Justicia urgente

En teoría hoy se inicia el juicio oral contra el exintendente colorado de Ypejhú, Vilmar “Neneco” Acosta Marques, acusado por la Policía y la Fiscalía de ser el mandante del asesinato de nuestro compañero corresponsal Pablo Medina Velázquez (53), en un atentado ocurrido el 16 de octubre de 2014 en Villa Ygatimí y en el que también perdió la vida su acompañante Antonia Maribel Almada Chamorro (19).

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Escribo “en teoría” porque aún se teme que la defensa de “Neneco” presente cualquier chicana de última hora para evitar el inicio de la diligencia, tal como sucedió hace exactamente una semana, cuando ya debía iniciarse el juzgamiento de las sólidas pruebas que hay contra el narcopolítico.

El 16 de octubre pasado también “en teoría” tendría que haber empezado el juicio, pero esa vez no fueron “Neneco” ni sus abogados los que evitaron que el proceso se iniciara, al menos hasta donde sabemos.

Fue el propio presidente del Tribunal de Sentencia, el juez Ramón Trinidad Zelaya, el que frustró el inicio del juicio porque alegó una repentina sobrecarga de trabajo.

Casi como una bofetada cayeron las declaraciones que hizo el magistrado a la radio ABC Cardinal 730 AM, justificando la repentina suspensión del inicio del juicio.

Entre otras cosas, Trinidad dijo que como la causa contra “Neneco” prescribe recién en el año 2019, hay todavía tiempo suficiente para juzgarlo en otro momento y que mientras tanto quería dedicarse a finiquitar otros procesos que tiene pendientes en su juzgado.

Esa maniobra, a mi modesto entender, tuvo un cierto tufo a complicidad, protección o encubrimiento, depende de cómo quieran entender ustedes, amables lectores.

Lo cierto es que luego de la indignación masiva en las redes sociales y de los severos cuestionamientos contra el juez, a los cuales se adhirieron otros medios de comunicación, los otros colegas de Zelaya y que a la vez son integrantes del Tribunal de Sentencia, aparentemente sintieron una especie de vergüenza ajena, o de sí mismos, y rápidamente fijaron para hoy el inicio del esperado juicio.

Lo del magistrado Ramón Trinidad Zelaya, quien ya había sido investigado por coima cuando era fiscal, sinceramente, me dio asco. Primeramente por la manera hasta despectiva con la cual se refirió al caso del asesinato de Pablo Medina, al alegar que había tiempo hasta el año 2019 para hacer el juicio al supuesto responsable. Es decir, para él no es urgente hacer justicia.

También me provocó repulsión que nos haya querido ver la cara de estúpidos a todos los familiares, amigos y compañeros de trabajo de Pablo Medina, a quien el ahora juez conocía perfectamente porque trabajaban en la misma zona del país, es decir, en el departamento de Canindeyú.

No sé qué hubo, ni qué le prometieron a Zelaya. Pero me parece muy raro que un juez en situación de ascenso (estaba pugnando por un cargo más alto) se haya arriesgado de semejante manera para favorecer a un vulgar criminal (según la conclusión de las pesquisas), dilatando el inicio de su juzgamiento, que a su vez podría haber derivado, efectivamente, en la extinción de la causa.

Ningún crimen se justifica y todos los crímenes merecen ser castigados, pero que el juez Zelaya considerara el caso de nuestro compañero corresponsal como “uno más” de los tantos que tiene que atender, a mí me ofendió, y mucho.

No es porque Pablo haya sido mi amigo y compañero, sino porque se trata de una ocasión casi inédita en la que se puede castigar la narcopolítica, ese flagelo que tanto daño ya le causó al Paraguay. Vilmar Acosta Marques traficaba con marihuana y usaba a la política para operar impune, según la estimación de las autoridades.

De hecho, tras la muerte de Pablo Medina y Antonia Almada se había comprobado que el entonces intendente de Ypejhú repartía la hierba maldita o marihuana en una ambulancia a cargo de su municipio.

Ojalá hoy empiece el juicio a “Neneco”. Y ojalá que se haga justicia, por la memoria de Pablo y Antonia, así como de las varias otras personas asesinadas por el clan Acosta de Ypejhú.

Esta es una oportunidad magnífica para que la siempre sospechada justicia paraguaya se anote un punto con la gente de bien y castigue con dureza a un asesino.

ileguizamon@abc.com.py