Lucha piel a piel

Ya en los pasajes bíblicos se describe a la lepra como la peor desgracia de un ser humano. En el siglo XXI no es la mayoría la que conoce al respecto. La Dra. Olga Aldama es dermatóloga especialista en lepra por el sanatorio San Francisco de Borja - Fontilles (Alicante, España). “Estamos trabajando como dirección de vigilancia; es decir, vigilamos la lepra a nivel país. Tenemos un hospital de atención dermatológica que depende del programa de lepra; nos ha ayudado siempre la Asociación Alemana de Ayuda al Enfermo de Lepra y Tuberculosis. Este año cumplimos 50 años”.

Olga Aldama Olmedo.
Olga Aldama Olmedo.GENTILEZA

En la ciudad poco y nada sabemos. ¿Sigue existiendo el leprosario en Sapucai?

Sí, hoy es una casa de reposo, aunque están viviendo algunos pacientes que entraron hace 60 años. La lepra es una enfermedad que antiguamente no se sabía qué la producía, no tenía cura, creaba muchas deformidades en las personas y eso alentaba la discriminación; era y es una enfermedad estigmatizada.

Los enfermos pueden vivir muchos años.

Sí, porque la lepra no te mata por lepra, sino por las complicaciones. Es una enfermedad infecciosa que hoy tiene cura. Lastimosamente, nuestro país sigue siendo endémico; estadísticamente, estamos en el 2.° lugar en Sudamérica.

¿Cómo se llega a tener esta enfermedad?

Es una infección bacteriana, pero no todo el mundo se infecta; solo los que tienen una predisposición genética. El 95 % de la población tiene inmunidad. Aun así, no podemos eliminarla en el Paraguay.

Dennos una descripción sencilla.

La lepra afecta la piel, pero también los nervios de los brazos, piernas, ojos; entonces, crea deformidades y afecta la sensibilidad. El paciente puede quedar ciego o con las manos y pies deformes, tanto por traumatismo como porque no se trata a tiempo. Los nervios se van afectando crónicamente, se inflaman, dejan de funcionar, y ahí comienzan los trastornos motores y la deformación.

¿Cómo se baraja la posibilidad de ser inmune?

Por ejemplo, si mi mamá tiene la predisposición a infectarse y mi papá no, mi inmunidad puede salir un poquito mejor; hago las formas clínicas más leves de la enfermedad. Pero también puedo heredar completamente la predisposición de mi mamá, y no tengo defensas contra la lepra y se da un cuadro exuberante.

¿Qué lugar de importancia se le da a la lepra en nuestro sistema de salud?

Alta. Tenemos la medicación específica, que son unos blísteres que provee la Organización Mundial de la Salud y recibimos como donación a través de la Organización Panamericana de la Salud-Paraguay. La gente accede de manera gratuita.

Pero no se puede erradicar.

Tenemos un gran problema con el diagnóstico tardío. La gente no piensa que tiene lepra o sabe que tiene, pero no quiere ir a consultar por temor a la discriminación. Además, los médicos tenemos que ir a controlar a toda la familia por años y los mismos pacientes se niegan a que vayamos a sus casas. Es un problema familiar y social.

Es fundamental la medicina familiar.

Sí, estamos trabajando con las APS (Atención Primaria de Salud) o las USF (Unidad de Salud de la Familia). Lo ideal es que el médico de la unidad de la salud de la familia diagnostique y trate. Como ya dije, nosotros proveemos toda la medicación.

¿Los médicos dan siempre el diagnóstico correcto?

No todos. Los dermatólogos sí. Otros, sin ser dermatólogos, ven y diagnostican; por lo menos piensan. Pero falta; por eso estoy viajando por todo el interior. Nuestra misión es capacitar a todo el personal de blanco, las USF/APS, los médicos de hospitales a nivel país.

¿Se cura la lepra por completo?

Sí, haciendo el tratamiento; las formas leves, en seis meses, y las más complicadas, en un año. Nosotros tenemos un buen porcentaje de curación de nuestros pacientes. Abandono de tratamiento tenemos muy poco, pero cuando se da, tiene que ver con las reacciones lepromatosas, que son al medicamento. Ellos creen que el medicamento les hace mal y no es así; es parte del proceso de cura.

¿Qué cree de la medicina natural, popular, tan arraigada en el interior?

Entiendo y está bien, porque todo lo que los médicos usamos tiene químicos naturales, pero hay que saber para qué funciona cada uno de ellos. Mucha gente abandona el tratamiento porque su médico ñaná le dijo que deje y siga con él. Pero puede hacer en paralelo, no hay problema, mientras tome el medicamento que le doy.

¿Cómo siente que reciben en el interior la capacitación?

Tenemos muy buena apertura por parte del personal; implementamos hace un tiempo la capacitación in situ. La gente se entusiasma. Usamos muchas fotos, les digo que tienen que mirar y pensar; si no se animan a dar el diagnóstico, que llamen al encargado regional. Estamos trabajando muy bien con mucha gente joven que le gusta lo que hace.

No debe ser fácil decirle al paciente: “Usted tiene lepra”. Será como arrojarlo a un pozo depresivo…

Sí, se deprime. En el Paraguay estamos empezando algunos proyectos para hacer tratamiento psicológico (en Brasil hay centros modelo para toda la cura de la lepra). Hasta entonces, el médico tiene que tener su método. Yo explico: “Sabés que tenés una infección de la piel que vamos a curarte; el tratamiento es gratis, vas a venir conmigo cada mes y te voy a entregar tu blíster”. Le explico todo detalladamente y al final le digo: “La gente conoce esto como enfermedad de Hansen o lepra, pero ya te expliqué que no tenés que asustarte. Y necesito controlarle a tu familia, porque tu remedio te cura, pero si estás en contacto con la persona que tiene la enfermedad, podés volver a contagiarte”.

¿Es cierto que se pueden caer pedazos del rostro?

Eso era antes, hoy ya no vemos. El problema es que, cuando la enfermedad es de larga data, reabsorbe los huesos de los dedos o el cartílago nasal y parece que se va cayendo. Aclaro que hay distintos tipos de lepra y tratamientos. Cuando es la forma contagiosa, infiltra mucho la piel, va deformando la cara, produce muchas ronchas que nunca se curan, no pican, no duelen ni se sienten.

¿Hay niños con lepra?

Tenemos actualmente 3 % en niños; el paciente más pequeño que tenemos registrado tenía 4 años. Pero si hay un niño con lepra, es porque hay un padre, un tío y conviven en la misma casa. Se da más en adultos, porque la bacteria crece muy lentamente; pueden pasar 15 o 20 años y, como no es muy infecciosa, depende más de nuestra inmunidad que de la bacteria.

Olga Aldama Olmedo

La Dra. Olga Aldama Olmedo (41) dirige el Programa Nacional de Control de la Lepra. Esta enfermedad, a pesar de poder ser curada, sigue en la lista de las no erradicadas. “Muchos la ocultan porque tienen miedo al rechazo”, dice la profesional.

Olga Aldama

Eligió dermatología como su tío y mentor, el Prof. Dr. Arnaldo Aldama. Hecha en el Paraguay, estudió siempre en instituciones públicas; culminó Medicina en la UNA Itapúa. Se especializó en lepra, en Fontilles, España; “en un sanatorio situado en un lugar paradisíaco. Era un antiguo castillo-leprocomio completamente amurallado, construido en tiempos en los que los enfermos eran alejados del mundo”, cuenta. Actualmente, se siente muy comprometida con la salud pública. Fuera de su oficio, Olga se aboca a su familia; está casada con Víctor, ingeniero informático, y tienen dos hijos: Mavi (11) y Marcelo (8). “Me relajo del trabajo saliendo a caminar y viajando; los congresos médicos son también mis vacaciones. Como médica, ahora estoy con el proyecto grande de implementar la residencia de dermatología en el hospital. No tengo ninguna frase de cabecera, pero sí dos palabras: ‘Yo puedo’, que es mi lema cada día al despertar”.

lperalta@abc.com.py

Fotos Roberto Zarza, Pixabay