La batuta llega a jóvenes pero buenas manos

La Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) abrió su temporada de verano el pasado miércoles, bajo la dirección de dos jóvenes promesas: Ian Szarán y Cirilo Burgos, quienes tomaron la batuta en distintas partes del recital.

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Mucho público aplaudió el debut de estos jóvenes ante la OSN, en el Teatro del Hotel Guaraní. Ellos asumieron el desafío con mucho temple, cada uno con personalidades marcadamente diferentes.

El concierto se inició con “Crisantemi”, de Puccini, bajo la dirección de Ian Szarán, quien en esta parte guió a la orquesta con sus manos, de manera calma y fluida. Con el transcurrir de la obra el director fue entrando en calor y transmitió cada vez más confianza. Sin dudas debutar ante una de las orquestas mejor preparadas del país es un gran reto. Bajo su conducción las cuerdas se la OSN recorrieron apacibles los sonidos esta cálida pieza.

Seguidamente sonó el Concierto para trompeta en mi bemol mayor, de Haydn, donde se presentó como solista Néstor Barreto. El intérprete logró una sonoridad muy clara de la trompeta, tanto en las notas más largas como también cuando la melodía exigía rapidez.

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Gracias a su ejecución de gran calidad, hizo relucir las capacidades del instrumento, ofreciendo una variedad de tonos. El músico demostró tener la actitud necesaria para adaptarse a cada exigencia de esta expresiva obra, haciendo que sea un disfrute escucharla.

Esta parte concluyó con la fantasía paraguaya “Mbareté”, composición del compatriota Óscar Aguilar Más. Esta creación se vale muy bien de las percusiones que impregnaron aires de misterio en esta fantasía en clave de polca. Las cuerdas sonaron especialmente inspiradas en esta parte, y el joven Szarán fue creciendo en tanto el sonido de la orquesta también, cerrando esta parte con fuertes aplausos de reconocimiento.

En el segundo tramo del concierto, fue Cirilo Burgos quien levantó la batuta ante la agrupación sinfónica. Con él hicieron primero la Obertura del festival académico, Op. 80, de Brahms. El director sacó brillo de la orquesta, guiándola con suma naturalidad, mostrándose muy seguro de sí.

Con aplomo y una buena pisada, Burgos llevó seguidamente a la agrupación a sonar sobresaliente, con la Farandole, de la Suite “Arlesiana” Nº 2, una chispeante pieza de Bizet.

Cada sección de instrumentos de la OSN se lució con un final que coronó este debut, al ritmo de “Júpiter”, de la Suite “Los Planetas”, Op. 32, de Holst, que puso a relucir así el estupendo ensamble, gracias a una vivaz dirección por parte de Cirilo.

victoria.martinez@abc.com.py

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