Riesgo de retroceso antidemocrático

Las acciones de la Fiscalía General y los discursos de algunas personas en las redes sociales en los últimos días a consecuencia de los acontecimientos que se suceden en nuestro país generan cierta preocupación por su sesgo arbitrario, autoritario y antidemocrático.

El secuestro del exvicepresidente Óscar Denis por parte del autodenominado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) ha motivado la irrupción de algunos políticos y hasta comunicadores con la pretensión de descalificar a todos los sectores de ideología progresista, como si todos estuvieran de acuerdo con la violencia como mecanismo para solucionar nuestros graves problemas nacionales

No ha servido que los sectores políticos de izquierda representados en el Congreso condenasen claramente las acciones del EPP y exigiesen con firmeza el retorno con vida de Denis. Sectores conservadores y retrógrados ponen a todos en la misma bolsa y consideran sospechosa a cualquiera que haga referencia a la pobreza y las necesidades de gran parte de la población.

Por su parte, varios fiscales han actuado últimamente con celeridad y dureza sobre algunas personas que se excedieron durante manifestaciones en las calles, lo cual está bien. Lo que no es admisible es que se repartan imputaciones de manera general, alcanzando a personas que solamente fueron a manifestarse, sin involucrarse en hechos vandálicos o violentos.

La persecución a quienes violan la cuarentena sanitaria establecida por el Ministerio de Salud Pública para luchar contra la pandemia de Covid-19 se utiliza de manera selectiva. Se aplica a la gente común cuando realiza alguna acción que afecta al poder o al Gobierno, pero si se trata de un acto oficial, se hace la vista gorda.

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Recuerda un poco a la famosa “Ley 209” del stronismo “de defensa de la paz pública y libertad de las personas”, que utilizaban los esbirros del régimen para perseguir cualquier manifestación o reunión de los opositores, pero que nunca se aplicó para los desmanes que cometían matones a sueldo que apedreaban medios de comunicación críticos o garroteaban a estudiantes y campesinos.

Es cierto que la instauración de la democracia desde 1989 no ha resuelto los grandes problemas del país, especialmente en cuanto a la desigualdad, la pobreza, la necesidad de mejor educación y salud para las grandes mayorías.

Sin embargo, parecía que habíamos recuperado la tolerancia hacia quienes piensan distinto. Perder eso, sería grave.

El Partido Colorado actualmente en el poder de la República, y el que más tiempo lo ha ejercido a nivel nacional, se ha beneficiado de la tolerancia reinante en el país, pese a que la mayoría de sus dirigentes no han hecho un mea culpa sincero por sus vínculos con la dictadura. De hecho, algunos de sus dirigentes siguen reivindicando ese régimen nefasto que reprimió, persiguió, torturó, exilió y mató a muchos paraguayos y paraguayas.

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Mario Abdo Benítez es fruto de la tolerancia. Su padre era parte de la estructura autoritaria stronista y de quienes eran privilegiados en el régimen. Pero nadie se lo recuerda a cada rato ni pretende endilgarle culpas ajenas.

Los problemas del país, tanto sean de salud, educación o seguridad, y los urgentes, como los secuestros perpetrados por una banda de delincuentes que deben ser perseguidos y encarcelados, no se resolverán, como pretendía el stronismo señalando a un supuesto culpable de todo y dividiendo el país entre buenos y malos por cuestiones político-ideológicas.

Aunque cueste y parezca una simple expresión de deseos, el camino debería ser el diálogo de las fuerzas políticas sobre los valores y las conquistas que la inmensa mayoría del país está dispuesto a defender y también sobre aquello que no podemos tolerar que ocurra en democracia. La alternativa no es viable ni deseable.

mcaceres@abc.com.py

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