El “desafío” de ser mujer

No es desconocido el hecho de que existen varios casos de mujeres que incursionan en “oficios de hombres”, pero es aún inevitable la extraña sensación de subir a un taxi y encontrarse con una conductora. Uno de los nueve casos en Asunción es el de Carmen.

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La jornada laboral de Carmen Rodríguez se inicia bien temprano, a las 05:30, como el de muchas otras mujeres paraguayas. Lo diferente quizás sea la llegada de esta mujer con su Toyota Tercel, con número de orden 505 y el tradicional color amarillo que caracteriza a los taxis en nuestro país. Ella es la única que acude con fines laborales a la parada Nº 10 del microcentro, al lado de la Plaza Uruguaya.

Al subir por primera vez a un taxi no conducido por un hombre, Carmen me saludó muy cordialmente y con una gran sonrisa: “Hola, mi corazón, ¿a dónde te llevo?”. Luego de responderle con el destino que tenía ese día, no pude evitar expresarle la rara sensación que sentí al ver -por vez primera- a una mujer conduciendo un taxi, a lo que posteriormente informó: “No soy la única, ya somos nueve en Asunción, pero es difícil”.

Días después, en una entrevista más distendida, Carmen comentó que diariamente es un desafío ser conductora de taxi en un país donde el machismo es predominante y que, al principio, fue lo que de cierta manera hizo que se preguntase si verdaderamente valía la pena intentar incursionar en un “oficio para hombres”. A 12 años de esto, Carmen cuenta que hoy se siente orgullosa de haber perseverado ante lo que ella denominó “trabas” por parte del sexo opuesto.

“Al comienzo fue muy difícil, incluso hasta ahora hay algunos que no aceptan que una mujer sea taxista”, dijo, para enseguida agregar que pese a esto hoy día ya pudo adaptarse a esta situación y que la discriminación de género es mucho menos acentuada que en sus inicios. Sostuvo que su escudo en los primeros tiempos fue el “arriero porte” (adaptarse a ciertas situaciones), debido a que si bien la discriminación no es explícita, los comentarios indirectos sobre su condición de pertenecer al “sexo débil” eran constantes.

A pesar de esto, Carmen dice que el hecho de ser una de las pocas que ejercen este oficio le da muchas satisfacciones, como el hecho de haber podido criar a sus tres hijos varones -de 25, 18 y 10 años- y ser independiente, “ganando mi propia platita”. “Para mí es muy satisfactorio porque les pude sacar adelante a mis hijos, además de compartir los gastos con mi pareja”, puntualizó.

Indicó que hoy día siente mucho apoyo por parte de la mayoría de sus compañeros, uno de ellos el delegado de la parada, Modesto Portillo, quien según indicó, está acostumbrado a lidiar con mujeres porque “es el único hijo hombre en su familia”. Portillo admitió que existen ciertas situaciones en las que los propios compañeros sienten cierto recelo por la preferencia que los clientes tienen hacia Carmen: “Hay veces que la gente llama pidiendo un taxi, pero sólo quieren que ella vaya y ahí de repente se siente que los otros se molestan incluso diciendo que Carmen roba los clientes”.

No es de extrañar la preferencia de ciertas personas hacia Carmen, que exhibe una sonrisa constante y un carisma inusual, pero que es sólo una mujer que como todos tiene derecho a trabajar para llevar día a día el sustento a su hogar. Esto lo consigue desde hace diez años gracias a su oficio de taxista, con el que, según sus propias expresiones, irá a la tumba.

Finalmente, dejó un mensaje para las mujeres que dicen no conseguir puestos de trabajo: “Todas las mujeres son muy capaces. La cuestión es no encontrar excusas, ponerse las pilas”. Carmen Rodríguez (50) reside en el barrio Ricardo Brugada (Chacarita), junto con su pareja y sus tres hijos.