Servicio público o tercerizado

Las quejas contra los servicios públicos existieron toda la vida. En los últimos años, como algunas instituciones estatales recurrieron a la tercerización, las protestas de la gente también se dirigen contra esta forma de subcontratación laboral. Quienes reparan rutas, empedrados o caños de agua rotos no son empleados del Gobierno, sino de empresas privadas. ¿Esto mejora o empeora la situación?

Acorde al diccionario, la tercerización es una práctica llevada a cabo por una empresa cuando contrata a otra firma para que preste un servicio que, en un principio, debería ser brindado por ella misma. Este proceso suele realizarse con el objetivo de reducir los costos.

Como esta modalidad entró en vigencia en varios países latinos, nosotros también nos unimos a la tendencia, pero... al estilo Paraguay.

En teoría, nadie debería enojarse porque una empresa del Estado contrata a una firma privada para que realice los trabajos que la primera debería llevar a cabo, siempre que ello no implique una tarea mal hecha o un costo mayor para los contribuyentes.

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Nuestra corta experiencia en la materia no es muy satisfactoria. Primero, vinieron los rotundos fracasos de entidades públicas que fueron “privatizadas”. La gran derrota inicial fue con Aceros Paraguayos, que se vendió sucesivamente a varias empresas locales e inversoras del exterior y todas fueron al mazo, produciendo solo pérdidas para el fisco nacional.

Después vinieron las estatales convertidas en sociedades anónimas, con la importante acotación de que más del 90% de las acciones pertenecían al Estado, al estilo Capasa, Copaco, Flomerpasa, etc. Todas son crónicamente deficitarias y si hubo algunas ganancias, las llevaron los empresarios privados.

Después entró a la cancha la tercerización propiamente dicha, como la pone en práctica Essap, por ejemplo. Los vecinos llaman al ente porque frente a sus casas hay caños rotos que están desperdiciando el agua potable por horas y días. Se obtiene un número del reclamo y empieza la espera. Llega la noche, amanece, pasan las jornadas y... nada, todo sigue igual.

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Algún vecino, ya desesperado, llama a un conocido que trabaja en la citada institución aguatera y consigue el teléfono de algún funcionario clave, quien puede disponer el arreglo al instante, con una condición: hay que aportar alguna propina generosa a los trabajadores tercerizados que van a solucionar el problema.

Acordado el monto de la propina, llegan los operarios, arreglan vai vai el caño roto, se van y pasados dos a tres meses, el agua vuelve a brotar del feo empedrado. Aquí, debe repetirse el calvario de los vecinos para que sus calles no se inunden con el agua potable.

Estando así las cosas, nos parecemos a farmacia de pueblo chico: no tenemos remedio. Si el servicio es proveído por funcionarios del Estado, la lentitud y el arreglo a medias están garantizados. Si la reparación está a cargo de obreros tercerizados, el resultado es el mismo. ¿Tendremos que recurrir a un técnico o científico de la NASA para que se arregle bien un simple caño roto?

ilde@abc.com.py

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