Y se repiten los “errores”

Nuevamente el EPP pasó a ser centro de información. Hasta opacó otras noticias de mucha relevancia, como el triste caso de un adolescente vendedor de rifas, que ese mismo día fue asesinado por un celular en un baldío de una compañía de Itá.

Algunos dicen que convenientemente “aparece” el EPP en situaciones de crisis política, pero eso es difícil saber.

Lo que en un principio se presentó como un éxito de las fuerzas del gobierno se fue diluyendo conforme pasaron los días.

El hecho de que lo tenían cerca a los del EPP y que se comprobó que dos niñas fueron las que murieron, en la incursión de la conocida como FTC, cambió el escenario...

Hoy la discusión se centra sobre el tema de las criaturas y llueven los reclamos al gobierno de Mario Abdo Benítez.

Las dudas se acrecientan porque tardaron mucho tiempo para informar que eran niñas, porque no hay imágenes que comprueben lo actuado por los intervinientes en el monte, porque enterraron los cuerpos tras una rápida inspección y más aun porque recién ayer, tras los reclamos provenientes de Argentina, hicieron el procedimiento de identificación.

Pero también hay que separar los tantos. Lo uno no debe justificar lo otro.

El EPP es una organización criminal que hizo sufrir y sigue haciendo sufrir a mucha gente.

Hasta ahora Obdulia Florenciano clama por saber qué pasó con Edelio Morínigo, suboficial de Policía, secuestrado hace 6 años. Los familiares del ganadero Félix Urbieta también esperan la respuesta a casi cuatro años del secuestro.

La muerte de estas niñas en manos de las fuerzas gubernamentales es un hecho lamentable y hasta termina dejando en ridículo al Gobierno.

Pero eso no quiere decir que hay una realidad de que criaturas vulnerables están con personas que reivindican el terrorismo como un modo de lucha.

Cuando empezaba esto, a inicios de este siglo, la venalidad de las autoridades hizo que se desinfle la investigación de un secuestro que duró 64 días y que tuvo como víctima a una madre.

Al final, los sindicados como autores morales del plagio (Juan Arrom y Anuncio Martí) terminaron como víctimas y hoy guardan refugio en Finlandia, lejos del alcance de la justicia paraguaya.

Cuando las autoridades pretendieron contar que había en Paraguay un grupo extremista, asesorado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), ya fue tarde, no se les creyó. Y luego Cecilia Cubas Gusinky no solamente fue secuestrada, sino asesinada cruelmente.

La historia no terminó allí. Mucha gente inocente terminó sufriendo.

Hoy, la triste realidad en donde confluye lo señalado más arriba es que hay niños en el grupo criminal y que esos menores de edad terminan siendo las víctimas de una situación que nunca se pudo manejar, producto de la incapacidad y corrupción.

El Gobierno no puede calificar de exitoso un operativo en el que murieron dos niñas y escapó todo el primer anillo del EPP.

El EPP no deja de ser un grupo criminal por la impericia del grupo que los combate y mucho menos porque utiliza a criaturas para una lucha sin sentido.

La seriedad en el trabajo y la transparencia en las acciones son elementos que se tornan imprescindibles para lograr el éxito en una lucha como esta.

Es cierto, es fácil decir esto desde los teclados, pero ya van muchos años –demasiados– en los cuales se termina victimizando a los verdugos y, a su vez, quienes perdieron a sus seres queridos no solo deben soportar esto, sino el olvido de la sociedad.

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