Mamás que valen por dos

Por diversas razones, llámese destino o caprichos de la vida, muchas mujeres tuvieron que criar solas a sus hijos, sin más ayuda que de sus propias aspiraciones por autosuperarse. Algunas de estas historias son similares a las de miles de madres.

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Ser madre y cumplir el rol del padre al mismo tiempo es un desafío que implica -en la mayoría de los casos- dolor, sudor y lágrimas, pero también alegría, para las miles de madres solteras. Cada mujer que trajo una vida al mundo y crió sola a sus hijos afirma que no decaerán sus esfuerzos por dar todo lo posible a estos, de acuerdo a lo recopilado en algunas historias de vida.

Tras una fuerte discusión, decidieron tomar cada uno su propio camino. Nadia Pérez cargaba en sus brazos a su hija Zoe Milena, quien apenas tenía un año en ese entonces. La separación fue un duro golpe para esta adolescente, quien había dejado el último año del colegio debido a su embarazo. Así, Nadia emprendía su vida de madre soltera con apenas 18 años. ¿Qué iba a pasar de ahora en más? ¿Cómo iba a ser todo?, eran las interrogantes que se hacía esta joven mujer, pues ella y Milena tendrían que enfrentar solas al mundo.

La familia de Nadia –para alivio de ella misma- la apoyó desde el mismo momento en que había vuelto a casa con su hija en brazos y sus bolsos. Afortunadamente, no la rechazaron como ocurre en otros hogares.

Pasó poco más de año de la separación. La protagonista de esta historia, ya con 19 años, retomó el colegio, haciendo un curso rápido en un instituto ubicado en la ciudad de Luque. La meta era salir adelante a como diera lugar, pero antes debía culminar la secundaria.

Con el título en mano, y Milena cumpliendo en ese momento poco más de 2 años y medio, Nadia obtuvo su primer trabajo: vendedora de productos en un supermercado. Era un empleo de fines de semana, de aquellos en los que estás parado en un cubículo por casi 10 horas. No había de otra. El padre de la niña a duras penas colaboraba, incluso con una demanda por manutención.

-400.000 guaraníes al mes. Ya da para empezar-, decía para sí misma, ya que además podía tener tiempo entre semana para cuidar a su hija. De a poco, el otoño encontraba un poco de primavera.

El sofocante calor de la época colaboraba de manera negativa en los ánimos de Cristina Yegros. La relación con el hombre con quien tenía ya en ese entonces una hija de 6 años, Paola, no iba más. El divorcio, que no divisó en el horizonte, ahora estaba a la vuelta de la esquina. Esto se agravaba aún más, pues la mujer de 30 años estaba nuevamente embarazada.

Meses después nació una nueva niña, Andrea, el 27 de abril de 1994. Para entonces Cristina ya se había separado. Quien fuera su esposo había decidido formar su propia familia con una nueva mujer.

Con dos bocas más que alimentar, y el poco apoyo que recibía del padre de las niñas, según recuerda, se concentró en conseguir más dinero. Su trabajo de vendedora en un salón ubicado sobre la calle Colón no era suficiente. –Voy a vender ropa-, se dijo. Y así, en su tiempo libre, ofrecía prendas de vestir a familiares, amigos y extraños para poder recaudar un poco más.

Tuvo momentos de desesperación, cuando sus hijas se enfermaban, o el costo del alquiler de la vivienda le resultaba una pesada carga. –Dios, ayudame, dame fuerzas-, imploraba en las noches.

Drástica noticia. La familia de Cristina la apoyaba durante el difícil momento anímico y económico que afrontaba. Especialmente su mamá, la señora Adelaida Almada, quien cuidaba a las niñas cuando ella salía a trabajar. Pero en 1999 sintió que el mundo se le vino abajo: su madre había muerto. Pese a todo ello, y el luto cargando sobre sus hombros, no se dio por vencida.

Nadia dejó aquel trabajo en el supermercado y se metió de lleno a lo que se refiere a ventas de productos de una empresa telefónica. Se dedicó varios años a este rubro, lo que le llevó a ir aumentado paulatinamente sus ingresos, que eran destinados al cuidado de su hija.

Hoy, esta joven de 25 años logró destinar parte de su salario (el mínimo vigente) a pagar una carrera universitaria. Cursa el primer semestre de la carrera de Administración en una universidad privada en Luque, ciudad en la que vive.

Sostiene que toda la experiencia que vivió la ha fortalecido, y que, a pesar de que hasta hoy a veces afronta problemas económicos, su hija le trasmite la fuerza para superar esos 'bajones' anímicos. “Cuando estoy con ella, no hay problemas, porque me da todo su cariño”, comenta Nadia, durante la entrevista en Luque.

El desafió de ser madre soltera es igual para las mujeres de cualquier generación. Cristina, tras haberse mudado varias veces, finalmente se estableció en Asunción, donde vive con sus hijas. A sus 52 años, superó grandes desafíos.

Actualmente Paola tiene 27 años y es Licenciada en Contaduría Pública, mientras que Andrea, de 21 años, cursa la carrera de Criminalística. Ambas trabajan y ayudan con los gastos de la casa.

“Todo esto valió la pena, estoy muy orgullosa de ellas. Salieron tan bien las chicas, tan estudiosas, tan trabajadoras. Son un ejemplo”, dice profundamente emocionada Cristina, quien durante la entrevista no pudo evitar derramar algunas lágrimas, al recordar algunos duros episodios que le tocó vivir. Subrayó que todos sus esfuerzos ahora le dan frutos, que la hacen feliz en este Día de la Madre.

Las dos protagonistas de esta historia son amigas actualmente. Ambas se conocieron mediante Andrea, quien era compañera de trabajo de Nadia. Estas madres fueron unidas por las historias similares que afrontaron.

Finalmente, dieron un mensaje a todas las madres solteras, especialmente las adolescentes, que a pesar de los obstáculos que encuentren en su camino, es posible salir adelante solas, por más que implique “llorar sangre”. Al final, la sonrisa de los hijos cicatriza cualquier herida.

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