Violador serial, engendrado por una Policía desinteresada

El deleznable hecho de asalto en una peluquería y violación de dos mujeres, atribuidos al suboficial inspector de Policía Osmar Darío González Caballero (36), de la comisaría 6ª Metropolitana, desató no solo el repudio generalizado de la sociedad, sino que abrió nuevamente un debate acerca de la selectividad de la institución uniformada para incorporar a sus filas a verdaderos trastornados como este. El supuesto abusador ni siquiera aprobó un examen sicológico para ingresar a la Policía, pero igual fue admitido, lo que lleva a pensar cuántos uniformados depravados más andan con un arma por las calles.

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El uniformado está acusado de haber violado a la dueña del local, de 43 años, y a una empleada de esta, de 26 años, en un lapso de 45 minutos en que permaneció adentro, favorecido por la nula reacción de sus camaradas del Sistema 911 y la comisaría 6ª, que recibieron el desesperado pedido de auxilio de los familiares de las víctimas.

La severa omisión de la Policía, que no respondió a tiempo la llamada de auxilio, posibilitó la consumación de tan deleznable hecho contra ambas mujeres, víctimas no solo del citado efectivo, sino de un sistema de protección desinteresado e indiferente, de parte de la institución encargada de garantizar la seguridad de la ciudadanía.

Un enfermo depravado
Casi inmediatamente después de que trascendiera la violación de ambas mujeres, comenzaron a aparecer más víctimas del policía.

En San Lorenzo, una farmacéutica reconoció al suboficial inspector Osmar González como el malviviente que la asaltó en su negocio a finales de 2011 y la violó en presencia de sus hijos menores.

El fiscal Julio César Ortiz fue quien relató los detalles de este otro grave caso.
“Ella reconoció plenamente al suboficial al observarlo por la televisión. Según había declarado la señora que vive en el barrio San Miguel, el policía había ingresado a su farmacia con uniforme”, explicó Ortiz.

El agente del Ministerio Público relató que en esa ocasión el asaltante tomó del cuello a la farmacéutica y la violó frente a sus hijos, quienes luego fueron encerrados en un baño. Tras consumar el ultraje, el delincuente le robó el celular y una notebook con módem de Claro.
Días después, un sospechoso fue detenido, al ser rastreado el teléfono móvil de la víctima.
Sin embargo, el detenido fue liberado, ya que no fue reconocido por la víctima.
Coincidencia determinante
En su alegato, el procesado declaró que halló el aparato cerca del arroyo Mburicaó, en las adyacencias de la cárcel del Buen Pastor, coincidentemente en la jurisdicción de la comisaría 6ª Metropolitana, donde prestaba servicios el policía ahora imputado.
Sistema de admisión vulnerable
La detención del suboficial González Caballero, quien ya lleva 16 años dentro de las filas policiales, abre de nuevo un debate tan antiguo como gastado: el sistema de admisión en la Policía.
El citado agente reprobó en 1996 un simple test sicotécnico en Alto Paraná, donde se postuló para ingresar al cuadro de suboficiales.


Sin embargo, y pese a la recomendación de no admitirlo por ciertos patrones de conducta detectados, Osmar Darío egresó del curso y comenzó a trabajar como policía.


Es decir, la Policía está tan corrompida por dentro, que cualquiera puede ingresar, sin importar su condición. Entonces, se genera una nueva duda, acerca de cuántos otros depravados andan por las calles con un uniforme y un arma suministrados por el Estado.

Evidencias lo comprometen seriamente

La captura del suboficial Osmar Darío González Caballero, materializada por sus propias víctimas casi de forma casual, fue determinante para el curso de la investigación, ya que además permitió el hallazgo de varias evidencias que lo comprometen seriamente y hacen casi irrefutables los elementos en su contra.

Mientras el uniformado se encontraba adentro de la peluquería cometiendo los abusos, el marido de la dueña del local le sacó varias fotos al vehículo del sospechoso, que estaba estacionado afuera. Todo esto mientras esperaban la patrullera que pidieron insistentemente, pero que nunca llegó a tiempo para evitar el hecho.

Tras el ilícito, las víctimas recurrieron ante el Ministerio Público y exhibieron las fotografías del auto.

Por recomendación de la fiscala Marta Sandoval también acudieron a la comisaría 6ª Metropolitana para denunciar el hecho.

Cuando llegaron a la sede policial, los afectados observaron el mismo automóvil Toyota Runx y lo reconocieron como el usado para el atraco.

Irónicamente, mientras reclamaban a los agentes vieron salir del sitio al suboficial González Caballero como para subir a su vehículo.

El uniformado fue reconocido plenamente como el maleante que minutos antes había cometido los abusos.

El agente intentó huir, pero las víctimas le siguieron y le capturaron.

Posteriormente la comisaría fue allanada por la fiscalía y se hallaron en una de las oficinas la notebook robada, y en el auto otras evidencias, según se informó.
En una caseta
En operativos sucesivos, fueron halladas varias joyas y tres celulares robados de la peluquería “Betty Coiffure” en la caseta policial en la que el suboficial Osmar González hacía vigilancia y que está a 10 cuadras del lugar donde supuestamente cometió el asalto y abuso sexual.

El puesto de vigilancia está ubicado en República Argentina y Miguel Torres.

La llamada de auxilio

Operador: Sistema 911, buenos días.


Llamadora: Señor, le están asaltando a mi hermana en una peluquería. Por favor vengan urgente.
Operador: ¿La calle?
Llamadora: Acá en Alfredo Seiferheld 4329, por favor.

Operador: Decime la calle.

Llamadora: Alfredo Seiferheld 4329.
Operador: No le escucho señora.

Llamadora: Alfredo Seiferheld 4329. Alfredo Seiferheld 4329, por favor.

Operador: ¿Y la otra calle?
Llamadora: Casi Santa Cruz de la Sierra, es una peluquería. Por favor, le van a matar me dijo la chica por teléfono.
Operador: ¿Y cómo se llama la peluquería?

Llamadora: Betty Coiffure. Vengan por favor.
Operador: ¿Su nombre?
Llamadora: Yo soy Carmen Salcedo.

El caso, paso a paso

- Según la investigación de la Policía, a las 09:45 del miércoles último, el suboficial inspector Osmar Darío González Caballero (36), destinado en la comisaría 6ª Metropolitana, habría ingresado a la peluquería “Betty Coiffure”, ubicada en Santa Cruz de la Sierra casi Alfredo Seiferheld del barrio Recoleta de Asunción.
- A las 09:46, el supuesto “polibandi” redujo a punta de su pistola a una empleada del local, de 26 años, y la llevó a la parte posterior del salón, donde la obligó a desnudarse.


- Posteriormente, a las 09:50 aproximadamente, llegó la dueña de la peluquería, de 43 años, quien también fue rendida y desnudada.


- Con las dos mujeres controladas, el hombre optó por encerrar a la empleada en el baño, mientras se quedaba primero con la propietaria del local.


- Esta última aprovechó un mínimo descuido para tirar su celular al baño donde estaba encerrada su empleada.
- La mujer más joven, con el celular de la patrona en mano, a las 09:57 hizo la primera llamada de auxilio a una hermana de su jefa, que vive en la misma zona.


- Solo segundos después de esta llamada inicial, la hermana de la dueña de la peluquería llamó a su vez al Sistema 911 para pedir socorro a la Policía.


- Sin embargo, el operador del Sistema 911 que procesó la denuncia alertó a la patrullera M-64 de la comisaría 6ª recién a las 10:07.


- Con suficiente tiempo para violar a ambas, el solitario criminal abandonó recién a las 10:30 la peluquería, con una notebook y la cartera de la dueña.


- Los denunciantes aguardaron tanto tiempo a la Policía, que incluso pudieron sacar fotos al vehículo en que huyó el uniformado y que luego sería encontrado en su unidad.


- La primera patrullera policial arribó a la zona recién a las 10:34, luego de que el ultraje y robo se hayan materializado y con suficiente demora como para facilitar la fuga del sospechoso.

Directo a Tacumbú

El repudio generalizado que desató este caso motivó al juez Miguel Tadeo Fernández ordenar la reclusión del policía Osmar Darío González Caballero en la cárcel de Tacumbú y no en la Agrupación Especializada.

El magistrado argumentó su decisión de enviar al uniformado al penal de Tacumbú debido a la gravedad del hecho supuestamente perpetrado por el agente, ocurrido en una peluquería ubicada en el barrio Recoleta.

Esta disposición es respaldada por la Ley 222 Orgánica de la Policía Nacional, que en su artículo 51 estipula que queda a criterio del magistrado designar el lugar de reclusión de un uniformado que cometió un delito.


No hay lugar para él
El director de la Penitenciaría Nacional de Tacumbú, Artemio Vera, desde el principio se mostró a favor de remitir al policía a la Agrupación Especializada, por su condición de uniformado y por el grave hecho del que se lo acusa, y que motivó amenazas masivas de otros internos.