No hay… anillo que nos calce

El caso de las dos niñas abatidas por el Comando de Operaciones de Defensa Interna (CODI), en un enfrentamiento contra el grupo criminal Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), desató todo tipo de comentarios, a favor y en contra de los organismos de seguridad que ejecutaron la operación.

Esta no es una defensa, ni mucho menos una justificación, sino simplemente un relato con un contexto sobre el EPP que muchos “opinólogos” oportunistas tal vez no tienen en cuenta, aunque de hecho tampoco tienen por qué manejar para emitir su opinión en un país libre.

Las dos menores de edad ahora fallecidas formaban parte, lamentablemente, de una especie de legión de niños que tuvieron que vivir un exilio obligado al inicio de sus vidas debido a la actividad terrorista desarrollada por sus padres y tíos militantes del EPP. Esta es una gavilla que lleva cometidos 134 golpes, entre los que resaltan 12 secuestros y los asesinatos de 38 civiles, 18 policías y 11 militares.

El EPP está conformado básicamente por clanes familiares. La introducción a sus filas de niños combatientes es una práctica que data ya de hace por lo menos 10 años, según los registros. Es más, hace tres años, el Gobierno había detectado que un grupo de hijos y sobrinos de los cabecillas del EPP había sido traído de Argentina para su incorporación al brazo armado.

Obvio que el reclutamiento de niños para cualquier actividad criminal es deleznable. Obvio que esas dos niñas ahora muertas son las verdaderas víctimas. Obvio que ellas no habrán elegido ser usadas como centinelas en un tenebroso monte y con un pesado fusil en manos.

Pero las trágicas circunstancias en las que perdieron la vida sitúan a sus propios padres como sus únicos verdugos, por exponerlas cobardemente como carne de cañón, para que ellos pudieran escapar.

Esos que ahora critican el operativo, ¿qué pensarían si los abatidos resultaran ser el propio Osvaldo Villalba, Manuel Cristaldo Mieres, Magna Meza, Liliana Villalba u otro cabecilla del EPP? Seguro lo estarían celebrando.

Los comandos militares y policiales que se enfrentaron contra los terroristas en ese monte de Yby Yaú, estoy seguro, no habrán tenido tiempo de pedir cédula a sus agresores ni de analizar los rasgos físicos de los hostiles que se pulseaban por ellos con fusiles automáticos.

Llevamos tanto tiempo pidiendo al Gobierno que acabe con el EPP. Esta vez, estuvo cerca, pero otra vez fue insuficiente y, por ende, deficiente. Pero tampoco es para aprovechar cualquier flanco para volcarnos contra nuestras fuerzas de seguridad, cuando en realidad el ataque psicológico y desmoralizador debería ser contra los verdaderos enemigos, los criminales del EPP.

Es lógico que nunca se le va a poder dar gusto a todos, pero en situaciones como esta se nota perfectamente que a los paraguayos no hay… anillo que nos calce.

ileguizamon@abc.com.py