Descuartizamiento en Tacumbú, con trasfondo “pasional”

El dantesco crimen detectado el jueves último en la cárcel de Tacumbú, donde un convicto condenado a 19 años de encierro por un asalto fue asesinado y descuartizado por sus compañeros de celda, aparentemente obedece a una pelea que se desató por el “amor” de un travesti recluido en el penal. La tensión dentro de la principal penitenciaría se incrementa cada día más, a raíz también del hacinamiento, ya que 3.600 personas deben convivir en unas instalaciones preparadas solo para 1.200.

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El asesinato y posterior descuartizamiento se habrían producido en horas de la madrugada, pero fueron detectados recién en la mediamañana cuando los custodios de la planta baja del pabellón 5 pasaron lista de los internos y trascendió la ausencia de Favio David Mendieta Pintos.

Inmediatamente, los funcionarios penitenciarios comenzaron la búsqueda en el sector.

Tras una inspección, los vigilantes hallaron en un pasillo una bolsa de hule que contenía parte del torso de un cuerpo humano, así como restos de órganos. En el piso había manchas de sangre.

Los guardias sospecharon que podría tratarse del interno desaparecido, que en principio se creyó había logrado fugarse. No muy lejos del mismo lugar encontraron otra bolsa con la cabeza de Favio David y más órganos vitales deshechos, conforme con lo señalado.

Posteriormente, fueron localizadas las otras partes del cuerpo, siempre en el mismo pabellón.

El caso fue comunicado a la comisaría 4ª metropolitana, cuyo titular, el comisario principal Digno Vera, se presentó en el penal.

También acudieron la fiscala Milena Basualdo, de la unidad penal N° 1 de la Fiscalía Barrial N° 10, y expertos del Laboratorio Forense del Ministerio Público.

Cuatro sospechosos

El director de la cárcel de Tacumbú, Artemio Vera, informó en la tarde que cuatro convictos fueron implicados en el macabro suceso y
aislados del resto de la población penal.

Se trata de Cristian Daniel Escobar Ocampos, condenado a 12 años por homicidio doloso; Jorge Agustín Sotelo Ovelar, sentenciado a 12 años por robo; Emigdio Ovelar Morales, procesado por asalto a mano armada y homicidio doloso; y Cipriano Páez Ramírez, con una condena de 22 años por homicidio doloso y abigeato.

Este último, quien trabajaba como carnicero, habría sido el ideólogo del descuartizamiento, aunque el problema habría surgido con los otros tres involucrados, que pugnaban por un travesti encerrado en la misma prisión, aunque en otro de los pabellones, según los datos.

El motivo de la disputa

Según fuentes de la penitenciaría, el motivo de la pelea, asesinato y descuartizamiento habría sido una antigua puja por un travesti recluido en uno de los pabellones del penal.

Supuestamente, Favio David Mendieta Pintos mantenía una abierta relación desde hace varios meses con uno de los travestis de la cárcel, pero semanas atrás otro convicto se interpuso entre ellos y también comenzó una relación con el travesti, cuya identidad es mantenida en reserva.

Por celos asesinó a su “rival”

Movido por los celos, Favio David justamente asesinó de varias puñaladas a su “rival”, que aparentemente integraba el grupo de los otros cuatro reos que ahora tomaron venganza.

El crimen fue detalladamente planificado y ejecutado.

Los autores del hecho esperaron que los guardacárceles llavearan el portón del pabellón, que a partir de la tarde queda clausurado y sin custodios adentro.

Los cuatro supuestos implicados aguardaron pacientemente que Favio David Mendieta Pintos durmiera, lo habrían sacado de su celda y lo asesinaron a machetazos.

Posteriormente, para evitar ser descubiertos, comenzaron a cercenar su cuerpo.

Primero le cortaron los miembros, después lo despellejaron y hasta esparcieron sus restos por todo el pabellón.

El macabro suceso habría ocurrido frente a decenas de internos, aunque nadie se anima a hablar, imponiéndose así la ley del silencio obligatorio dentro de la prisión.

Dentro de la basura

Según las conjeturas, los asesinos pretendían hacer creer una fuga de la víctima, por lo que habrían optado por descuartizarlo.

Incluso, tenían trazado un plan para introducir sus restos dentro de bolsas de hule que iban a ser tiradas entre la basura acumulada en el sector.

Si el plan resultaba, las autoridades iban a creer que el convicto se había fugado, aunque nunca iba a ser recapturado.

Así, los autores desviarían las sospechas, ya que sin cuerpo, no hay evidencia.

Sin embargo, el maquiavélico plan no funcionó, los restos humanos fueron hallados, los supuestos autores identificados y aislados del resto de la población penal.

De este modo, se consumó uno de los más atroces crímenes registrados hasta ahora en la cárcel de Tacumbú.

Condenado por sonado asalto

Favio David Mendieta Pintos o Sergio Giménez fue sentenciado por un mortal asalto dentro de un bus, en el departamento de Cordillera, ocurrido en la madrugada del 14 de agosto de 2001.

El sonado caso tuvo amplia repercusión en la época, ya que un policía que viajaba como pasajero se enfrentó a tiros con la banda, abortó el ilícito y además mató a uno de los delincuentes.

La crónica de nuestro diario sobre aquel caso, que salió a circulación en la página 46 del miércoles 15 de agosto de 2001, recuerda que un malviviente murió y otras cuatro personas fueron heridas en un asalto registrado en el interior de un autobús en Eusebio Ayala. Un policía se enfrentó a los asaltantes y fue herido. Aun así mató a uno de ellos y abortó el golpe.

El fallecido resultó ser Alcides César Giménez (29), domiciliado en La Pastora, quien cuenta con frondosos antecedentes y con prohibición de salida del país por orden judicial.

Resultó herido en la balacera el suboficial ayudante Isidro Alvarenga (36), comisionado en el departamento de Delitos Económicos y Financieros de la Policía, quien en arriesgada acción consiguió abortar el atraco.

También fueron baleados Jorge Argüello Cuevas (18), uno de los pasajeros; Cristian Javier Álvarez Santander (18), guarda de la unidad de transportes de la empresa Beato Roque González de Santacruz, en la que se produjo el tiroteo, y Favio David Mendieta Pintos (20), presunto delincuente.

Este fue detenido al igual que Carlos Velázquez Vázquez (26) y Hugo Alcides Basualdo Ortega (19).

Según fuentes oficiales, el caso se produjo a las 00:30 a la altura del kilómetro 68 de la Ruta II, jurisdicción de Eusebio Ayala. Cuatro sujetos que iban como pasajeros intentaron perpetrar el atraco armados con revólveres y a cara descubierta.

El suboficial Alvarenga, quien iba de civil, se percató del caso y alteó con su arma a los delincuentes. En ese momento en el interior del ómnibus se produjo una infernal balacera que derivó en la muerte del delincuente y la herida de otras cuatro personas, entre ellos uno de los facinerosos.

Cuando se acabaron las balas a los delincuentes, el policía pudo reducir a los marginales.

Sentenciado a 19 años de prisión

Los tres procesados – Carlos Velázquez Vázquez, Favio David Mendieta Pintos y Hugo Alcides Basualdo Ortega– fueron condenados el 26 de junio de 2002 a 20, 19 y 18 años de cárcel, respectivamente, tras ser declarados culpables del sangriento atraco al ómnibus de la empresa Beato Roque González de Santacruz.

La sentencia, dictada por el juez de liquidación y sentencia, Carlos Ortiz Barrios, comprobó la existencia del delito de robo con resultado de muerte y lesión grave.

Mendieta y Basualdo tendrán sus penas compurgadas en agosto del 2020 y 2019, respectivamente, mientras que Velázquez deberá permanecer preso hasta el 2021.

Condecorado y luego asesinado

En la publicación de ABC sobre aquel sonado caso de asalto a un bus, se resaltaba la arriesgada acción del policía Isidro Alvarenga, quien fue condecorado por su valentía y por salvar la vida de los otros 18 pasajeros que viajaban en el micro.

Sin embargo, el uniformado falleció trágicamente el 5 de marzo de 2003, un año y medio después de la balacera dentro del micro.

El suboficial ayudante Isidro Alvarenga murió de dos balazos en el pecho en 15 de Agosto y Haedo del microcentro capitalino.

El crimen fue perpetrado a las 02:30 por dos maleantes que segundos antes habían asaltado a una persona en la misma zona y que se encontraron con el agente cuando huían a pie.

Aparentemente, el policía exhibió su placa a los maleantes, quienes le dispararon sin mediar palabras. Posteriormente, robaron su plaqueta, abordaron un taxi y huyeron hacia la Chacarita.

Revelación sorprendente

Gran confusión generó la revelación que hizo el exconvicto Antonio Ortega Giménez (29), hermano del reo asesinado y descuartizado en Tacumbú, quien dijo que la víctima no se llamaba Favio David Mendieta Pintos, sino que su verdadero nombre era Sergio Giménez.

“Yo voy a contar la verdad ya ahora. Mi hermano no se llamaba Favio; se llamaba Sergio Giménez. Nosotros somos hermanos de madre y él siempre mintió sobre su verdadera identidad”, dijo.

Esta aseveración generó confusión entre las autoridades judiciales, ya que resulta llamativo que el delincuente haya sido condenado con una identidad que supuestamente no le correspondía.

Sin embargo, ahora resta indagar sobre la verdadera identidad del fallecido, porque de confirmarse que en realidad de llamaba Sergio Giménez y que tenía 36 años, sería un grosero error del sistema judicial que sentenció a una persona sin precisar su nombre.

De todos modos, en los registros de la Policía figura una persona con el nombre de Favio David Mendieta Pintos, que incluso tiene una cédula número 3.173.922.

De acuerdo con los registros oficiales, Favio David Mendieta Pintos nació el 8 de setiembre de 1980 en la entonces ciudad Presidente Stroessner, hoy Ciudad del Este.

Otro hermano del fallecido, Luis Alberto Giménez (34), quien también está preso en el mismo pabellón, se halla condenado por un caso de robo agravado y en muy poco tiempo recuperaría su libertad, según fuentes del penal de Tacumbú.

A diferencia de su hermano, Luis Alberto mantiene una conducta tranquila dentro de la población penitenciaria.

ileguizamon@abc.com.py