Con el último balance oficial estancado en 1.457 muertos y 3.394 heridos, la operación en las remotas montañas del este del país se ha convertido en una de recuperación de cuerpos y, sobre todo, de asistencia a los vivos.
La principal causa de la elevada mortalidad, según explican a EFE los propios supervivientes, es una combinación letal de geografía y pobreza.
Las casas, construidas en los valles con madera, piedra y barro, no pudieron soportar las fuertes sacudidas. "Aquí las casas se construyen al pie y en medio de las montañas porque no hay terreno llano. Cuando el terremoto golpeó, las rocas cayeron sobre ellas y sobre las carreteras, causando una gran destrucción y víctimas", explicó a EFE Abdul Wudood, un anciano de la comunidad.
"La gente aquí es pobre y carece de recursos. Sus casas no estaban construidas de forma sólida y adecuada, y por eso el terremoto causó un daño tan extenso", añadió Wudood.
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La situación para los que siguen aislados es desesperada. "Muchas comunidades de las tierras altas permanecen aisladas, sin comida, agua o asistencia médica", advirtió el Programa Mundial de Alimentos (PMA).
El acceso a la zona cero sigue siendo el principal desafío. Según constató EFE sobre el terreno, el paso a las aldeas del epicentro es posible únicamente a través de lanzamientos aéreos o a pie, en una caminata de varias horas por terreno escarpado.
Ante la magnitud de la crisis, el gobierno talibán ha intensificado su búsqueda de ayuda exterior, pidiendo a sus diplomáticos "redoblar esfuerzos" para conseguir fondos.
La respuesta internacional ha comenzado a materializarse, pero la escala de la devastación desborda la capacidad local. Agencias como la ONU coordinan con las autoridades la expansión de puentes aéreos y convoyes terrestres para intentar alcanzar las zonas más aisladas en los próximos días.
