Chip temporal, una alternativa a la castración

Los dueños de perros machos a menudo deben enfrentarse a la decisión de castrar o no a su mascota.

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Usualmente se aconseja la castración quirúrgica con el argumento de que el perro vive más y de manera más saludable, es más tranquilo y además no le causa ningún daño.

Sin embargo, según la veterinaria Sandra Goericke-Pesch, los estudios científicos no son tan concluyentes.

"La afirmación de que los perros castrados viven más se desprende de un gran estudio realizado en Estados Unidos. Desafortunadamente, en la investigación no se tuvo en cuenta la parte que le corresponde al dueño del animal", señala Goericke-Pesch, profesora de la Universidad de Medicina Veterinaria de Hannover.

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"En Estados Unidos castrar al perro probablemente ya indique una mayor disposición por parte del dueño del animal a llevarlo al veterinario. Y lógicamente esto tiene un efecto positivo en la esperanza de vida de la mascota", destaca la docente.

Por esta razón, los resultados de este estudio no son muy útiles. Y la afirmación de que el perro macho castrado vive más tiempo no es más que un mito, sostiene Goericke-Pesch.

Por el contrario, incluso hay indicios de un incremento de ciertos tipos de cáncer. Además, la castración influye en las psiquis del perro, agrega. Naturalmente existen casos en los que es recomendable castrar al animal: por problemas de salud o impulso sexual excesivo, destaca la veterinaria.

Desde hace aproximadamente diez años, además de la castración quirúrgica existe también la variante temporal o química. En este caso se le implanta al perro un chip de hormonas que inhibe durante seis meses a un año la producción de testosterona y frena la producción de esperma.

El chip subcutáneo tiene el tamaño de un grano de arroz y su efecto empieza a manifestarse a partir de las seis semanas.

Sobre todo en el caso de los perros más agresivos es una buena solución. "Sin embargo, solo funciona si la causa es la hipersexualidad", señala la entrenadora de perros Andrea Buisman.

Para determinar si un perro manifiesta este comportamiento compulsivo sirve observar el modo en que reacciona durante los paseos. Por ejemplo, si el macho está más atento a los olores de las hembras que a otros estímulos, lame excesivamente el suelo y no responde a los llamados del dueño porque está demasiado ocupado husmeando.

Pero incluso en un perro macho menos agresivo es indicada una castración si se muestra permanentemente inquieto, no come y persigue a las hembras, agrega Buisman.

Según Goericke-Pesch, si el perro sufre cáncer de testículos no queda más alternativa que una extirpación quirúrgica. Pero en casi todos los demás casos, muchos veterinarios y entrenadores aconsejan probar primero con la solución temporal.

"Estrictamente hablando, la ley de protección animal incluso prohíbe la extirpación de órganos sin un fundamento sólido. El veterinario por lo tanto está obligado a aconsejar primero el implante de un chip", agrega.

El implante actúa igual que la castración quirúrgica, con todos sus efectos secundarios: la alteración del metabolismo, cambios del comportamiento e incontinencia urinaria.

Además, hay que tener cuidado de que el perro no aumente mucho de peso y no debe sorprender si se vuelve más flemático. Pero a veces ese es justo el efecto deseado.

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