¡Oh! ¿Y ahora, quién podrá defendernos?

La encarnizada lucha que se acentuó esta última semana por el cargo de comandante de la Policía, de seguro, no va a terminar bien. Y lo más seguro es que los perjudicados vamos a ser los ciudadanos comunes.

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La puja por el codiciado puesto se inició cuando un comisario general que era uno de los serios candidatos quedó fuera de combate luego de que, de la nada, sus propios camaradas filtraran un video de hace cuatro años, en el que se ve al citado uniformado aceptando un fajo de dinero para los gastos de un desalojo.

Después se llevó a cabo la tan comentada conferencia de prensa de un jefe narco recluido en la Agrupación Especializada. El criminal brasileño aceptó ser de todo, asesino, narcotraficante y vendedor de armas, menos terrorista. Pero su intervención más importante fue cuando acusó a otro comisario general de cobrarle por protección. El denunciado resultó ser otro mencionado como posible comandante.

Este último, a su vez, molesto porque interpretó como que la conferencia de prensa fue una maniobra deliberada para ensuciarlo y sacarlo del camino, difundió al día siguiente un video ultra sensible, en el que se ve a cinco criminales brasileños amenazando a la fiscala general del Estado. Esas imágenes, en teoría, no debían difundirse para evitar una psicosis innecesaria. 

La contraofensiva no terminó ahí, ya que después, coincidentemente, se viralizó también un audio de un supuesto narco brasileño que asegura haber pagado 70.000 dólares a un comisario, que muchos dieron a entender es el subcomandante. Este último, lógicamente, es el hipotético sucesor natural del comandante.

El ministro del Interior, por su lado, insinuó que la evidente guerra entre los comisarios generales de la Policía es solo una percepción imaginaria de la prensa y trató de apaciguar los ánimos anunciando la apertura de investigaciones internas.

En lo que a mí respecta, no me importa mucho que se ventilen los trapos sucios entre los miembros de la cúpula policial.

No me interesa que uno trate de sacarle el puesto al otro o que quieran conservar sus cargos en detrimento de sus colegas y camaradas.

Lo que realmente me interesa y me preocupa es que mientras estos comisarios se pelean entre ellos nosotros los comunes quedamos vulnerables ante la cada vez más agobiante inseguridad. 

Lo que me molesta es que estos comisarios en puja se distraigan de su obligación de cuidarnos y de garantizar nuestra seguridad, algo que para eso se les paga, y muy bien por cierto.

Mientras ellos se sacaban un ojo por sentarse en la silla del otro, un joven de 22 años era asesinado por motochorros, en Mariano Roque Alonso, por citar uno de los últimos ejemplos de inseguridad.

Si así seguimos, ya que la Policía no nos cuida, no nos va a quedar otra más que pedir socorro, por ejemplo, al Chapulín Colorado, quien por lo menos sí responde cada vez que lo invocan con la famosa frase “¡Oh! ¿Y ahora, quién podrá defendernos?”.

fulano@abc.com.py