Lo que el agua no se llevó: la voluntad

Esta ciudad fue devastada por las aguas, pero persiste por la voluntad de sus autoridades.

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En determinado momento de la historia brasileña, la construcción de una represa cambiaría completamente el destino de miles de personas asentadas en un pequeño distrito de Santa Catarina llamado Itá. Si bien Paraguay cuenta con una ciudad con el mismo nombre (en ambos casos con etimología devenida del Tupí Guaraní) e igualmente tiene experiencia en la construcción de represas, no es comparable en ningún sentido en lo referente a la voluntad de las autoridades ante el nuevo desafío y los designios de la naturaleza.

“El que quiere puede” es una frase célebre, pero que si se analiza profundamente carece de sentido por lo incompleta de su aplicación en la cotidianeidad: el que quiere, puede, pero ¿de qué sirve poder y no hacer? He aquí el meollo de la cuestión. Lo anteriormente expuesto, en apariencias no guarda mucha relación con el tema que nos ocupa, pero adquiere sentido echando un vistazo a la historia reciente del municipio de Itá.

Los trabajos para la construcción de la represa, que lleva el mismo nombre de la ciudad, iniciaron en el año 1983 y concluyeron 17 años después, al comienzo del año 2000. Con lo que sucedería posteriormente, el verdadero “fin del mundo” sí que llegó a Itá. La crecida del río como consecuencia del embalse amenazaba peligrosamente a la ciudad. Titulares de periódicos rezaban: “Esta cidade vai desaparecer”, entre otros. Y así fue. Pero la previsión y la voluntad tomaron forma en este caso.


Para el año 1996, las autoridades apremiadas por esta situación, dispusieron el inicio de las obras de lo que sería la una nueva ciudad. En el año 2002, ya todas las familias estaban ubicadas en sus nuevos hogares, con los subsidios e indemnizaciones correspondientes por los daños a sus domicilios. No pasó mucho tiempo para que de la ciudad solo quedara la historia. Y su iglesia. El único recuerdo del poblado original, que hoy día se constituye en atracción turística.

Ya el propio Albert Einstein escribía: “Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad”.

Partiendo de estos hechos y volviendo a las reflexiones iniciales, queda más que evidenciado que cuando no se hace y se puede es porque no se quiere. Regla de tres, lógica, o como sea que se llame. Paraguay está donde está porque los gobernantes contemporáneos “no lo han querido”. Al inicio de su historia, estuvo donde estuvo e incluso fue rico económicamente y pobre intelectualmente porque así lo decidió el dictador supremo el Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia, al cerrar las fronteras y aplicar la economía del autoabastecimiento. Posteriormente, fue rico económicamente y también rico intelectualmente porque así lo quiso Don Carlos Antonio López.

Entonces se deduce que en el caso paraguayo se da un efecto inverso al que marcó al municipio brasileño. Paraguay, con sus tres hidroeléctricas, una de ellas considerada una de las más poderosas del mundo, sí quedó completamente hundido bajo las tempestuosas aguas junto con la voluntad de sus autoridades, que quizá como aquella ciudad, yace bajo las aguas del río Uruguay, enmohecida por la humedad y sin posibilidades de salir a flote.

La ciudad catarinense fue fundada en 1919 y recibió la categoría de distrito en 1924. De los 239 municipios de Santa Catarina, Itá ocupa la posición número 155, en términos de densidad poblacional. Según los datos más actualizados, cuenta con aproximadamente 6.900 habitantes.