“Policía violador”, ahora cada vez más enredado

La situación procesal del policía Osmar Darío González Caballero (36) se complicó aún más esta última semana, con la aparición de más denuncias en su contra por asaltos, violaciones y asesinatos. El agente aparece ahora cada vez más enredado, ya que mientras su abogada plantea insistentemente su traslado por seguridad de Tacumbú a la Agrupación Especializada, sus supuestas víctimas ganan coraje y se animan a denunciarlo. Lo peor para el uniformado es que todas las pruebas coinciden y lo involucran casi irrefutablemente.

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El suboficial inspector Osmar Darío González Caballero fue capturado a últimas horas de la tarde del miércoles 18 de abril pasado, supuestamente al intentar huir de la comisaría 6ª Metropolitana, donde se desempeñaba como jefe de la brigada de investigaciones.

El agente fue reconocido casualmente en su propia unidad, por dos peluqueras, de 43 y 26 años, violadas esa mañana durante un asalto en su local denominado “Betty Coiffure”, ubicado en Alfredo Seiferheld casi Santa Cruz de la Sierra del barrio Recoleta de Asunción.

Según el relato de las víctimas a la Policía, el agente ingresó a la peluquería a las 09:45 y redujo a punta de arma de fuego a la joven de 26 años, a quien la obligó a desnudarse y la encerró en el baño.

En ese momento, llegó la propietaria del negocio, de 43 años, quien también fue desnudada y sometida.

El auto del uniformado, un Toyota color plata, fue fotografiado por los familiares de las víctimas, ya que en un momento dado pudieron avisar vía celular lo que estaba pasando adentro. Las fotos del rodado fueron determinantes luego para la identificación del sospechoso. Además, dentro del coche se encontraron algunas evidencias robadas.

Farmacéutica

La segunda denuncia contra el policía fue radicada casi inmediatamente después de su detención por una farmacéutica de 41 años, quien también lo identificó como el autor de la violación que sufrió en su negocio del barrio San Miguel de San Lorenzo, en la mañana del 15 de setiembre de 2011, en presencia de sus dos hijos menores.

La farmacéutica había manifestado que el policía llegó uniformado y que pidió que le aplicara un inyectable, pero que la mujer no le quiso abrir la reja. Ante la insistencia del efectivo, quien alegó intensos dolores en la cadera, la mujer lo dejó pasar, pero mientras preparaba el inyectable la encañonó con un arma. Posteriormente, la condujo hasta su habitación y aprovechando que su marido no estaba la sometió sexualmente.

El fiscal de este caso, Julio César Ortiz, dijo que tienen certeza absoluta de la autoría del agente y reveló incluso que la víctima tenía entre sus brazos a su hijo de dos años mientras era violada, ya que el policía amenazaba con matar a la criatura si no accedía. En ese momento, también llegó de la escuela la otra hija de ocho años de la mujer, quien sorprendió al efectivo.

Finalmente, el criminal huyó con G. 1 millón en efectivo y un módem de Claro, que fue hallado después en poder de un inspector de la Línea 30. Este contó que encontró el accesorio cerca del arroyo Mburicaó, detrás de la cárcel del Buen Pastor, justamente en la jurisdicción de la comisaría 6ª, donde prestaba servicios Osmar Caballero.

Crimen de exconvicto

Posteriormente, una mujer de Hernandarias también lo sindicó como uno de los asesinos de su hijo. La madre reveló que el uniformado lo mató luego de que se negara a seguir robando para él y sus camaradas.

Nemesia Acosta, madre de César Arnaldo Benítez, muerto en noviembre de 2008, ratificó ante la fiscalía que su hijo fue asesinado por el suboficial Osmar González y el camarada de este, Joselino González, quienes en ese tiempo prestaban servicios en la comisaría 5ª de Hernandarias.

Acosta dijo que su hijo escribió en un papel el nombre de los dos agentes policiales, mencionando que si era asesinado, los responsables serían ellos.

La madre alegó que no los habían denunciado hasta ahora por temor. La mujer dijo que reconoció al suboficial a través de la televisión, cuando apareció en los noticiarios tras ser detenido.

En ese lapso, el uniformado habría sido trasladado en tres ocasiones.

“Te llevo, mi amor”

Después surgió una nueva denuncia de una menor de 17 años, que contó que fue violada por el policía en la noche del 7 de febrero pasado, luego de que la alzara a punta de pistola a su auto, mientras esperaba colectivo en el barrio Nazaret de Asunción.

De acuerdo a la investigación de la fiscalía, a las 23:00 del referido día, la mujer aguardaba un ómnibus en República Argentina y Dr. Agustín Goiburú, cuando pasó por el lugar el efectivo, quien la invitó a subir a su auto.

“Te llevo, mi amor”, le habría dicho el agente, pero la joven se negó. Ante esta situación, el policía bajó con un arma y la obligó a que suba al rodado, según la denuncia.

Ya en el interior del coche, la maniató y comenzó a dar vueltas por el barrio, con intenciones de despistarla. Luego se detuvo y abusó de la víctima, conforme a su relato.

El fiscal Marcial Machado explicó que la joven formuló la denuncia esa misma noche y que de inmediato dispuso que levanten muestras de semen, que ahora serán comparadas con las del sospechoso.

En un hotel

Al mismo tiempo, apareció el caso de una mujer de 39 años, recepcionista de un hotel ubicado en República Argentina y Boggiani, quien fue víctima de un asalto e intento de violación en su lugar de trabajo en la madrugada del 18 de abril, solo horas antes del caso de la peluquería en el barrio Recoleta.

La trabajadora no se animó a denunciar formalmente el caso en la comisaría 11ª Metropolitana por miedo, pero los intervinientes dijeron que fue despojada de G. 200.000 y un celular. Precisamente, el mismo teléfono robado de la recepcionista fue hallado en la caseta de la comisaría 6ª Metropolitana, ubicada a cinco cuadras del hotel y que era usada por el policía Osmar González.

Según consta en el acta de procedimiento, el asaltante era un sujeto “de estatura mediana, cutis trigueño, vestimenta remera color rosado y pantalón jean oscuro”, las mismas características con la que fue descripto el policía por las peluqueras y similar a la ropa que llevaba cuando fue arrestado.

El relato de la recepcionista refiere que tras haber sido despojada de su plata y su celular, el hombre la obligó a conducirlo hacia el baño, presuntamente como para abusar de ella, pero en un descuido subió al segundo piso y se encerró en una pieza, por lo que el sujeto huyó antes de ser descubierto.

Otro asesinato

La última acusación formal contra Osmar González fue presentada ante la división Homicidios de Investigación de Delitos, por la señora Marina Marín de Aranda (56), hermana del asesinado Carlos Marín Imbert (39).

Según el escrito, el crimen se produjo el 4 de junio de 2007. El cuerpo de Carlos Marín Imbert fue hallado a un costado de la supercarretera, con dos impactos de bala en la cabeza y sin su documento de identidad.

Marina Marín de Aranda menciona en su denuncia que, inicialmente, el policía era un allegado de la familia, pero que luego terminó matando a su hermano.

“En una oportunidad, Osmar Darío González Caballero fue baleado por su concubina. En aquella ocasión mi hermano lo auxilió y lo derivó a un centro asistencial. Luego lo hospedó en su casa, le dio de comer por varios meses”, relata la señora en su escrito.

Pero tras un atraco a una casa de cambios en Santa Rita, Osmar Darío González Caballero sospechó que uno de los autores del robo fue su entonces “amigo” Carlos Marín Imbert y fue hasta la casa de este junto con otro policía. Los agentes exigieron que les entregara una parte del botín, además de un automóvil, para no ser detenido.

Carlos Marín Imbert se negó a la extorsión, aunque fue amenazado por Osmar Caballero, quien “pescó” por él por varios días frente a su casa, hasta que el hombre apareció muerto –según el escrito presentado– a un costado de la supercarretera de Itaipú.

Indignación y repudio de la ciudadanía

Tras la detención del suboficial Osmar González y las sucesivas apariciones de supuestas víctimas del uniformado, diversos sectores de la sociedad expresaron su indignación.

Por ejemplo, representantes de la Pastoral Social de la parroquia San José Obrero y de la comisión vecinal del barrio Villa Morra, se manifestaron en repudio a la violencia y la impunidad de los hechos delictivos perpetrados, especialmente por agentes del orden.

La marcha se llevó a cabo el miércoles de noche, justamente una semana después de la captura del policía en su unidad.

“La próxima víctima podés ser vos”, “No a la violencia”, “Paz, Justicia y Seguridad para nuestro Paraguay” y “Polibandis a la cárcel” rezaban algunos de los carteles expuestos durante la manifestación, que además fue acompañada con globos blancos, en señal de paz.

Aunque el policía Osmar Darío González Caballero aún sigue siendo solo sospechoso hasta que lo hallen culpable y lo condenen, todas las pruebas lo incriminan en los deleznables hechos.

Incluso, sus propios camaradas de la comisaría 6ª Metropolitana manifestaron públicamente su repudio ante los delitos atribuidos al suboficial González Caballero.

El papel de la prensa también resultó hasta ahora determinante para influir sobre la percepción de la ciudadanía con relación a este caso.

Aunque en los seis casos sindicados la fiscalía ya tomó intervención de alguna u otra manera, ahora resta que la defensa del acusado plantee una estrategia de modo a demostrar la inocencia del policía, algo seguramente difícilmente posible.

ileguizamon@abc.com.py