Las ansias reeleccionarias marcadas por fuego y sangre

La aprobación secreta de la enmienda que buscaba forzar la posibilidad de reelección de Horacio Cartes y Fernando Lugo provocó la ira de la ciudadanía que decidió salir a las calles aquel 31 de marzo para oponerse al atropello institucional.

Momento en que el disparo de Florentín alcanza a Rodrigo.
Momento en que el disparo de Florentín alcanza a Rodrigo.Archivo, ABC Color

En una sesión secreta, en la bancada del Frente Guasu un grupo de 25 senadores cartistas, llanistas y luguistas aprobaron un reglamento interno en busca de cambiar las reglas para forzar la aprobación del plan de enmienda. De forma meteórica presentaron el proyecto, dictaminaron y dieron media sanción.

A medida que pasaban las horas aumentaban el número y la tensión entre manifestantes y policías. Llegaban políticos y parlamentarios, entre ellos el presidente del PLRA, Efraín Alegre, y Rafael Filizzola.

Las protestas en los alrededores del Congreso motivaron una violenta represión policial, dejando a varios manifestantes gravemente heridos, entre ellos al diputado Édgar Acosta (PLRA), quien recibió a quemarropa tres impactos de balines de goma en el rostro, que casi le llevan a la muerte.

En un momento, la Policía se replegó y un grupo de personas irrumpió el edificio del Congreso provocando varios destrozos, robo de equipamientos y el incendio de una parte del edificio. La llamativa falta de protección de la sede del Poder Legislativo generó mucha crítica.

El hecho más grave se registró en los primeros minutos del 1 de abril, cuando un grupo de policías atropelló con disparos la sede del PLRA y se produjo el asesinato del dirigente juvenil Rodrigo Quintana. En el lugar se encontraban varios jóvenes de la Juventud Liberal y parlamentarios.

A cuatro años de aquel nefasto episodio, la Justicia sigue sin poder determinar quién dio la orden de atacar la sede partidaria.

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