Tumba recuerda a mascota de museo

“Gonzalo Latourrette Bó - Mascota del Museo de Arte Sacro – 18/06/2002 - 2/09/2012”, reza la placa ubicada a los pies de la escultura de bronce realizada por el artista paraguayo Gustavo Beckelman.

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Para homenajear a quien fuera su mascota y fiel amigo durante diez años, el paraguayo Nicolás Latourrette Bó decidió darle su apellido y erigirle una tumba canina al labrador "Gonzalo".

El homenaje se encuentra exactamente sobre el lugar donde había sido sepultado el can hace un año, en los jardines de la Villa Lina, sede del Centro Cultural.

De hecho, a la entrada del Museo existe otra escultura de la mascota, que aparece sentada para recibir al público.

En la pieza escultórica nueva el perro aparece acostado, como si estuviera durmiendo, sobre una enorme lápida hecha totalmente en granito ubatuba, cuyo color característico está entre el verde y negruzco.

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Latourrette Bó recordó que Gonzalo era un animal muy educado y noble que se ganó el cariño de todas las personas que lo conocían y que acudían tanto al Museo como su residencia.

Aunque es una tendencia mundial cada vez más extendida la de contar con tiendas especializadas en artículos para mascotas, en Paraguay no es muy común estos festejos y mucho menos que un perro cuente con una tumba.

En otros países, especialmente de Europa, existen cementerios destinados a perros y otros animales donde cada mascota tiene su mausoleo y escultura conmemorativa. El más conocido es el camposanto de París habilitado en 1899 y que se ha convertido en un punto turístico de la ciudad.

“Esta es una forma de homenajear y crear conciencia para que la gente cuide y quiera cada vez más a los animales. En nuestro país, los animales siguen siendo objeto de constantes maltratos, pese a su nobleza”, explicó el protector vitalicio de la Casa de la Independencia, quien ahora tiene como compañera a Diana, una mascota que llegó a su casa de San Bernardino un buen día y nunca más lo dejó.

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