“¡Continuáis deliberando…!”

Las del título eran las palabras con las que el Dr. Manuel Domínguez increpaba a sus compatriotas durante sus célebres conferencias de las primeras décadas del siglo pasado. Con ellas, endosaba a sus contemporáneos y aún a los de tiempos anteriores, que sólo atinaran a deliberar frente a los numerosos quebrantos y tragedias que sufrieran, sin que se empeñaran en ponerles fin.

Tras la difusión de las Declaraciones Juradas de Bienes de algunos altos funcionarios de nuestro país, probablemente Domínguez hiciera lo mismo. Porque los documentos finalmente expuestos a la luz pública, revelan de que increíbles maneras se ha incrementado el patrimonio durante el tiempo que ocuparan puestos de gobierno. Tanto como demuestran el fraude e inutilidad de nuestros sistemas de Justicia, Defensorías, Contralorías y Fiscalías que desangran el presupuesto nacional sin provecho alguno. Por lo que ante las revelaciones, es probable que …¡sigamos deliberando! de acuerdo al aciago sino que parece condenarnos.

Pero ante las endebles y groseras justificaciones esgrimidas por algunos de estos privilegiados ante los escandalosos guarismos difundidos, puede especularse que ese patrimonio sería el producto con que suelen pagarse los favores recibidos desde el poder. O la misma “participación” de estos personajes en los negocios generados en los altos niveles de gobierno.

También es posible que alguna empresa contratista del Estado pudiera haber derivado hacia esas cuentas, parte de sus ganancias. Y que estos funcionarios las recibieran -en varias ocasiones- aún conscientes de que tales “beneficios” debían significar inevitablemente, un perjuicio al erario público.

Podría suponerse igualmente, que esos montos tuvieran su origen en los misteriosos maletines que desde las fronteras suelen viajar hasta la Capital. Y que en la fortuna sumada de todas las declaraciones, estén las razones que explican la indolencia de la Justicia paraguaya; tanto como la visible corrupción denunciada en el aparato estatal superpoblado e inútil, salvo escasas y honrosas excepciones.

Ese dinero de -hasta ahora- ignota procedencia, también certifica la falta de voluntad de los Poderes del Estado y de los factores político/partidarios, hacia la tan anhelada transparencia que debiera caracterizar la labor de los funcionarios públicos. Tanto para conocer la procedencia de sus bienes, como sobre los fondos que motorizan el accionar de nuestra “malversada democracia”. Especialmente en cuanto al financiamiento de los Partidos Políticos, de los procesos electorales y el mal funcionamiento del estado Nacional, inevitable consecuencia de lo anterior.

Debe hacerse notar que la sorprendente prosperidad de algunas personas ligadas a los altos niveles de la conducción nacional, fue lograda cuando ni siquiera podían dedicarse a una actividad lucrativa mientras ocuparan funciones de gobierno. Y es también destacable que la larga reticencia para la concreción de las revelaciones mencionadas, habría sido un espacio de tiempo calculado para depurar convenientemente tales documentos de manera que cuando fueran divulgados, aparezca solamente lo que no pudo sustraerse o “acomodarse” antes de someterlo a la consideración pública. Pues como se sabe, en el complejo mundo de las finanzas en el Paraguay, existen varios mecanismos para disimular o esconder la “misteriosa” procedencia de ciertos fondos. O para su lavado correspondiente.

La dilucidación de este escandaloso “affaire”, reclama una completa investigación de los hechos. Para lo que deberá contarse con información de los Bancos, nacionales y extranjeros, además de las que se colecten de la prensa, de los sindicatos y gremios. Será imprescindible que los mecanismos de Contraloría y Fiscalía funcionen ¡al fin! como deben, para conocer todo lo que muestran y sobre todo, esconden, las declaraciones publicadas. Y que a partir de los resultados, sean aplicadas las sanciones que pautan las leyes de la República, como para enfatizar de una vez por todas y con diáfana claridad, las diferencias entre lo moral e inmoral, lo decente y lo indecente, lo legal y lo ilegal en nuestro sufrido Paraguay.

Porque ya es hora que entendamos que la honestidad en la función pública no es suficiente si no va acompañada de la eficiencia. Que la decencia no es un atributo completo sin la firmeza requerida para ponerla en vigencia. Que ninguna virtud se consagra con su sola declamación. Y que las sociedades no son mejores ni progresan, sólo porque algunos de sus miembros lancen consignas morales inhibiéndose de asumir el compromiso y la responsabilidad de enfrentar con vigor la inmoralidad y a sus mentores.

La disyuntiva es si, decidimos enderezar el rumbo de este ya largo crucero hacia la Democracia, que sigue navegando a la deriva en medio de aguas turbulentas, infestadas de tiburones y azotado por el inacabable temporal de la corrupción. O, si comenzamos a desestimar el recurso de la deliberación, la duda y la indiferencia, para que nuestra nave llegue finalmente a los puertos soñados en los que las penurias del Paraguay queden definitivamente, como un mal recuerdo del pasado.

jorgerubiani@gmail.com

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