Brujas de la noche

La historia de un grupo de aviadoras soviéticas que se convirtió en una pesadilla para las fuerzas nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

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Octubre de 1941. Ya habían pasado algunos meses desde que Adolf Hitler dio inicio a la “Operación Barbarossa”, la invasión de las fuerzas de la Alemania nazi a la Unión Soviética. Las fuerzas del Eje -lógicamente compuesta en su mayoría por alemanes, pero incluyendo también refuerzos de Italia, Rumania, Hungría, Eslovaquia, Croacia y Finlandia- lanzó a más de 3,8 millones de efectivos, acompañados de más de 4.300 aeronaves y 7.200 piezas de artillería, contra el Ejército Rojo de Josef Stalin.

Aunque las fuerzas soviéticas no eran ni remotamente tan débiles como Hitler creía, durante los primeros meses de la invasión -iniciada en junio-, los nazis llevaron a cabo un arrollador avance en territorio soviético, causando daños masivos a la maquinaria de guerra rusa. Hitler no solo quería dejar fuera de combate a la Unión Soviética, sino que también buscaba la erradicación del comunismo y, lógicamente, expandir el territorio del Tercer Reich.

Los nazis destrozaron las fuerzas soviéticas en puntos clave como Kiev y para octubre ya habían cumplido con casi todos sus objetivos en el área báltica y miraban ya directamente a Moscú.

Viendo la oportunidad de matar dos pájaros de un tiro, el líder soviético Josef Stalin firmó el 8 de octubre de ese año una orden ejecutiva, decretando la formación de tres escuadrones de aviación compuestos exclusivamente de mujeres, atendiendo al hecho de que sus fuerzas aéreas estaban en necesidad de recursos humanos adicionales y entendiendo que la idea de mujeres heroicas combatiendo al lado de los hombres del Ejército Rojo daría una imagen de una Unión Soviética comprometida hasta el último individuo con el objetivo de ganar; en otras palabras, sería buena propaganda.

Los escuadrones creados por esa orden fueron el Regimiento 586, de pilotos de combate con modernos cazas Yakolev Yak-1; el Regimiento 587, para operaciones de bombardeo con aeronaves bimotor, y el Regimiento 588, para bombardeos nocturnos.

A diferencia de los relativamente modernos aviones del Regimiento 586, las mujeres del 588 fueron dotadas con anticuados biplanos Polikarpov Po-2, un avión introducido en 1929 y que se empleaba principalmente como aeronave de entrenamiento para aviadores y para la fumigación de cultivos. En capacidad de combate, era infinitamente inferior a los cazas alemanes.

Sin embargo, esa gigantesca diferencia entre los biplanos del 588 y los cazas de combate nazis resultó ser, irónicamente, una gran ventaja para las rusas. Aún a su velocidad máxima, el Po-2 no podía ir más rápido que la velocidad mínima de los cazas Messerschmitt Bf 109 y Focke-Wulf Fw 190 que empleaban los alemanes; en otras palabras, los pilotos nazis no podían igualar en velocidad a las aviadoras rusas sin que sus aeronaves entren en pérdida, lo que las hacía notoriamente difíciles de derribar.

Además, resultó que los Po-2 eran perfectos para los bombardeos nocturnos. Su pequeño tamaño los hacía difíciles de ver en los cielos nocturnos y además eran extremadamente silenciosos.

Generalmente, las miembros del 588 volaban en equipos de tres, en formación. Los dos aviones de los costados atraían la atención de los reflectores de los alemanes y su fuego antiaéreo, mientras el tercer avión se acercaba sigilosamente al objetivo. Para asegurar el factor sorpresa, la piloto que se disponía a atacar paraba su motor para planear hasta hallarse en la posición de ataque y soltar sus bombas. Luego, las atacantes se reagrupaban y volvían a atacar, esta vez con otra de ellas en el medio, hasta que las tres aeronaves hayan agotado su dotación de bombas.

El efecto material de estos ataques podrá haber sido mínimo, pero el daño psicológico que traían consigo era un serio detrimento para la moral de los soldados alemanes. No solo estaban siendo atacados por mujeres, sino que estos ataques se hacían con tecnología muy inferior a la que ellos tenían y llegaban a veces de forma totalmente inesperada. Pronto, los alemanes comenzaron a comparar el sonido de los aviones atacantes con el que hace una escoba y pusieron a las pilotos rusas el mote de “Nachthexen” (“brujas de la noche”).

Nadezhda Popova, una de las “brujas”, condecorada con la medalla de Héroe de la Unión Soviética y fallecida en julio de 2013, recordó en una entrevista con The New York Times que la destreza y la precisión con la que llevaban a cabo sus ataques ocasionó que un rumor comenzara a correr entre las filas alemanas, de que las “brujas” habían sido inyectadas con un misterioso químico que les daba una visión nocturna similar a la de un felino.

Aún con la ventaja del sigilo y la enorme maniobrabilidad de sus aviones, las “brujas” enfrentaban enormes riesgos. El tamaño reducido de la cabina y la altitud de vuelo generalmente baja de sus operaciones significaban que las pilotos no llevaban paracaídas, y aunque los cazas enemigos tenían enormes dificultades para enfrentarlas en combate, aún eran muy vulnerables al fuego desde tierra. Además, sus aeronaves estaban hechas principalmente de madera y lienzo, lo que suponía que un impacto de una bala trazadora podía encender en llamas al instante al avión.

Las jóvenes aviadoras enfundadas en uniformes de segunda mano volaban sin radio, armas de fuego ni sistema de navegación por radar y debían arreglárselas con una brújula y sus mapas. Eran solamente 40 equipos de dos aviadoras y a veces cada equipo llegaba a volar hasta 18 misiones por noche.

Las “brujas” soltaron miles de toneladas de explosivos sobre líneas alemanas durante sus cuatro años de participación en el conflicto, llegando a formar parte de la ofensiva final contra Berlín en 1945.

Treinta “brujas de la noche” del Regimiento 588 murieron en combate.

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