador reporte al general de división ahora retirado Mario Restituto González Benítez, entonces comandante de la FTC.

Y, efectivamente, los dos militares del frente, el teniente 1° Ávalos y el sargento 1° Fernández, habían caído malheridos en el monte.

Pese a los intentos por salvar la vida del sargento, este murió en el mismo lugar, en tanto que el teniente 1° fue auxiliado ya casi sin esperanzas ciertas de recuperación, debido a los disparos de fusil que le destrozaron el cuerpo.

Ávalos finalmente falleció el 16 de enero de este año, en el Hospital Militar de Asunción, adonde ya llegó casi sin signos de vida cinco semanas antes.

César Antonio dejó una hermosa familia, compuesta por su pareja, una oficial también de la Fuerza Aérea, los hijos de esta y, hasta como un designio del destino, un bebé que en aquel entonces estaba aún en gestación.

Mario Francisco, por su parte, también dejó una esposa civil y una hija menor, con quienes vivía en Ypané.

Lo que realmente habría pasado

De acuerdo con todos los datos y testimonios recogidos y chequeados, lo que realmente habría pasado aquella fatídica madrugada fue que los militares habían arribado al campamento de los terroristas sin notar que estos últimos los estaban esperando para una emboscada.

Los ladridos del perro expusieron aún más a los uniformados, ya que delataron su posición exacta, lo que facilitó a los maleantes disparar hacia un blanco más seguro, debido a que en la oscuridad prácticamente no se veía nada.

En medio del confuso tiroteo, aparentemente los militares que estaban en la parte trasera de la fila también dispararon sin un blanco efectivo, casi a ciegas.

Es muy probable que al menos el teniente 1° Mario Francisco Ávalos Cañete haya sido muerto por sus propios compañeros, según el calibre del arma que acabó con su vida.

En tanto que el sargento 1° César Antonio Fernández Carballo casi con certeza absoluta fue asesinado por los delincuentes, entre otras armas, con un rifle calibre 22.

“Segundo Cuerpo”, hoy ACA

El grupo terrorista al que se le atribuye la muerte hace un año de los militares César Antonio Fernández Carballo y Mario Francisco Ávalos Cañete se hacía llamar en aquel entonces “Segundo Cuerpo” del EPP, denotando ser una célula desprendida del Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), banda responsable de los secuestros de María Edith Bordón de Debernardi, Cecilia Mariana Cubas Gusinky (asesinada en cautiverio), Luis Alberto Lindstron Picco, Fidel Santiago Zavala Serrati, Arlan Fick Bremm y Edelio Morínigo Florenciano. Estos dos últimos siguen retenidos hasta ahora.

En la mañana del fatídico operativo en Arroyito, el 8 de diciembre de 2013, la FTC barrió la zona del enfrentamiento, pero ya no encontró a los delincuentes.

En cambio, los uniformados hallaron celulares, cámaras, pendrives, apuntes y otros elementos de los maleantes.

Las evidencias permitieron confirmar, por ejemplo, la existencia del perro que delató a la columna armada de la FTC.

También se pudo conocer la entonces composición del “Segundo Cuerpo” del EPP, que era liderado por los hermanos fugitivos Alfredo Jara Larrea y Albino Ramón Jara Larrea.

Estos eran secundados por los prófugos Rudy Ruiz Sosa, Silverio Acosta Zacarías y Luciano Argüello. En tanto que los más “reclutas” eran Marcos Ramón Ojeda Jiménez (abatido) y Rubén Darío López Fernández, quien se había escapado de la cárcel de Concepción un mes antes.

Hoy en día, el “Segundo Cuerpo” del EPP cambió de denominación, y actualmente se denomina Agrupación Campesina Armada (ACA).

ileguizamon@abc.com.py