Que la depuración alcance a todos, sin excepción

El paso por nuestro país de Jarvis Chimenes Pavão y de Marcelo “Piloto” Pinheiro dejó al descubierto una terrible complicidad policial y penitenciaria y un esquema judicial montado no solo para protegerlos sino para que delincan desde sus cómodos lugares de reclusión.

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Da vergüenza ver cómo estos criminales hacían todo lo posible para permanecer presos en Paraguay.

La razón era muy sencilla: el único problema que tenían ambos era que estaban privados de su libertad o, por lo menos hasta donde sabemos, no salían de sus lugares de reclusión.

Ambos vivían con todas las comodidades y hasta con lujos. Accedían a todo tipo de visitas y contaban con teléfonos celulares, con los cuales dirigían sus operaciones ilegales.

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Se daban el lujo de dar entrevistas y de decir lo que querían, al punto tal que sus dichos, inclusive, eran tomados como palabra santa por algunos.

Antes que ser considerados criminales, en realidad los hacían sentir celebridades. Estos privilegios jamás habrían tenido en Brasil. 

A cambio de dinero, convertían a sus guardias en ordenanzas, lograban que los policías hagan la vista gorda a sus operaciones delincuenciales y que la Justicia se encargue de hacer todo lo posible para que permanezcan en Paraguay.

Pavão logró en nuestro país nada menos que una condena de ocho años de cárcel, lo que en esencia se tradujo en evitar durante todo ese tiempo ser llevado a Brasil y manejar el negocio del narcotráfico desde prisión.

Hasta último momento sus abogados hicieron todo lo posible para evitar la extradición. Hasta encontraron un juez que intentó impedir que Pavão sea llevado a Brasil.

Se intentó aplicar de aquello de “muerto el perro se acabó la rabia”, pero había sido Pavão no era el único problema.

Apareció un tal Piloto, uno de los líderes del grupo criminal Comando Vermelho, detenido en Cambyretá, en diciembre pasado.

Probablemente Piloto iba a pasar desapercibido si la Senad no hubiera detectado un plan de rescate y un arsenal en una casa del barrio San Vicente. Poco después la Policía halló un cochebomba en Presidente Franco, que según los investigadores iba ser utilizado para su rescate.

Como fallaron las opciones de rescate Piloto se dio el lujo de convocar a una reunión de prensa para ensuciar a policías y declararse un narco.

La estrategia de permanecer en Paraguay no funcionó porque el proceso de extradición empezaba a acelerarse, pero tampoco alertó a las autoridades de que algo peor iba a venir.

Con buen tino, la jueza Lici Teresita Sánchez prohibió su casamiento en la sede policial, pero ese mismo día Piloto recurrió a la medida más extrema: matar a una joven en su celda.

Piloto se quedó en Paraguay porque le inventaron dos procesos.

El presidente Mario Abdo Benítez tomó la posta y ordenó su expulsión, algo que hace mucho se hubiera hecho si las autoridades judiciales y fiscales no lo hubieran procesado por delitos menores a los que tenía en Brasil.

Que esta depuración continúe y alcance a los sinvergüenzas que siguieron el juego a los delincuentes.

ocaceres@abc.com.py

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