Asia: más sombras que luces para el LGTBI en un continente de contrastes

Singapur, 24 jun (EFE).- La situación para el colectivo LGTBI en Asia oscila de la plena libertad y reconocimiento de derechos en lugares como Taiwán al renovado hostigamiento que afronta el colectivo en el Afganistán de los talibanes, con pasos atrás en general en el dispar continente.

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En las antípodas el uno del otro, Taiwán y Afganistán representan los extremos de las distintas realidades que la comunidad LGTBI vive en Asia, donde hay muchos grises, algunos avances, especialmente en Tailandia, y también peligrosos retrocesos como el de Indonesia, país cada vez más a merced de facciones islamistas.

En Afganistán, la comunidad LGTBI es directamente invisible y nadie celebrará el Día del Orgullo el próximo 28 de junio. Si ya el anterior Gobierno pro occidental consideraba la homosexualidad un "delito moral", la situación no ha hecho sino empeorar con la llegada de los talibanes al poder el pasado 15 de agosto.

El portavoz del tribunal de Kabul, Abul Yousuf, aseguró a Efe que las autoridades talibanes tratan de concienciar a la población para que eviten las relaciones entre personas del mismo sexo, pero si a pesar de ello lo practican, recibirán un "castigo severo", después de que un magistrado talibán llegara a sugerir la lapidación.

LA LEY ISLÁMICA Y LA POLÉMICA CON DISNEY-PIXAR

Afganistán no es el único país de Asia donde la comunidad LGTBI se enfrenta a la persecución y la discriminación más absolutas; en Brunéi, por ejemplo, regido por la ley islámica (la sharia), una normativa de 2019 permite imponer la pena de muerte a los hombres que practiquen sexo homosexual.

Aunque tras protestas mundiales el sultán Hassanal Bolkiah anunció que no se aplicaría, el pequeño sultanato sigue siendo uno de los lugares más hostiles del mundo hacia los homosexuales, un rechazo que, en menor grado, se siente también en las vecinas Indonesia y Malasia, con las que Brunéi comparte la isla de Borneo.

Uno de los ejemplos más recientes de la intolerancia hacia el colectivo en Indonesia, el país con más musulmanes del mundo, ha sido su negativa a emitir la película de Disney-Pixar “Lightyear” si no elimina la escena de un beso lésbico por ser un asunto “delicado” en el país, según confirmaron a Efe las autoridades censoras.

La influencia de facciones islamistas en la política indonesia ha propiciado que se debata la remodelación del código penal para perseguir ciertas “exhibiciones” de conducta homosexual, cuando hasta ahora el derecho indonesio no criminaliza la homosexualidad siempre y cuando no salga del ámbito privado.

Malasia, junto a Brunéi la nación del sudeste asiático menos abierta hacia la comunidad LGTBI, tampoco ha dado su visto bueno a la emisión de la cinta animada de Disney en el país, que dispone de un sistema judicial doble especialmente punitivo para el colectivo.

Por un lado, el regido por los tribunales islámicos para los musulmanes (más del 60 por ciento del total), y, por otro, el civil, con la sección 377 del Código Penal para toda la población, heredada del periodo colonial británico y que castiga el sexo homosexual con penas de hasta 20 años de cárcel.

RETROCESO EN BIRMANIA Y CHINA

La existencia de esta normativa perdura en otros países asiáticos, como Birmania, donde, aunque hubo avances –en 2019 celebró el primer “Día del Orgullo” en un barco-, la vuelta al poder de los militares tras el golpe de Estado del 1 de febrero de 2021 ha hecho desvanecer las esperanzas de que el progreso continúe.

Singapur también se resiste a derogar la controvertida 377, como hiciera India en 2018, y el pasado febrero rechazó una petición de inconstitucionalidad sobre la sección alegando que no se aplica, pero aprobando en paralelo otras restricciones, con una nueva ley que impide desde mayo a las parejas del mismo sexo que adopten.

Aunque el Gobierno isleño insiste en que la sociedad no está preparada para su revocación, sus ciudadanos se muestran cada vez más abiertos, a juzgar por la creciente participación en el “Orgullo” de la isla el pasado 18 de junio.

Un festejo que ya no es posible en China, que en 2020 canceló el de Shanghái –que llevaba años acogiendo la mayor celebración de su tipo en China- bajo supuestas presiones de las autoridades.

Pese a que la homosexualidad es legal en China desde 1997, el colectivo todavía se enfrenta a numerosos prejuicios y desafíos, intensificados en los últimos años a raíz de campañas oficiales que apoyan un modelo de masculinidad tradicional.

Si bien hay un cierto grado de aceptación social de las minorías sexuales, y se han producido algunos progresos recientes, como la reducción de la edad mínima para someterse a cirugía de reasignación de sexo de los 20 a los 18 años, el LGTBI chino todavía no tiene derecho a la adopción ni al matrimonio igualitario.

Precisamente lo contrario de lo que ocurre en Taiwán, la isla autogobernada y democrática que Pekín reclama como parte de su territorio, que legalizó en 2019 los matrimonios entre personas del mismo sexo.

JAPÓN Y TAILANDIA

Estas uniones están en cambio estancadas en un arduo proceso legal en Japón, donde recientemente un tribunal de Osaka declaró que la postura del Gobierno de no reconocer el matrimonio entre personas del mismo sexo no es inconstitucional

Esta sentencia supuso un revés tras el reconocimiento pionero de una corte en la norteña Sapporo, que en marzo de 2021 dictó que la postura del Gobierno es inconstitucional basándose en el artículo 14 de la carta magna sobre la no discriminación por razones de raza, sexo, condición social u origen.

Las miradas están puestas ahora en Tailandia, uno de los “paraísos” para el LGTBI en el continente, cuyo Parlamento aprobó el 15 de junio sendas propuestas para legalizar el matrimonio y las uniones civiles entre personas del mismo sexo, que, de recibir la luz verde final, convertirán a Tailandia en el segundo lugar de Asia, tras Taiwán, en reconocer este derecho.

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