Unidad

Durante un discurso hecho en Encarnación el viernes 31 de julio, el presidente de la República, Mario Abdo Benítez, habló de la necesidad de una gran unidad nacional para enfrentar esta grave amenaza que implica la pandemia del coronavirus. Un mal que tiene a mal traer a todo el mundo, no solamente a nuestro país.

La preocupación del presidente es válida y sus palabras suenan sinceras cuando afirma que quiere dejar como legado un país reconciliado y en paz, y que busca la unidad de su partido y de todo el país. Un verso de José Hernández, Martín Fierro es más que elocuente: “Los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera; tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea, porque si entre ellos pelean los devoran los de afuera”.

El tema pasa por visualizar cuál es la unidad que perseguimos. Si la de los grupos de poder que a través de la “unidad” buscan impunidad o la unidad de todos en torno a objetivos comunes que hacen al interés colectivo. Una unidad basada en consensos y criterios aperturistas con sentido de justicia y espíritu democrático, con los intereses colectivos como norte, o una unidad fundada en intereses de los más fuertes solamente, con mayorías que imponen voluntades. Y creo que el mismísimo presidente está entrampado en esa disyuntiva.

La reflexión viene a cuento de una situación que se viene arrastrando en la Municipalidad de Encarnación, donde una lucha de posiciones entre un sector identificado con la ANR y la Intendencia en manos de la oposición, en nada favorecen a esa unidad social necesaria para hacer frente a necesidades comunes.

La última vez que a la ciudadanía encarnacena le tocó vivir un enfrentamiento dentro del gobierno comunal fue durante la administración de Emilio Oriol Acosta (ANR) que tuvo en la Junta Municipal a un enconado enemigo político, que pese a ser de su mismo partido convirtió el órgano en un ariete que le golpeó durante toda su gestión.

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Cuando detrás de las acciones se esconden intereses que no responden sino a apetencias personales o conveniencias de cúpulas, no se puede hablar de unidad ni de concordia. Así como no se puede hablar de paz donde no existe justicia.

Quienes tienen la responsabilidad de administrar intereses colectivos deben hacerlo con interés genuino y honesto, por encima de las conveniencias de su “equipo” político. Es el único camino hacia la unidad en disenso, como debe ser en democracia.

jaroa@abc.com.py

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