Las “pequeñas” responsabilidades

Alto porcentaje de menores de edad dedica parte de su tiempo a trabajar para llevar dinero a sus familias, debido a la franja de pobreza en la que están inmersos. En este espacio, los números detrás de una historia.

https://arc-anglerfish-arc2-prod-abccolor.s3.amazonaws.com/public/PCBTTAXLGZHK7PVNO2NZWEKJG4.jpg

Como ya es habitual desde hace casi un año, William llega de la escuela a toda prisa. A veces almuerza en paralelo al tiempo que se asea y se empieza a cambiar para salir nuevamente.

Elige el pantalón azul que usa con frecuencia, busca dentro de aquel ropero colectivo una remera –de esas que se usa 'entre casa'- y se ata los cordones del viejo “champión” color negro, que se convirtió en el calzado utilitario de cada tarde.

Así, este menor de 12 años de edad suelta los cuadernos y se coloca “el uniforme de trabajador” para iniciar puntualmente desde las 13:00 su jornada laboral.

PUBLICIDAD

De su humilde vivienda en Maramburé, Luque, se dirige a la zona céntrica de esta ciudad, donde se desempeña como empaquetador en un conocido supermercado luqueño.

“Mientras más temprano llegás, podés elegir el carrito que funciona más bien”, contó William, mientras termina de llevar las mercadería de un cliente hasta la parada de colectivos.

Las propinas varían. Hay clientes que pagan de acuerdo al nivel de carga de las compras. Otros factores que entran en juego son la distancia y “la diplomacia” con el comprador mientras se llevan sus bolsos hasta el destino solicitado.

En promedio, la propina es de entre una monedita de G. 1.000 y un billete de G. 2.000.

“Al día saco G. 30.000 por ahí. Eso es lo normal”, revela el menor de pelo castaño oscuro, ojos de color café, tez morena y estructura delgada, que lo convierte visualmente en más niño aún.

Gran parte de esa ganancia diaria va a parar a compras de mercaderías para la casa. Sí, William colabora con su mamá para mantener a sus ocho hermanitos. La situación económica de su familia es dura, ya que sus padres realizan solo “changas” cada día, según nos dice.

William es un menor que forma parte de un alto porcentaje de niños y adolescentes que realizan algún tipo de actividad económica en el país.

De acuerdo a la última Estadística Nacional de Actividades de Niños, Niñas y Adolescentes (EANA, 2011), el Paraguay cuenta con 1.880.109 menores de 5 a 17 años de edad (40,8% de la población total del país), de los cuales 416.425 (el 22,4%) se encuentra en situación de trabajo infantil.

Del total de menores que realiza algún tipo de actividad económica, el 49,2% se ocupa de la rama agrícola, ganadería, caza y pesca, seguido de un 19,2% de personas que se dedica a actividades comerciales, restaurantes y hoteles, mientras que un 16,5% trabaja en servicios comunales, sociales y personales, rama en que se encuentra el servicio doméstico en hogares de terceros.

“Sí, tengo muchos hermanitos y hay muchos gastos”, resaltó, soltando una risa infantil que revela su corta edad, pese a su vida de adulto, en la que carga sobre sus espaldas la responsabilidad de ayudar a la casa.

Del total de niños y adolescentes en trabajo infantil, el 42% reportó haber tenido alguna lesión o enfermedad a consecuencia de la actividad económica realizada. La principal repercusión es el agotamiento o cansancio (31,7%), seguido de dolores de espalda o musculares (16,8%) y fiebre o dolor de cabeza (15,5%).

La percepción de los padres o encargados de niños y adolescentes en situación de trabajo infantil demuestra que la mayoría considera que el empleo siempre ayuda a los menores a aprender a ganarse la vida (83,75%), seguido de quienes creen que esta actividad les ayuda económicamente en el hogar (52,5%).

Solamente tres de cada 10 padres o encargados perciben que la actividad que realizan estos menores les ocasiona cansancio. Con estos números, se evidencia la tolerancia de los mayores al trabajo infantil en el país.

“Bueno, ya tengo que irme. Chau”, se despidió rápidamente William, no sin antes dar un apretón de manos como saludo final.

Con su figura de niño fue rumbo a su puesto de trabajo, esquivando compradores, buses y comerciantes, a la espera de otro cliente a quien llevar sus mercaderías y ganarse así su próxima monedita de G. 1.000 o billete de G. 2.000.

PUBLICIDAD

Te puede interesar

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD