El tiempo no pasa y no cura

Para don Fidelino, el papá de Rodrigo Quintana, los días no pasan desde aquel 1 de abril en el que la Policía asesinó a su hijo disparándole por la espalda dentro de la sede del PLRA.

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“No es que pasa el tiempo, no es que se cura. Pero estamos orgullosos de él”. Así se siente Fidelino Quintana al recordar el primer aniversario de la muerte de Rodrigo Quintana Arrúa, de 25 años, pasadas las 00:00 del 1 de abril de 2017. El joven dirigente de la Juventud Liberal Radical Auténtico de La Colmena, en Paraguarí, fue asesinado por la Policía dentro de la sede del PLRA, en Asunción, en las protestas que se dieron en el centro contra la enmienda ilegal para la reelección presidencial.

Rodrigo Quintana activó en política desde los 19 años, cuando se afilió al PLRA. Su familia es de tradición liberal, dijo don Fidelino, quien se postula al senado, con escasas chances de triunfo y conocedor que su candidatura es, tal vez, testimonial.

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Don Fidelino recuerda que Rodrigo estaba trabajando en un taller de motos hasta la tarde del viernes 31 de marzo. En un momento vio la televisión cuando la Policía reprimía a sus colegas de la Juventud Liberal y a otras autoridades del partido.

Entonces llamó a su amigo y concejal de La Colmena, Diego Garcete, y acordó con él viajar hasta Asunción para participar de las manifestaciones.

Rodrigo llegó a su casa a las 16:30 y rápidamente entró a darse una ducha. Quince minutos después se despidió rápidamente de su papá y le dijo que iría a Asunción. “Hay videos en donde se les ve cantando Patria Querida en el camino de ida”, afirmó don Fidelino. “Se me quedó grabado en la cabeza cuando se despidió. Le dije que se cuide”, agregó.

Ahora, después de un año, don Fidelino vio pocos avances en el proceso democrático. “La cosa sigue igual (...) mientras siga esta gente en el poder, no vamos a avanzar. Creo que igual Rodrigo algo está aportando, porque el país está muy mal”, expresó el padre del joven asesinado.

Don Fidelino lamentó también que su nieta, la hija de Rodrigo Quintana, se haya alejado de la familia junto a su madre, la expareja del joven. “Se alejaron por cuestiones económicas. Ella... (la madre de su nieta) digamos... está vendida a Cartes. Trabaja como cajera en el Banco Nacional de Fomento hace dos meses”, lamentó.

El Congreso aprobó una pensión de G. 2.500.000 para la familia Quintana, pero don Fidelino dijo que, pese a que le ofreció la mitad del dinero a la madre de su nieta, ella no lo aceptó, por lo que él cobra el monto por completo cada mes. “Creo que se presentó otro proyecto, de un oficialista, para que también cobre ella otra pensión”, manifestó.

Sobre el acercamiento del gobierno dijo que no hubo ninguno y que al principio tanto Críspulo Sotelo, excomandante de la Policía, como el presidente Cartes intentaron comunicarse con él a través de intermediarios, pero que al negarse ambos “desaparecieron por completo”.

La casa de los Quintana, donde casi todas las paredes son azules, alberga hoy un altar dedicado a Rodrigo. Allí también está una especie de pasacalles, una gigantografía del joven montando a caballo; y otra de él sosteniendo un diploma, una foto que trascendió en los medios de comunicación. Alrededor del altar, sus hermanas y hermanos lo recuedan. De algún modo, él siempre está.

“Lo que más anhelamos los familiares de Rodrigo es que se haga justicia. Hasta ahora, el único preso es el policía que le disparó y nadie más. Los demás, los que dieron las órdenes, nada. Creo que ahora el Gobierno les premió a los policías que dieron las órdenes. Estamos luchando día a día, es muy profundo el dolor que sentimos por Rodrigo (...) Esperamos que caigan todos los autores morales del asesinato de Rodrigo”, manifestó su papá.

Felicia Arrúa, madre de Rodrigo, es una señora de palabra corta. Dice casi todo con su rostro, que parece no recomponerse del todo de aquella madrugada trágica.

“Más que justicia no puedo pedir, no puedo pedir otra cosa. No puedo recuperar a mi hijo”, dice de forma escueta. “Hasta ahora no hay intención de las autoridades (...) Él lo que hizo fue salir también de este mal, seguir sus estudios y conseguir un buen trabajo”, agregó.

Doña Felicia contó que el novenario de misas en honor a Rodrigo inició el pasado sábado 24 y se extenderá hasta el domingo 1 de abril. Otra de las cuestiones que la familia decidió fue que los restos de Quintana no serán llevados al Panteón “18 de Octubre”, en el cementerio de La Recoleta, una intención que tienen los dirigentes del PLRA.

Diego Garcete, concejal municipal de La Colmena, contó que hasta el 2015 él era un joven que “farreaba, trabajaba y estudiaba”. Fue en las Municipales de ese 2015 cuando ayudó a su amigo Garcete a llegar a la Junta Municipal local e inició su camino dentro de la política, ya afiliado al PLRA.

El edil de La Colmena dijo que es amigo de la familia Quintana desde chico y que con Rodrigo la relación de fortaleció luego de que él haya decidido incursionar en la política, ganando inclusive la presidencia de la Juventud Liberal de La Colmena.

Otra de las particularidades de Rodrigo fue que una semana antes de su fallecimiento le comentó a Garcete que quería “una oportunidad” en la arena política y que quería emular la campaña de los colorados y su logística en la campaña electoral.

En el ámbito privado, Rodrigo era una persona de escasos recursos y su expareja y madre de sus hijos lo denunció en la Codeni local por la falta de prestación de alimentos. “Siempre me decía, más de G. 50.000 no me sobra, es todo lo que tengo para darle. Él trabajaba en un taller de motos, no tenía y eso le pesaba”, dijo Garcete.

El 31 de marzo, Rodrigo ya decidió que viajaría a Asunción ya al mediodía y le pidió ayuda a Garcete, porque no tenía cómo ir. Después, el relato coincide completamente con el del padre. Eso sí: poco antes de morir, Quintana había ido a la sede del PLRA para descansar de una larga jornada tras las manifestaciones frente al Congreso.

Cuando despertó, una gran cantidad de manifestantes entró al local; y después la Policía. El resto es historia conocida.

 

 

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