Cinco muertos, 14 años de edad, ocho años de cárcel

El brutal asesinato de un policía, de su esposa embarazada y de un hijo y una hija de ambos, perpetrado aparentemente por un adolescente de 14 años, abrió un debate jurídico que plantea si sería suficiente castigo una hipotética condena de ocho años de cárcel, la máxima que se le puede imponer a un menor de edad en Paraguay. En Estados Unidos, por ejemplo, por este tipo de crímenes los menores de edad pueden ser juzgados como adultos.

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El dantesco asesinato múltiple se produjo en la madrugada del sábado 8 de setiembre, en una modesta vivienda del barrio San Miguel de Villarrica, la capital del departamento de Guairá, a 160 kilómetros de Asunción.

Las dos primeras víctimas del irracional ataque fueron el suboficial mayor de la Policía Nacional Hugo Armando Fariña Baeza (39 años), quien fue ejecutado con dos tiros en la cabeza mientras dormía en su cama, y la esposa de este, María Villaverde de Fariña, de 35 años, quien fue muerta de un tiro cuando descansaba en otra cama contigua. La señora estaba embarazada de cinco meses y, obviamente, la criatura que llevaba en el vientre también murió.

Uno de los hijos del matrimonio, Jesús Israel Fariña Villaverde, de 10 años, escuchó desde su habitación los tres primeros disparos y salió de su cama como para ir a ver lo que pasaba en la pieza de sus padres. Apenas entró al cuarto, también acusó un disparo. El niño, instintivamente, antepuso el brazo para defenderse, pero el proyectil le atravesó la mano y le perforó la cara. El cuerpo de este quedó en el piso, al lado de las camas en las que estaban los cadáveres de sus padres.

La otra hija de la pareja, Isabel Fariña Villaverde, quien al día siguiente debía cumplir siete años de edad, fue la última víctima del ataque.

El asesino sabía que la nena estaba en otra pieza y no quería dejar testigos vivos. Sin embargo, aparentemente el sicópata no se percató de que la niña ni siquiera llegó a despertarse cuando fueron ultimados sus padres y hermanos.

El homicida entró a la habitación de la nena y le disparó una vez, dos veces y lo hizo una última vez, pero el revólver calibre 22 que portaba no detonó, porque se habían acabado las balas.

Ante esta situación, la descontrolada mente criminal que gobernaba al asesino hizo que este tomara un cuchillo de cocina, con el que la niña de seis años fue herida una y otra vez. Ella recién despertó cuando sintió las primeras cortadas. Lloró, luchó por su vida, pero al final sucumbió. El cuerpito de la inocente criatura quedó tirado en un charco de sangre.

Con semejante saña, la familia Fariña Villaverde quedó completamente exterminada.

Las detenciones

Dos días después, la Policía localizó a un adolescente de 14 años, sobrino del matrimonio, quien prácticamente vivía con ellos en la casa donde ocurrió el quíntuple homicidio.

El chico ayudó a los investigadores a detener al comprador de la pistola calibre 9 milímetros del suboficial asesinado. El arma había sido robada de la misma casa el 28 de agosto pasado, por el mismo adolescente de 14 años, quien aparentemente la vendió para comprar drogas. De hecho, el adolescente fue echado a raíz de ello.

Luego de cuatro días de la masacre, el mismo adolescente llevó a la Policía a recuperar dos de los teléfonos llevados de la casa.

Después, el menor de edad también quedó preso, ya que se tornó casi evidente que fue él quien cometió el incomprensible homicidio múltiple. En caso de que sea cierto que el menor de 14 años fue el que mató a toda la familia, ¿sería suficiente castigo los ocho años de cárcel que le podrían imponer como condena?

Es que en Paraguay esa es la sentencia máxima posible para menores de edad, no como en Estados Unidos, por ejemplo, donde por este tipo de crímenes los que no alcanzaron la mayoría de edad pueden ser juzgados como adultos y sentenciados a cadena perpetua o incluso a muerte, en algunos estados.

Si nos ponemos en el zapato de los familiares de las cinco víctimas, claro que parecerá muy leve el castigo que le impongan al adolescente, si es que se prueba su culpabilidad. En todo caso, habría que plantear una modificación de las normas vigentes. Mientras eso no ocurra, esta es la ley que rige.

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