Las elecciones en Bolivia podrían resultar en una verdadera tragedia política

Hay una tragedia política que se está gestando en América Latina sin atraer mucha atención internacional, pero que debería hacer sonar las alarmas en el mundo democrático: lo que está ocurriendo en Bolivia.

Las elecciones presidenciales de Bolivia del 18 de octubre podrían resultar en el regreso al poder del Movimiento al Socialismo (MAS) del expresidente populista autoritario Evo Morales. Morales y su partido tienen un historial de fraude electoral, represión política, intimidación a partidos de oposición, corrupción y estrechos vínculos con Venezuela, Cuba, Irán y otras de las peores dictaduras del mundo.

Si el partido de Morales gana las elecciones, lo más probable es que no sea gracias al apoyo de la mayoría de los bolivianos, sino al hecho de que la oposición al MAS está dividida entre media docena de candidatos. El egoísmo y la falta de grandeza de estos candidatos están dividiendo el voto antipopulista.

Entre los principales culpables de esta tragedia se encuentra la presidenta interina de derecha, Jeanine Áñez, quien asumió el cargo el año pasado con el mandato de organizar elecciones libres y poco después traicionó su propia promesa de no postularse para el cargo. En la mejor tradición de Morales, ahora está abusando de sus poderes presidenciales para tratar de ganar las elecciones.

La razón por la que las elecciones bolivianas no han causado mucha alarma en el mundo democrático es que la mayoría de las encuestas muestran que el MAS no ganará en la primera vuelta y se vería obligado a realizar una segunda vuelta electoral con el candidato que salga segundo. En ese caso, muchos creen que ganaría el candidato anti-MAS.

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Pero ese cálculo puede estar equivocado, porque no tiene en cuenta a los votantes indecisos ni factores relacionados con la pandemia del COVID-19 que pueden inclinar el voto hacia el candidato de Morales, Luis Arce.

Morales tuvo que salir de Bolivia tras su intento anticonstitucional de reelegirse para un cuarto mandato, y declararse ganador en una elección fraudulenta en octubre de 2019. Dos misiones de observación electoral de la Organización de los Estados Americanos concluyeron que la elección de Morales había estado plagada de irregularidades.

Según una encuesta reciente de la firma boliviana Mercados y Muestras publicada por el diario Página Siete, el candidato de Morales tiene el 24% de los votos, seguido por el expresidente Carlos Mesa con el 20%, la presidenta interina Áñez con el 15% y otros candidatos con porcentajes menores.

Pero la misma encuesta también muestra que el 20% de los votantes están indecisos. Ese porcentaje probablemente incluye a muchos simpatizantes de Morales que temen revelar su verdadera preferencia a los encuestadores, me dijo uno de los organizadores de la encuesta.

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Además, las encuestas muestran que los partidarios del MAS están más motivados a acudir a las urnas pese a la pandemia del COVID-19 que los partidarios de Mesa y Áñez, según los encuestadores.

Varios analistas de la realidad boliviana me dicen que una victoria del MAS es muy posible.

“Cuando tienes un electorado muy polarizado, en que uno de los polos está totalmente unificado y el otro está dividido en varias partes, gana el que está más unificado”, me dijo Eduardo Gamarra, profesor de la Universidad Internacional de Florida y experto en Bolivia.

Para peor, muchos creen que si el MAS regresa al poder, va a ser más autoritario que nunca. Morales, quien gobernó entre 2006 y 2019, ahora piensa que fue un error de su parte darle a la oposición un espacio incluso limitado para competir en las elecciones del año pasado, dicen.

Es hora de que los candidatos antipopulistas de Bolivia dejen de lado sus ambiciones personales y se unan detrás del candidato que tenga más apoyo popular.

Legalmente, es demasiado tarde para hacer elecciones primarias entre ellos. Pero eso podría resolverse fácilmente contratando una empresa encuestadora que determine quién es el candidato más popular.

Si no se unen, serían responsables de una posible victoria del MAS que llevaría a Bolivia a un gobierno autoritario populista, una mayor represión política y una pobreza aún mayor. Sería una verdadera tragedia política, y lo más triste es que podría ser perfectamente evitable.

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