Fue dado de baja, pero lo readmitieron en la Policía

El suboficial ayudante Ricardo Héctor Giménez Chamorro, detenido por balear en la cabeza a un aspirante que este fin de año también debía jurar como suboficial ayudante, ya había sido dado de baja de la Policía en 2014, pero increíblemente las autoridades de la institución ignoraron sus antecedentes, lo readmitieron y le volvieron a dar un arma de fuego.

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El protagonista de este nuevo caso de “gatillo fácil”, el pedrojuanino Ricardo Héctor Giménez Chamorro, de 26 años de edad, se desempeñaba durante los últimos dos meses como personal del departamento de Seguridad Urbana y Turística de Asunción.

Fue desde que se recibió por segunda vez como suboficial ayudante, tras culminar en diciembre pasado el curso de dos años en el Colegio de Policía “Sargento Ayudante José Merlo Saravia” de Capiatá.

El viernes 16 de marzo pasado, Ricardo fue a recoger del mismo Colegio de Policía de Capiatá a dos de sus compueblanos, Edison Rodrigo Pérez Aguilar, de 26 años, y Deibid Iván Cañiza Rivas, de 22 años, quienes salieron de franco, como cada fin de semana. Estos dos últimos, a su vez, son aspirantes del segundo y último año de la carrera policial, tras lo cual también deben egresarse como suboficiales ayudantes en este fin de año.

El suboficial recién egresado y los dos aspirantes a suboficial abordaron un automóvil Toyota Allex blanco, con chapa BRY 019, que estaba a cargo de Richard David Delvalle Reyes, de 22 años, quien también es aspirante del segundo año del Colegio de Policía.

Descontrolado paseo

Los cuatro jóvenes empezaron a recorrer en el vehículo y a tomar cerveza, hasta que el paseo se descontroló en los primeros minutos de la madrugada del sábado 17 de marzo, cuando el agente Ricardo Héctor Giménez Chamorro empezó a hacer disparos “al aire”, desde adentro del coche.

Los tiros fueron efectuados con una pistola Glock, calibre 9 milímetros, que la propia institución policial le proporcionó a Giménez para desempeñar su rol constitucional de garantizar la seguridad de la ciudadanía.

Según los datos, el aspirante Delvalle manejaba el coche. A su lado iba su compañero Pérez.

En el asiento trasero estaban el aspirante Cañiza (detrás del chofer) y el suboficial Giménez (detrás del copiloto).

En un momento dado, el suboficial Giménez sacó el brazo por la ventanilla y volvió a disparar al aire, con el vehículo en desplazamiento, conforme a los datos recabados.

Se le “escapó” un disparo

Pero cuando metió de nuevo su brazo, supuestamente a Giménez se le escapó otro disparo que dio en la cabeza de su amigo y compueblano, el aspirante Pérez, quien estaba sentado en el asiento del frente, al lado del conductor.

Intervinieron los efectivos de la comisaría 8° Central de Capiatá, ya que el suceso que se produjo cerca del ramal que une esta ciudad con Areguá.

Después de balear al aspirante, el suboficial ayudante tuvo que ser reducido y desarmado a la fuerza y esposado incluso dentro del calabozo de la comisaría, porque estaba totalmente descontrolado, debido a la borrachera, según consignaron los propios efectivos que participaron del operativo.

El agente “gatillo fácil” ya se encuentra recluido en la Agrupación Especializada.

Fue dado de baja, se volvió a presentar e ingresó como si nada

El suboficial ayudante Ricardo Héctor Giménez Chamorro, procesado ahora por “gatillo fácil”, supuestamente ya tiene antecedentes por disparos en la vía pública, según fuentes de la propia Policía.

Lo más grave de todo es que si la institución policial hacía bien su trabajo, el citado agente nunca más debía haber portado un arma de fuego.

Es más, no debía pertenecer a sus filas, porque ya fue dado de baja una vez y, simplemente, volvieron a aceptarlo en el cuadro de suboficiales.

El responsable directo de esta negligencia fatal es el comandante de la institución, comisario general comandante Luis Carlos Rojas Ortiz, y en cierta medida también los últimos directores del Instituto Superior de Enseñanza Policial (Isepol).

Las autoridades policiales omitieron de manera hasta criminal la foja del postulante pedrojuanino.

Resulta que Ricardo Héctor Giménez Chamorro egresó como suboficial ayudante, por primera vez, el 10 de noviembre de 2011, siempre según los datos filtrados de la propia Policía. Pero un año antes de ascender al grado superior inmediato, que es suboficial segundo, fue dado de baja por abandono de cargo, según el Decreto Nº 2096 del 18 de agosto de 2014, firmado por presidente Horacio Cartes.

Como si nada hubiera pasado, Ricardo se tomó un año sabático, en 2015, y al año siguiente, en 2016, se presentó otra vez para los exámenes de admisión en el Colegio de Policía de Capiatá.

Como era de esperarse, porque ya fue alumno, volvió a ingresar, pese a sus antecedentes, y se desempeñó como aspirante durante los años lectivos 2016 y 2017.

Es más, el 12 de enero de 2018, el mismo Horacio Cartes firmó otro decreto, el 8407, por el cual nombró a 313 nuevos suboficiales ayudantes, egresados de la promoción denominada “Comisario General Comandante (+) Mario Agustín Sapriza Nunes”, en honor al fallecido excomandante de la Policía y expresidente del club Libertad.

En esa nómina, el ahora imputado Ricardo Héctor Giménez Chamorro apareció en el casillero número 126.

Es decir, en 2014 Cartes lo echó de la Policía y en 2018 el mismo Mandatario lo readmitió en la institución.

Tras su segundo egreso como suboficial ayudante, la Policía Nacional le volvió a dar un arma al pedrojuanino, la misma con la que ahora truncó lo sueños de otro joven, quien desde este fin de año también debía vestir el mismo uniforme que su agresor.

El reglamento no lo prohibía

El director general de Talento Humano de la Policía Nacional, comisario general director Bernardino Monges Espinoza, quien fue el único que dio la cara por la institución luego del escándalo que se generó por el nuevo caso de “gatillo fácil”, admitió que el suboficial ayudante Ricardo Héctor Giménez Chamorro ya había sido dado de baja y que después fue readmitido en la institución.

En su descargo, que lo hizo en nombre del comandante Luis Rojas, Monges argumentó que el reglamento policial que estuvo vigente hasta 2017 no prohibía que los agentes dados de baja se presenten de nuevo como postulantes en la Academia de oficiales o en el Colegio de suboficiales.

La Academia de Policía “General José Eduvigis Díaz” funciona en Luque. En ella estudian los cadetes, que luego de cuatro años se reciben como oficiales.

El Colegio de Policía “Sargento Ayudante José Merlo Saravia” funciona en Capiatá. En él estudian los aspirantes, que luego de dos años se reciben como suboficiales.

El comisario Monges indicó que esa situación fue corregida con la nueva ley orgánica de la Policía, la número 5757, que entró en vigencia en agosto del año pasado.

Supuestamente, ahora ya ningún efectivo que haya sido expulsado de la institución puede ser readmitido, tal como ocurrió con el suboficial “gatillo fácil” ahora encerrado en la Agrupación Especializada.

Monges admitió que durante toda su carrera no conoció un caso similar al del suboficial Ricardo Giménez y dijo desconocer si hay otros efectivos en la misma situación, es decir, que ya fueron expulsados de las filas policiales pero que regresaron a la actividad tras postularse de nuevo.

De hecho, en la Policía hay decenas de uniformados, incluso de alta jerarquía, que ya fueron dados de baja antes, pero que de algún modo consiguieron su reincorporación.

Lamentablemente, un futuro policía tuvo que ser baleado por uno ya en actividad para que todos nos diéramos cuenta de que en dicha institución aún hay muchas cosas por corregir.

ileguizamon@abc.com.py

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