Muchos feminicidios no se pueden prevenir

El reciente y brutal asesinato de una niña de 15 años, perpetrado por su exnovio de apenas 18 años, en Villarrica, una vez más, nos conduce a la ya gastada pregunta de ¿qué nos pasa como sociedad?

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Hace tres días, ocurrió otro crimen de una madre de familia, en Santa Rita, con un tono incluso más salvaje que el anterior citado.

No hay que olvidar tampoco el cobarde acribillamiento de la secretaria de la Junta de Saneamiento de la compañía Pindolo de Areguá, a manos del tesorero de la institución, en un ataque que quedó grabado en vídeo.

En lo que va del año, la cifra de mujeres asesinadas ya supera el medio centenar. Lo peor es que esta maldita epidemia, que se inició hace unos cinco años, parece que no va a tener un fin inmediato.

Tras cada feminicidio, todos reaccionamos espantados y tal vez impotentes por no poder contener esta ola asesina machista.

Pero hay algo aun peor: la mayoría de los feminicidios, lastimosamente, no se pueden prevenir, es decir, aunque duela decirlo son inevitables.

Muchas mujeres no estarán de acuerdo con dicha postura, pero les quiero explicar por qué.

Tomemos un ejemplo: Juana denuncia a su concubino Pedro por violencia doméstica. Un juez emite una orden de alejamiento y Pedro sale obligado de la casa, aunque sigue hostigando a su expareja.

Hasta ahí, el protocolo fue aplicado correctamente. Sin embargo, qué pasa en la siguiente etapa del caso.

Pues resulta que pasaron los días y después las semanas. El caso parece haberse enfriado, pero Pedro sigue enojado contra Juana y planea cobrar venganza.

Pedro está tramando el asesinato de Juana, pero lastimosamente las autoridades de la Policía, la Fiscalía y el Poder Judicial no pueden saber cuándo se va a llevar a cabo ese ataque.

Ahí radica el principal problema. No hay una política efectiva para seguir estos casos. No hay suficientes policías para cuidar a cada denunciante ni para seguir todo el tiempo a los violentos denunciados.

Entonces, ¿qué se puede hacer? ¿A quién tendríamos que reclamar?

Al comandante de la Policía no le podemos pedir que asigne a un policía en cada hogar con problemas. A los fiscales y jueces no les podemos exigir que metan presos a todos los hombres agresivos, porque se llenarían las cárceles. Lo cierto es que, al menos a mí, no se me ocurre una manera eficaz de prevenir estos casos, que más bien se producen por la educación deficiente, la carencia de valores y la mentalidad retrógrada de muchos. Lo único que se podría hacer es iniciar una campaña de educación, que va a rendir sus frutos tal vez recién en cinco o diez años.

Lastimosamente, más mujeres van a seguir muriendo y más hombres van a terminar presos. Pero con esto último no le devuelven la vida a las víctimas. Muchos podrán diferir en posturas, pero ojalá muy pronto alguien no solo opine, sino que aporte una verdadera solución y que sea inmediata.

ileguizamon@abc.com.py