El escritor de Tacumbú

César Pastor Martínez fue condenado a 16 años de cárcel por tráfico de drogas. Está recluido en Tacumbú desde 2006 y dice que todo este tiempo le sirvió para hacerse escritor y valorar la libertad. Ahora va por la publicación de su tercer libro.

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El equipo de ABC Color encontró a Pastor Martínez (60 años) en el patio de la zona conocida como Pabellón “Libertad”, uno de sus lugares preferidos de los últimos diez años de su vida, ya que desde 2006 está recluido en la Penitenciaría Nacional de Tacumbú y, desde entonces, no salió a la calle en ninguna ocasión. Pastor Martínez tiene vocación de periodista y de docente. Desde hace un par de años, es profesor de enseñanza primaria y de media para los reclusos que ingresan a este pabellón. “Estoy colaborando con el programa de Transformación Integral, que administra la Iglesia Concordia y que yo lo considero el pulmón de Tacumbú”, señala Martínez.

Tacumbú, cuya capacidad carceleria está sobrepasada desde hace años, es un depósito de historias humanas y de personas. Sus pasillos y pabellones están saturados de presos cuya pobreza les quita la posibilidad de tener una condena y deambulan por el lugar esperando que la Justicia se acuerde de ellos. La institución penitenciaria más importante del país no tiene un programa de reinserción con fondos propios, sino que depende de los programas administrados por las iglesias, que instalan proyectos laborales como carpintería y forraje de termos, entre otros. Una oportunidad para quienes quieren intentar gracias al interés de organizaciones privadas. 

Sobre el programa, Pastor Martínez expresa que el “Pabellón Libertad” resulta una experiencia muy importante para los reos que buscan realmente una oportunidad para la famosa “reinserción” social, que tanto se reclama al sistema penitenciario nacional pero que actualmente está muy lejos aún de cumplir con ese objetivo, a nivel general.

No obstante, hay ejemplos pequeños pero muy válidos. Es el caso de lo que se presenta en Tacumbú con el Pabellón “Libertad”, cuyo programa -financiado y manejado por la Iglesia Concordia- que tiene capacidad para 530 reclusos pero en el que están ahora mismo 540. Todos los que ingresan al programa deben estudiar o trabajar en alguno de los oficios que se ofrece, que van desde carpintería hasta forraje de termo o serigrafía. Sin embargo, hay iniciativas propias, como el caso del reo Enrique Rojas, que fabrica globo locos o carpas para camping desde el taller de este programa.

Pastor Martínez considera que la posibilidad de estudiar para los reclusos es fundamental, ya que conoció de varios casos en que, recién estando en la penitenciaría, acudieron a una escuela. “Yo, por ejemplo, me hice escritor aquí. Porque aprendí a escribir desde el corazón de Tacumbú, sobre muchas de las vivencias que pasé, sobre cada historia que viví y en la escritura encontré la forma de comunicar mis sentimientos” señala Martínez. Saca pecho, además, diciendo con que se encontró con que mucha gente hace análisis o saca conclusiones sin haber siquiera pisado alguna vez Tacumbú. "Yo no soy como esos escritores o analistas de escritorios que hacen el trabajo sin ver, sentir y palmar la realidad. Mis escritos nacen desde Tacumbú, desde lo bueno y lo muy malo que tiene este lugar", señala Martínez. 

Su primera publicación salió en 2011 con “Camino al infierno encontré el Cielo”, que trata sobre la historia de algunos reclusos, de cómo es la vida en el Penal y el constante peligro en el que viven miles de personas recluidas en la Penitenciaría. Su segundo libro, “Las calles del Chespi” se lanzó en junio de 2014 y trata principalmente de conocer la vida de los jóvenes adictos que caen en el mundo de la adicción y que ingresan a Tacumbú.  Su último material es “El trovador y las doncellas”, un libro de poemas a lanzarse en breve, en el que Martínez expone gran parte de su sensibilidad humana con respecto, siempre, a lo que sus ojos vieron en Tacumbú. 

Condenado a 16 años por tráfico de marihuana, Pastor Martínez dice que todos cometen errores y que él ya está pagando el suyo. Señala que toda persona debe tener una segunda oportunidad y que él está dispuesto a salir por la puerta grande de la Penitenciaría. Afirma también que estar diez años alejado físicamente de los seres queridos pesan demasiado. “Tengo cuatro hijos que, gracias a Dios, están progresando, estudiando, son una bendición”, señala el recluso, que además sostiene que recibe todo el apoyo de su familia.

A mediados de 2006, un operativo conocido como “Zafiro” entre agentes policiales de Paraguay y Chile desarticuló una banda que intentó traficar 2.000 kilos de marihuana entre ambos países. En la vivienda que tenía Martínez en Villa Elisa, se acondicionó parte del cargamento de droga que tenía que ser transportada. El Operativo "Zafiro" contó con un seguimiento intenso de las autoridades y todo el esquema quedó al descubierto cuando se procedía a entregar la carga, que estaba siendo vigilada por los agentes especiales. Los demás principales integrantes de la banda, como Víctor Roig Báez, Teodoro Saiz Silvera, Carlos López, Lelis Álvarez y Zunilda Roig, recibieron entre 16 y 20 años de condena.

Martínez espera que, en junio próximo, el Poder Judicial revise su caso y le puedan otorgar medidas alternativas, ya que cumplió más de la mitad de la condena y además registra muy buena conducta. Esto lo confirmó el propio director del Penal, Luis Barreto, quien destacó igualmente el trabajo realizado por Martínez dentro de la Penitenciaría. No obstante, Martínez fue claro al señalar que no piensa abandonar la docencia en Tacumbú, ya que considera que, brindando ese servicio, está devolviendo de alguna manera lo que le dieron y, sobre todo, esa motivación de poder ayudar a cambiar la vida de otros reclusos es superior a todo, dice.

Sobre lo que le deja Tacumbú, Pastor Martínez se expresa absolutamente convencido; “Tacumbú para mí fue valorar la vida, valorar la libertad, Tacumbú me deja eso como enseñanza y es algo que uno no puede olvidar nunca”, expresa. Martínez busca que el amor a la escritura prenda en otros reclusos, ya que asegura que hay muchos que tienen la vocación o al menos se muestran interesados. No es algo definitivo, pero considera que es un primer paso importante. 

Sobre sus obras, dijo que apunta como escritor a expresar lo que muchos no pueden, principalmente quienes fueron o son compañeros suyos en la cárcel. Asegura que seguirá escribiendo y que gracias a esta experiencia hoy puede decir que está presto a enfrentar una nueva vida, dejando Tacumbú, pero llevando sus enseñanzas en el corazón.

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Fotos: Juan Ramón Ávila