Dos años no son nada y tres son demasiado

En dos días más se cumplirán 2 años de mandato de Mario Abdo Benítez y le restarán otros 3, lo cual, en las actuales circunstancias, no es una buena noticia. Las perspectivas no son halagüeñas y hay dudas fundadas de que el mandatario estará a la altura de los desafíos.

Cualquier balance que se haga en este aniversario estará teñido por la actualidad de la pandemia que vino a cambiar nuestro modo de vivir y hasta de ver las cosas.

Para el presidente y su equipo podría ser la excusa perfecta para justificar todo lo malo que padece la ciudadanía.

De hecho, en aquel informe del 1 de julio pasado que presentó al Congreso y a la Nación, el discurso del mandatario quería básicamente hacernos creer de que hasta la aparición de la pandemia en el Paraguay todo iba muy bien y que ese acontecimiento vino a dinamitar el buen andar, lo cual no es cierto.

Antes de la pandemia, ocurrió, por ejemplo, lo del acta entreguista de Itaipú que casi le costó el cargo a Abdo Benítez y que reflejó con toda crudeza la debilidad del equipo gobernante.

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Antes de la pandemia, se desarrolló la feroz interna colorada, con cruces y acusaciones que hacen ahora más inexplicable la mentada “operación cicatriz” y la “unidad” colorada.

¿Cuando mintió el mandatario? ¿Cuando hacía todo lo posible por marcar diferencias con el expresidente Horacio Cartes tildándolo de contrabandista, anti-democrático, de comprar a los colorados? ¿O lo hace ahora cuando pretende hacernos creer que su abrazo con Cartes “salvará” al país?

Cuando alguno dice que “así nomas es la política”, quiere hacernos creer que es normal en la vida pública mentir, contradecirse o renunciar a los principios. Hay varios ejemplos históricos de grandes personas que se negaron a caer en eso.

La pandemia que se abatió sobre el Paraguay y el mundo pudo haber sido un punto de inflexión para avanzar sobre un nuevo camino político, económico, social y ético.

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No fue posible porque Abdo Benítez no quiso, no tuvo la lucidez o las agallas para realizar cambios reales en la estructura del Estado.

En el fondo, todo siguió igual a como era en el gobierno anterior, con un poco más de apego a las formas de la democracia, pero sin que se cambien las prácticas ni mucho menos las roscas en las instituciones públicas.

La necesidad del Estado de hacer grandes compras de medicamentos e implementos médicos dejó al descubierto la corrupción que, de hecho, se venía registrando regularmente durante toda la gestión de este Gobierno.

La reacción que hubo de parte de las autoridades reveló que no había intenciones reales de cambiar nada, pese a que la situación excepcional por la que pasamos les daba suficiente fundamento político para adoptar las medidas extremas que se imponían.

Lo que se vio fue un presidente acobardado, solamente preocupado por su suerte que ató a un pacto político con alguien a quien poco antes consideraba su antítesis en política y conducta.

Para los tres años que le quedan de mandato, Abdo Benítez eligió la falsa seguridad de que su anterior enemigo político, por conveniencia, le hará de escudero para que no lo saquen del cargo por algún hecho escandaloso que se vuelva a desatar o por las consecuencias desastrosas que eventualmente acarreen sus acciones o inacciones en la gestión de la crisis del covid-19.

El favor obviamente no es gratis y las consecuencias no las soportará tanto el mandatario como la ciudadanía, que deberá pagar los platos rotos, con endeudamiento internacional y otras cargas incluidas.

mcaceres@abc.com.py

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