El infierno tan temido y futuros imaginables

El peor escenario que podía imaginar el presidente Mario Abdo Benítez y su entorno sobre las consecuencias de la pandemia se está materializando en estos días.

La ciudadanía los siente en toda su crudeza al tiempo que el mandatario asume una postura de víctima, queriendo convencer de que las cosas no están tan mal y que sus enemigos, entre los que cuenta a los medios de prensa, exageran para hacerlo responsable de todo.

El empeoramiento de la situación sanitaria era una cuestión previsible, según la lógica de los acontecimientos que se sucedieron desde la aparición de la pandemia el año pasado.

Aunque al principio se tomaron medidas que la gran mayoría creyó adecuadas, como el aislamiento y la internación en refugios de quienes venían del extranjero, las cosas comenzaron a desbarrancarse cuando entró a terciar el dinero habilitado por el Congreso en forma de préstamos para la compra de lo que se necesitaba para hacer frente a este inédito desafío.

Allí salieron a escena los intereses políticos y los vínculos económicos de los socios del gobierno de turno para hacerse con las licitaciones y contratos. Los escándalos por el trato favorable dado a algunos proveedores del Estado, la entrega de implementos de mala calidad y especialmente el atraso en la llegada de insumos y medicamentos rápidamente minaron la confianza ciudadana hacia la gestión gubernamental

Así llegamos ahora a una encrucijada, en la que la coincidencia de varios factores derivan en una crisis que lamentablemente puede empeorar.

La crisis llega además en un momento en que se avecinan para el gobierno batallas electorales que definirán posiciones en el Partido Colorado, aunque no se puede descartar que, si la situación sanitaria continúa empeorando, se opte por suspender las elecciones para evitar más riesgos.

La situación hace también que desde algunos sectores políticos y mediáticos se empiece a especular sobre posibles salidas abruptas. Una de las imaginadas es que el cartismo “le suelte la mano” a Mario Abdo Benítez, dejándolo a merced de un posible juicio político.

Sin embargo, difícilmente esta conjetura se haga realidad en el futuro inmediato, debido al escenario pre-electoral en el cual el Partido Colorado necesita seguir forzosamente guardando las apariencias de una concordia interna.

Y más allá de las necesidades políticas, el hecho de que el cartismo pretenda repentinamente tomar distancia del gobierno no sería creíble. La vieja estrategia colorada de ser oficialismo y oposición posiblemente no tenga tanto éxito como antaño porque, en este caso, quien pretendería asumir el rol de censor interno del gobierno carga con los antecedentes de su gestión y con un archivo que difícilmente pueda resistir.

Ante una eventual catástrofe, las opciones del presidente Abdo Benítez no son muchas. La más evidente es renunciar, dejando el cargo al vicepresidente Hugo Velázquez, que podría rechazarlo dado que arruinaría su plan de ser el próximo mandatario.

Otra opción puede ser convocar a un pacto entre todas las fuerzas políticas para enfrentar la crisis, aunque tal iniciativa sería ya consecuencia de una situación terminal, previa a la cual habría situaciones dramáticas a las que nadie desea llegar, ni siquiera para criticar al gobierno como, irresponsablemente, declaró Abdo Benítez.

La tercera sería la más optimista imaginada: llegar a los tumbos a las elecciones de 2023 y elegir un gobierno mejor. Lo bueno de esta última especulación es que significaría que las cosas no irán tan mal y eso explicaría que la gente contuvo hasta ese entonces las ganas de sacar a patadas al presidente y a todos sus colaboradores.

mcaceres@abc.com.py

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD