Con esta generación, no

“No hay examen hoy, la prueba que deberán pasar ustedes, los estudiantes, es la muestra de lealtad al país”, le dijo un profesor universitario a sus alumnos que deseaban ir a la protesta ciudadana autoconvocada en reclamo por la inestabilidad generada –según los manifestantes– por el Congreso tras la destitución del ahora expresidente Martín Vizcarra.

La clase política peruana de nuevo sumió a su país en una crisis, cuya definición quedó en manos del Supremo Tribunal.

Tremenda crisis. Los tres poderes ahora están bajo la presión del soberano: el poder popular, que expresa su hartazgo en las calles.

El exmandatario Vizcarra fue acusado por el Parlamento de presunta corrupción, por un caso vinculado a la operación Lava Jato-Perú. Las investigaciones están en sus etapas iniciales. Delaciones premiadas pendientes de ser homologadas. No hubo sentencia aún.

Culpable o no de haber recibido presunto soborno en 2014 cuando se desempeñaba como gobernador, Vizcarra deja un legado de suma importancia: la eliminación de la reelección de los parlamentarios y el cambio del sistema de elección de miembros del Consejo de la Magistratura, que se había convertido en un antro de corrupción que terminó por explotar y arrastrar a su paso a políticos considerados intocables.

¿Le resulta familiar esta historia? ¿Sí, verdad?

La salida de Vizcarra, que gobernó sin partido, pero con astucia, aliado al poder popular, terminó por colmar la paciencia ciudadana que se volcó a las calles.

No en su defensa, si no hartos de los grupos políticos incapaces de estar a la altura de las exigencias de un país que viene sobreviviendo una crisis tras otra; hartos de sus dirigentes desconectados de la realidad, rodeados de chupamedias; hartos de los políticos retrógrados, alejados de lo que verdaderamente la gente de a pie –sin distinción de clases sociales ni tendencia ideológica– espera de ellos: un golpe de timón en el manejo del país, una nueva forma de hacer política.

La falta de lectura por parte de los gobernantes, que solo vieron conspiraciones ideológicas y no lo que quiere la calle, no hizo más que exasperar a los jóvenes listos para ir –sin mucho por perder, pero con mucho por ganar–, hacia un nuevo despertar.

“Se metieron con la generación equivocada”, declaró en redes sociales otro joven que se sumó a la #MarchaNacional que copó la capital, Lima.

Ahora sabemos por qué el poder popular vale un Perú. Que nos sirva de lección.

viviana@abc.com.py