Pink Floyd apareció por primera vez ante el ojo del público, en 1967, en Londres cuando lanzaron sus dos primeros sencillos: “Arnold Layne” y “See Emily Play”. El grupo estaba conformado por Nick Mason, Richard Wright, Roger Waters y Syd Barrett, principal ideólogo musical durante aquellos años. Luego del éxito de su primer álbum, “The Piper at the Gates of Dawn”, su líder enloqueció, debido al consumo excesivo de LSD y tuvo que ser remplazado por su viejo amigo David Gilmour.
Entre el 1968 y 1973 lanzaron una serie de álbumes sumamente experimentales y vanguardistas: “A Saucerful of Secrets”, “Ummaguma”, “Atom Heart Mother” y “Meddle”. En este último sería en el cual la banda encontraría su sonido con la canción titulada “Echoes”, que representaría el prólogo de “Dark Side of the Moon”, su obra más exitosa e influyente, cuyo tema central era la locura; disco que una de cada 14 personas menores de 50 años posee en el Reino Unido.
Alcanzada la cima, la banda lanzó “Wish you Were Here” y “Animals” con buenas respuestas del público. En 1979 llegaría “The Wall”, cuyo concepto era cómo los seres humanos nos aislamos de los demás para protegernos. Con un espectáculo ambicioso y una película inquietante, el grupo llegó a un punto de quiebre y luego de “The Final Cut”, Roger Waters, principal ideólogo musical en ese momento, deja a los Floyd, pero Gilmour, Mason y Wright deciden seguir sin él.
Ya convertidos en un trío, sacan dos álbumes exitosos: “A Momentary Lapse of Reason”, en 1987, y “The Division Bell”, en 1994. Luego de esto, la banda no volvería a tocar hasta 2005, cuando todos los miembros de la alineación clásica, incluido Waters, se reunieron en el Live 8. “The Endless River” es un sueño hecho realidad para todos los jóvenes fanáticos que no pudieron escuchar a Floyd por nacer en la época equivocada. ¡Salud diamante loco, nunca dejes de brillar!
Por Rubén Montiel (20 años)
