La ciudadanía se convirtió en el juez más implacable

El encarcelamiento del ex fiscal general del Estado, Francisco Javier Díaz Verón, no es un caso más. Se trata de la máxima autoridad de la República que termina encerrado por corrupción.

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El antecesor de Díaz Verón, Rubén Candia Amarilla, opinó en una entrevista con ABC TV que el cargo de fiscal general del Estado es casi equiparable o incluso más poderoso que el de Presidente de la República, por el alcance y el impacto a nivel nacional.

Pero aquí es donde la historia de Díaz Verón se debe partir en dos.

Si se comprueba su enriquecimiento ilícito a partir de las ventajas que sacó estando en el privilegiado cargo, debería ser castigado con todo el peso la ley, la que él representó y juró hacer cumplir durante seis años.

En contrapartida, si se trata de una venganza política, como él y su entorno tratan de instalar, también sería muy vergonzoso que en esta época tengamos que recurrir a semejante bajeza y que para ello se tenga que utilizar todo el aparato judicial.

Suponiendo que realmente amasó una fortuna mediante sus influencias, resulta también positivo entonces que la propia institución que él dirigió sea la que ahora lo esté poniendo contra las cuerdas o, mejor dicho, tras las rejas.

Esto quiere decir que al menos en el Ministerio Público, en algunos casos, ya no hay ánimos de seguir protegiendo o encubriendo a nadie.

Pero este es también otro punto para debatir, ya que muchos se preguntan si realmente Díaz Verón estaría preso en estos momentos si es que la prensa y la ciudadanía no hubieran ejercido presión.

¿Será que sus exsubordinados se iban a atrever a procesarlo por iniciativa propia?

Como sea, por presión ciudadana o por vergüenza propia, es digno celebrar que nuestra Justicia se esté despertando, que empiece a actuar de manera imparcial (en algunos casos) y, por sobre todo, que esté madurando.

Al caso de Díaz Verón hay que sumarle el del ahora exdiputado José María Ibáñez, quien luego de ser salvado por sus colegas cómplices se vio obligado a renunciar debido a la movilización ciudadana.

Y conste que Ibáñez la sacó barata, ya que el robo que admitió haber cometido es más repudiable porque lo hizo en perjuicio de las arcas del Estado y en el ejercicio de sus funciones como representante del pueblo.

¿Quién será el siguiente en caer? ¿Óscar González Daher? Puede ser. Pero si el eterno senador colorado cae, no será por iniciativa de la Fiscalía, sino gracias a ese puñado de personas que hace casi tres semanas resiste estoicamente frente a la residencia del político, en Luque, aguantando el calor, después el frío y hasta la lluvia, pero siempre firme con sus escraches.

Si el escrache es el mejor castigo para los corruptos, ojalá todo el país se uniera a las movilizaciones. Y si solamente los escraches sirven para movilizar a los operadores de la justicia, pues que sigan. Solo así, las raíces de nuestra justicia se van a ir renovando y sus frutos madurando.

El despertar ciudadano

Sin dudas, que la gente que reclama y no calla su voz pasó a ser el juez más implacable contra los indeseables que desde hace años nos agobian con su corrupción.

ileguizamon@abc.com.py