Aprender jugando en serio

La idea del ministro Petta de que los chicos aprendan matemáticas descubriendo los errores gramaticales en el libro de texto no es tan descabellada, como podría parecer en principio. Lo que pasa es que ese material no fue preparado con tal fin y, por ende, no tiene ningún valor pedagógico.

Aprender jugando es tan viejo como la historia de la humanidad. El método de que los chiquitos de la educación inicial pasen la mayor parte del tiempo compartiendo algún juego con sus compañeritos, responde a la naturaleza del ser humano en su proceso de integración social.

Mediante diversos juegos, los pequeños escolares aprenden a compartir, esperar su turno, expresar sus emociones, tener empatía con los demás, así como otras habilidades básicas como sumar, leer, calcular, comunicarse correctamente, etc.

En esta línea de combinar el aprendizaje formal en clase con otras actividades aparentemente no educativas, en algunas naciones del norte europeo, por ejemplo, se ha disminuido la cantidad de horas del alumno en aula. El objetivo es dar más oportunidad al estudiante para que explore por sí mismo aquellas áreas del conocimiento que más le interesen. Se trata de estimular la inteligencia emocional, artística, creativa, etc.

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Esta corriente educativa ha descartado la práctica de saturar de horas/clases a los estudiantes con la finalidad de proporcionarles diversas y extensas lecciones que son fijas e iguales para todos.

La vida nos enseña todos los días que las personas son diferentes y tienen gustos particulares. En consecuencia, los currículos no deberían ser tan complejos e idénticos obligatoriamente para todos.

En estos tiempos de los medios digitales de comunicación, los adolescentes y jóvenes utilizan en forma intensiva las redes sociales y las plataformas virtuales, de modo que pueden aprender por sí solos prácticamente cualquier cosa de su interés. El rol tradicional de la escuela y del colegio debe adaptarse a estos nuevos tiempos porque la evolución de la humanidad así lo requiere.

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Volviendo al tema inicial, claro que se puede aprender matemáticas jugando, pero debe ser siguiendo los mecanismos que utilizan las nuevas tecnolgías. La idea de descubrir algunos errores de castellano en un texto de ciencias exactas no concuerda en absoluto con la tendencia moderna.

Parte del problema es que ni el ministro de Educación ni las principales autoridades del MEC son educadores profesionales, con la experiencia y la ciencia necesarias para conducir esta rama tan importante de la formación ciudadana. Por tanto, no es de extrañar que cometan errores gramaticales tan comunes en nuestra gente del pueblo.

Una posible solución no pasa por destituir a dos directores de departamentos del MEC sino poniendo a profesionales idóneos, honestos y trabajadores capaces al frente del criticado ministerio.

ilde@abc.com.py

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