La derecha correcta familiera e hipócrita

En nuestro país, casi ningún político se reconoce de derecha, pese a que buena cantidad de ellos adscribe a esa postura ideológica.

No se sabe si esa actitud está motivada por su cobardía, vergüenza o simple ignorancia.

En general, quienes tienen esa postura ideológica tratan de hacerla pasar como lo “normal” y correcto para todos.

Esa actitud tiene algo (o mucho) que ver con la herencia de más de tres décadas de stronismo, régimen durante el cual quienes no eran colorados y stronistas eran tildados de comunistas, traidores, antipatriotas, etc. Así eran considerados inclusive aquellos que, siendo colorados, se oponían al sistema autoritario que regía.

Una cuestión que tienen en común los esbirros de derecha de antes con los “aggiornados” de ahora es su dosis de hipocresía. Se dicen religiosos, respetuosos de la ley y defensores a ultranza de la familia.

De estos, hay algunos, la mayoría colorados, que abiertamente creen que quienes no están de acuerdo con ellos, deberían carecer de derechos. Afortunadamente, el sistema de convivencia democrática que establece la Constitución les impide poner en práctica lo que piensan.

Como puede leerse en estos días en algunos medios de comunicación de nuestro país, en manos de un sector político de derecha, sus representantes pretenden negarle a quienes adscriben a una ideología de izquierda la posibilidad de hacer acuerdos políticos, acceder a cargos públicos o manifestarse libremente. Parecen creer que solamente conservadores y autoritarios tienen derecho a esas cosas.

También quieren hacer creer que ser de izquierda es sinónimo de impulsar la violencia, el desorden y el caos. Paradójicamente, la historia lejana y reciente del Paraguay marca que la mayoría de los hechos de violencia política-institucional que vivimos provino de sectores de derecha.

Las más recientes fueron el marzo paraguayo de 1999, provocado por el ultraderechista movimiento Unace, los intentos de golpe de Estado del mismo exgeneral Lino Oviedo o el terrorismo de Estado aplicado durante la administración del derechista Horacio Cartes, materializado en el asesinato del joven Rodrigo Quintana en 2017 a manos de la policía que ingresó al local partidario del PLRA para consumar el crimen.

Otros políticos de derecha, sin llegar a estos extremos, defienden de manera encarnizada un supuesto “orden natural” basado en el individualismo, la religión y la familia, esta última entendida como pilar de la sociedad y compuesta por el hombre, su esposa y sus hijos e hijas.

Sin embargo, algunos de los que dicen defender esos valores tienen hijos extramatrimoniales, poseen bienes de manera ilegal, se involucran en delitos como el lavado de dinero y el contrabando o fabrican productos que hacen daño a la salud de la población, como los cigarrillos.

El afán de estos sectores de instalar miedo y forzar un maniqueísmo entre las “buenas personas” y quienes deben ser aborrecidos, negando así cualquier posibilidad de diversidad social, en el fondo, parece una confesión de carencia de propuestas para responder a los requerimientos de una sociedad paraguaya cambiante y un desesperado intento por volver a los viejos tiempos de un autoritarismo perimido y rechazado por la mayoría de paraguayas y paraguayos, por suerte.

mcaceres@abc.com.py