Alexis

En el último viernes de noviembre, Alexis Martínez, un trabajador de deliverys, colgó un arcoíris de esperanza en la mañana de Asunción del Paraguay, tus naranjos y tus ruinas, tu tránsito caótico sin igual.

En la intersección de General Santos y Mariscal López confluyen cuanto menos ocho carriles que cruzan de lado a lado o hacen giros especiales. Quedarse sin semáforos en ese cruce es apocalíptico no importa a qué hora sea, y si es la mañana de un viernes, peor. Así que cuando avisaron que no funcionaban los semáforos y que un motociclista se había bajado a ordenar el tránsito, costó creerlo… ¡pero era nomás cierto!

Alexis estacionó su moto a un costado, y con casco puesto dirigió la circulación. Allí se quedó por más de una hora y media bajo el sol, recibiendo bocinazos de agradecimientos y algún par de cretinos increpándolo. Un militar del Regimiento Presidencial le prestó su silbato y el joven suplantó la tremenda orfandad comunal en la capital del país: a 500 metros del lugar donde el motociclista dirigía el tráfico, la base de la Policía Municipal de Tránsito (PMT) daba la espalda a la situación. Los agentes estaban muy ocupados presionando con una huelga para volver al régimen de facturación de infracciones y abandonar el período de gracia dispuesto por Óscar “Nenecho” Rodríguez, el recientemente electo Lord mayor de la capital de la República del Paraguay que atravesó el bochorno sin sonrojarse.

Es probable que dentro de algún tiempo ya nadie recuerde el gesto de este muchachito, pero su mundo personal siempre lo mirará distinto. Quizá dentro de algunos años la anécdota vivida le sirva incluso para dar lecciones a sus hijos o nietos, mostrará los videos que subió la gente a sus redes, que fue tapa de diario, que salió en la televisión. Que un gesto de buena persona en tiempos de tanta furia ciudadana trascendió e inspiró.

Alexis Martínez no necesitó de ningún cargo, de ningún padrinazgo y de ningún sueldo; no hizo falta pagar ningún sobreprecio, ningún peaje, ostentar una religión, un club, enarbolar la bandera de algún correligionario o camarada. A diferencia de muchos con poder político y económico, con cargos, con viáticos, con bonificaciones, con dobles aguinaldos, este joven paraguayo nos dio una lección a todos.

Pero lo más importante que hizo fue dejar en ridículo a muchos y muchas que tienen garantizadas sus remuneraciones, que si trabajan lo hacen desde sus casas, y solo algunos días de la semana. Son los que tienen seguro médico, combustible y hasta los bocaditos asegurados, gente que igual roba sin asco los impuestos de otra gente.

¡Gracias, Alexis, por el ejemplo!

mabel@abc.com.py

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